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Bienvenidos a Shingankan Dōjō

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27 ago 2026, 04:37

Cuando una persona entra por primera vez en un dōjō tradicional, es normal que no sepa exactamente qué esperar. Algunos llegan porque sienten interés por las artes marciales japonesas, otros porque buscan aprender defensa personal, otros porque han practicado anteriormente otros sistemas y quieren profundizar en una forma diferente de entrenamiento. También hay quienes simplemente sienten curiosidad y quieren