- Inicio/
- Shingankan Dōjō/
- Entrevista con Peter Vermeeren
Entrevista
Entrevista con Kyōshi Peter Vermeeren
Kyōshi 6.º Dan · Instructor Principal de Shingankan Dōjō · Kobukan Kobudō Renmei
Hablar con Kyōshi Peter Vermeeren es conversar con alguien que ha dedicado prácticamente toda su vida a las artes marciales japonesas. Nacido en 1965, comenzó a entrenar judo a los nueve años, continuó su formación en jujutsu moderno, pasó brevemente por la Bujinkan, dedicó más de veintitrés años a la Genbukan y actualmente continúa estudiando bajo la supervisión del Kanchō James Wright en la Kobukan Kobudō Renmei. Su visión del budō gira en torno al estudio del kata, la preservación de las ryūha y la transmisión fiel de las tradiciones.
1. ¿Podría presentarse brevemente y contarnos cómo comenzó su camino en las artes marciales?
Mi historia dentro de las artes marciales comenzó siendo un niño de nueve años… El judo fue mi primera escuela de disciplina y perseverancia. Más adelante continué con el jujutsu moderno, buscando ampliar mi comprensión del combate. Mi breve paso por la Bujinkan despertó un interés aún mayor por las tradiciones del Takamatsu-den, lo que me llevó a dedicar más de veintitrés años a la Genbukan. Finalmente encontré en la Kobukan Kobudō Renmei el entorno que buscaba para profundizar en el estudio de las ryūha mediante el kata y su aplicación práctica. Hoy sigo considerándome un estudiante.
2. ¿Qué le llevó a dedicarse específicamente a las artes marciales tradicionales japonesas (koryū) en lugar de sistemas deportivos o modernos?
Con el tiempo comprendí que lo que buscaba no era simplemente aprender técnicas eficaces. Quería entender por qué existían. Las koryū conservan una lógica de combate, una estrategia y una filosofía desarrolladas durante siglos. Cada movimiento tiene una razón de ser. Esa profundidad fue lo que terminó atrayéndome definitivamente.
3. ¿Qué significa para usted haber alcanzado el grado de Kyōshi 6.º Dan dentro de la Kobukan Kobudō Renmei?
Para mí representa una responsabilidad más que un reconocimiento. Un grado elevado no significa que uno haya terminado de aprender; significa que debe estudiar todavía con mayor rigor para transmitir correctamente aquello que ha recibido.
4. Después de tantos años de práctica, ¿qué considera que sigue aprendiendo cada vez que entra al dōjō?
Cada entrenamiento me enseña algo nuevo sobre los mismos kata. Con los años he comprendido que la profundidad no está en aprender más técnicas, sino en comprender mejor las que ya existen.
5. ¿Cómo definiría la filosofía de Shingankan Dōjō?
La filosofía de Shingankan Dōjō se basa en estudiar, preservar y transmitir las artes marciales tradicionales con el máximo respeto hacia cada ryūha. No pretendemos reinventarlas, sino comprenderlas.
6. ¿Qué valores intenta transmitir a cada alumno que comienza a entrenar?
Respeto, humildad, paciencia, disciplina y constancia. Antes de formar artistas marciales intentamos formar personas responsables y honestas.
7. ¿Qué diferencia a Shingankan Dōjō de otros dōjō de artes marciales tradicionales?
Nuestro enfoque está centrado en el estudio de cada ryūha por separado. El kata constituye el eje del entrenamiento y la aplicación práctica surge siempre de los principios contenidos en él.
8. ¿Qué importancia tiene la etiqueta (reihō) dentro del entrenamiento diario?
La etiqueta crea la actitud correcta para aprender. No es un formalismo vacío, sino una herramienta que recuerda constantemente el respeto hacia el maestro, el compañero y la tradición.
9. ¿Por qué considera que la disciplina es tan importante como la técnica?
Porque la técnica sólo progresa gracias a la disciplina. La motivación cambia; la disciplina es la que nos hace regresar al tatami día tras día y permite que el conocimiento madure.
10. Muchas personas creen que las artes marciales consisten únicamente en aprender a luchar. ¿Qué respondería a esa idea?
Es una percepción comprensible, pero muy limitada. Si las artes marciales fueran únicamente un conjunto de métodos para vencer físicamente a otra persona, probablemente habría abandonado hace muchos años. Lo que me ha mantenido entrenando durante décadas no ha sido la búsqueda de la eficacia, sino la búsqueda del conocimiento.
El combate constituye únicamente una parte del budō. Detrás de cada kata existe una forma de pensar, una manera de afrontar el conflicto y una metodología para desarrollar el carácter. Las técnicas son importantes, pero son únicamente el vehículo que permite transmitir principios mucho más profundos.
He conocido personas con un gran nivel técnico incapaces de aceptar una corrección o de controlar su ego. También he conocido practicantes humildes que, gracias a su actitud, terminaron convirtiéndose en excelentes artistas marciales. Eso demuestra que el verdadero objetivo del entrenamiento no consiste simplemente en aprender a luchar, sino en aprender a conocerse a uno mismo.
11. ¿Qué escuelas (ryūha) se estudian actualmente en Shingankan Dōjō?
En Shingankan Dōjō estudiamos varias de las tradiciones del Takamatsu-den, siempre respetando la identidad propia de cada una. No las presentamos como un único sistema, porque no lo son. Cada ryūha posee una historia, una estrategia y una biomecánica propias.
Nuestro objetivo no consiste en aprender muchas escuelas de manera superficial, sino profundizar en cada una de ellas mediante el estudio del kata, sus principios y su aplicación práctica.
12. ¿Qué aporta cada una de estas tradiciones al desarrollo del practicante?
Cada escuela responde a problemas distintos y propone soluciones diferentes. Algunas desarrollan el control de la distancia, otras el trabajo sobre la estructura corporal, otras la movilidad, el uso de armas o el combate en espacios reducidos. Precisamente por ello es fundamental no mezclarlas indiscriminadamente.
El practicante aprende que no existe una única forma correcta de combatir. Aprende a comprender la lógica de cada tradición antes de intentar compararlas.
13. ¿Qué importancia tiene el estudio de las armas tradicionales dentro del entrenamiento?
Las armas tradicionales no son un complemento del entrenamiento, sino una parte inseparable de muchas ryūha. Incluso cuando practicamos técnicas a mano vacía, numerosos principios proceden directamente del trabajo con espada, bastón o naginata.
El estudio de las armas desarrolla la distancia, el tiempo, la precisión y la comprensión histórica del sistema. Muchas técnicas aparentemente sencillas sólo adquieren pleno sentido cuando entendemos el contexto armado para el que fueron concebidas.
14. ¿Cómo se adapta un arte marcial con raíces históricas al practicante del siglo XXI sin perder su esencia?
No creo que debamos adaptar continuamente la tradición. Debemos adaptar la pedagogía, no los principios. El alumno moderno necesita comprender por qué se entrena de una determinada manera, pero eso no significa modificar el contenido de la escuela.
La esencia permanece intacta; lo que cambia es nuestra capacidad para explicarla y hacer que el estudiante descubra por sí mismo el valor que sigue teniendo hoy.
15. ¿Qué errores observa con más frecuencia en quienes se inician en las artes marciales tradicionales?
El principal error es querer avanzar demasiado deprisa. Vivimos acostumbrados a resultados inmediatos y las koryū funcionan exactamente al revés. La profundidad sólo aparece con el tiempo.
Otro error habitual consiste en buscar continuamente técnicas nuevas sin haber comprendido las anteriores. En una escuela tradicional, el progreso no se mide por la cantidad de kata aprendidos, sino por la profundidad con la que se entienden.
16. ¿Qué cualidades distinguen a un buen alumno de un alumno excepcional?
El talento ayuda, pero nunca sustituye a la actitud. Un alumno excepcional escucha, acepta las correcciones con humildad, entrena con constancia y mantiene la curiosidad incluso después de muchos años.
Lo que realmente distingue a los grandes practicantes es que nunca dejan de considerarse estudiantes.
17. ¿Existe alguna técnica o principio que considere especialmente representativo de la tradición Takamatsu-den?
Más que una técnica concreta, destacaría un principio: la capacidad de adaptarse sin perder la estructura. Las escuelas del Takamatsu-den enseñan a controlar la distancia, el tiempo y el equilibrio del adversario antes incluso de pensar en la técnica final.
Ese enfoque explica por qué damos tanta importancia al kata. El kata transmite precisamente esos principios invisibles que no pueden aprenderse únicamente observando el movimiento exterior.
18. ¿Qué papel desempeña la estrategia frente a la fuerza física?
La estrategia es el auténtico núcleo del combate. La fuerza física puede disminuir con la edad; los principios permanecen. Una buena estrategia permite resolver un conflicto utilizando el momento oportuno, la distancia correcta y el posicionamiento adecuado, reduciendo la necesidad de fuerza.
Por eso las escuelas tradicionales siguen siendo relevantes hoy. No enseñan únicamente cómo mover el cuerpo, sino cómo pensar antes, durante y después del conflicto.
19. ¿Cómo evoluciona el entrenamiento desde un principiante hasta un practicante avanzado?
El entrenamiento evoluciona de forma muy diferente a como la mayoría imagina. Al principio el alumno está preocupado por recordar los movimientos. Quiere saber dónde colocar las manos, hacia dónde dirigir la mirada o cuál es el siguiente paso del kata. Es una fase necesaria, pero también la más superficial.
Con los años, la atención deja de centrarse en los movimientos y comienza a dirigirse hacia los principios. El practicante empieza a comprender el maai, el hyōshi, el control del equilibrio, la intención y la estructura corporal. Descubre que un mismo kata puede enseñarle cosas completamente distintas veinte años después de haberlo aprendido.
En Shingankan Dōjō intentamos que el progreso no se mida por el número de técnicas conocidas, sino por la profundidad con la que cada una de ellas ha sido comprendida. El objetivo final no es memorizar un repertorio, sino interiorizar la lógica de cada ryūha.
20. ¿Qué significa realmente comprender una técnica más allá de ejecutarla correctamente?
Ejecutar correctamente una técnica sólo demuestra que hemos aprendido su forma exterior. Comprenderla significa conocer por qué existe, qué problema resolvía históricamente, qué principios transmite y cómo se relaciona con el resto del sistema.
Siempre digo a mis alumnos que una técnica aislada carece de significado. Sólo adquiere sentido dentro de la escuela que la creó. Cuando comprendemos ese contexto, el movimiento deja de ser mecánico y empieza a convertirse en una expresión natural de los principios de la ryūha.
21. ¿Qué importancia tiene el estudio de la historia para un practicante de koryū?
La historia forma parte del entrenamiento. No puede separarse de la práctica. Muchas decisiones técnicas sólo se entienden cuando conocemos el contexto en el que nació la escuela: el tipo de armadura, las armas empleadas, el terreno, la mentalidad del guerrero o las circunstancias sociales de la época.
Sin esa perspectiva es fácil juzgar una técnica con criterios modernos y concluir erróneamente que no tiene sentido. Estudiar historia evita precisamente ese error y nos acerca a la intención original de los maestros.
22. ¿Hasta qué punto es importante preservar los métodos tradicionales de enseñanza?
Preservar no significa rechazar toda innovación pedagógica. Podemos explicar mejor, utilizar recursos modernos o apoyarnos en material histórico. Lo que no debemos modificar son los principios fundamentales de la transmisión.
El kata continúa siendo el vehículo principal porque ha demostrado durante siglos su capacidad para transmitir conocimiento. Cambiar constantemente los métodos de la escuela para adaptarlos a las modas puede hacer el entrenamiento más atractivo, pero también puede diluir aquello que hace única a una tradición.
23. En su opinión, ¿qué desafíos afrontan hoy las artes marciales tradicionales japonesas?
El mayor desafío es la superficialidad. Hoy disponemos de más información que nunca y, sin embargo, es más fácil confundir información con comprensión. Las redes sociales favorecen el consumo rápido de técnicas y demostraciones espectaculares, mientras que el estudio profundo requiere paciencia, silencio y repetición.
Otro desafío es la tendencia a crear sistemas híbridos sin distinguir claramente entre una creación moderna y una tradición histórica. No tengo nada en contra de los sistemas nuevos; simplemente creo que deben presentarse como lo que son. Una koryū merece ser preservada con honestidad.
24. ¿Cómo puede evitarse la pérdida de autenticidad en la transmisión de estos conocimientos?
Manteniendo una actitud de aprendizaje permanente y respetando la cadena de transmisión. La autenticidad no depende únicamente de un documento o de un grado. Depende de estudiar con rigor, de corregirse constantemente y de evitar la tentación de modificar aquello que todavía no comprendemos del todo.
Cada generación recibe un legado. Nuestra responsabilidad consiste en transmitirlo con la mayor fidelidad posible, aportando claridad en la enseñanza, pero sin alterar su esencia.
25. ¿Qué papel desempeña la Kobukan Kobudō Renmei en la preservación de estas tradiciones?
Para mí, la Kobukan Kobudō Renmei representa un entorno donde el estudio serio de las ryūha ocupa el centro del entrenamiento. Bajo la dirección del Kanchō James Wright se insiste en comprender cada escuela desde sus propios principios, evitando mezclas innecesarias y priorizando el kata como método de transmisión.
Ese enfoque me convenció porque coincide plenamente con mi forma de entender el budō: primero comprender, después transmitir.
26. ¿Qué objetivos persigue la organización a nivel internacional?
Creo que el objetivo principal es crear una comunidad internacional comprometida con la preservación de las tradiciones, facilitando la formación de instructores, el intercambio entre dōjō y la continuidad de las ryūha sin perder su identidad.
La cooperación internacional permite compartir conocimiento y fortalecer los vínculos entre practicantes, siempre desde el respeto a la tradición y a la autoridad técnica.
27. Recientemente se ha creado Bumon como plataforma organizativa para dōjō tradicionales. ¿Cuál fue la motivación para impulsar este proyecto?
Bumon nació al observar que muchos dōjō tradicionales realizaban un trabajo excelente pero permanecían aislados. Cada uno preservaba su escuela, pero carecía de una estructura que les ayudara a ganar visibilidad, compartir recursos o colaborar con otros cuando existía un interés común.
La idea nunca fue crear una federación ni una organización que concediera grados o modificara programas técnicos. Todo lo contrario. Bumon pretende ofrecer un marco legal y organizativo que permita cooperar sin interferir en la enseñanza de cada dōjō. La independencia de las escuelas es precisamente uno de los pilares del proyecto.
Creo que el futuro de las artes marciales tradicionales dependerá en gran medida de nuestra capacidad para colaborar sin perder la identidad de nuestras propias tradiciones.
28. ¿Qué beneficios ofrece Bumon a un dōjō que decide formar parte de esta comunidad?
Bumon no pretende sustituir la identidad de ningún dōjō ni convertirse en una autoridad técnica. Su objetivo es ofrecer aquello que muchas escuelas tradicionales necesitan hoy: una estructura legal y organizativa que facilite la visibilidad, la cooperación y el intercambio de conocimiento sin interferir en la enseñanza.
Cada dōjō mantiene íntegramente su currículo, su linaje, sus grados y su metodología. Bumon no concede licencias ni modifica programas técnicos. Proporciona una plataforma desde la que las escuelas pueden darse a conocer, participar en proyectos comunes, publicar contenidos y colaborar cuando ambas partes lo desean.
Creo que las koryū siempre han sobrevivido gracias a la transmisión directa. Bumon no pretende cambiar ese principio, sino fortalecerlo mediante una red de cooperación respetuosa.
29. ¿Cómo pueden colaborar diferentes escuelas manteniendo intacta su identidad y su independencia?
La colaboración sólo es posible cuando existe respeto mutuo. Cooperar no significa uniformizar. Cada escuela posee su propia historia y precisamente esa diversidad constituye una riqueza.
Es perfectamente posible organizar seminarios, encuentros culturales, investigaciones históricas o actividades de difusión sin que ninguna organización imponga cambios sobre otra. La independencia debe mantenerse intacta. Compartimos el compromiso de preservar las tradiciones, no la obligación de enseñar todas de la misma manera.
30. ¿Qué consejo daría a un instructor que desea fundar su propio dōjō tradicional?
Le diría que no piense primero en el nombre, el logotipo o los grados. Lo primero es preguntarse qué quiere preservar y por qué. Un dōjō no nace para producir cinturones negros; nace para transmitir un conocimiento.
También le aconsejaría tener paciencia. Un dōjō sólido se construye alumno a alumno, año tras año. La reputación no depende de campañas publicitarias, sino de la calidad de la enseñanza y de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
31. ¿Cuál ha sido el momento más significativo de su trayectoria marcial?
No podría reducirlo a un único momento. Cada etapa marcó una evolución distinta. Sin embargo, si tuviera que destacar una, sería el momento en que comprendí que el objetivo ya no era aprender más técnicas, sino comprender más profundamente las mismas técnicas.
Ese cambio de mentalidad transformó completamente mi forma de entrenar. Dejé de perseguir cantidad y empecé a buscar profundidad.
32. ¿Hay algún maestro que haya marcado especialmente su forma de entender el budō?
Cada maestro con el que he entrenado ha dejado una huella. Del judo aprendí disciplina; del jujutsu moderno, apertura; durante más de veintitrés años en Genbukan adquirí una base sólida para comprender las escuelas tradicionales.
Actualmente, el Kanchō James Wright ha reforzado una idea que considero esencial: cada ryūha debe estudiarse respetando su identidad y el kata constituye el medio principal para transmitir sus principios. Esa forma rigurosa de abordar el entrenamiento coincide plenamente con mi visión del budō.
33. ¿Qué libro recomendaría a cualquier practicante serio de artes marciales tradicionales?
No recomendaría un único libro. Leer es importante, especialmente obras históricas y documentos relacionados con las escuelas que uno practica. Sin embargo, ningún libro sustituye al tatami.
Si tuviera que dar un consejo sería combinar el estudio de fuentes históricas con la práctica constante. El conocimiento intelectual cobra sentido cuando el cuerpo comienza a comprender aquello que la mente ha leído.
34. Si pudiera transmitir una única enseñanza a las futuras generaciones de practicantes, ¿cuál sería?
Que no tengan prisa. Vivimos en una época que valora la velocidad por encima de la profundidad, pero las koryū siguen un ritmo completamente distinto.
No busquen acumular técnicas ni coleccionar grados. Busquen comprender. Si estudian un kata durante años con humildad, descubrirán que siempre tiene algo nuevo que enseñarles. Ese espíritu de aprendizaje continuo es, para mí, la esencia del budō.
35. ¿Cómo le gustaría que se recordara la labor de Shingankan Dōjō dentro de veinte o treinta años?
Me gustaría que se dijera que Shingankan Dōjō fue un lugar donde las tradiciones se estudiaron con honestidad. No me preocupa que se recuerde mi nombre. Me importa que quienes hayan entrenado aquí continúen transmitiendo las ryūha con el mismo respeto con el que las recibieron.
Si nuestros alumnos llegan a ser mejores transmisores de lo que nosotros fuimos, el objetivo estará cumplido.
36. Para finalizar, ¿qué mensaje le gustaría enviar a quienes están pensando en iniciarse en las artes marciales tradicionales japonesas?
Les diría que entren con la mente abierta y con paciencia. No busquen atajos. Las artes marciales tradicionales no prometen resultados inmediatos, pero ofrecen algo mucho más valioso: un camino de aprendizaje que puede acompañar toda una vida.
Cada vez que entramos en el dōjō participamos en una cadena de transmisión que comenzó hace siglos. Tenemos el privilegio de recibir ese legado y también la responsabilidad de conservarlo para quienes vendrán después. Si entendemos eso, el entrenamiento deja de ser una actividad física y se convierte en un compromiso con la historia, con nuestros maestros y con las futuras generaciones.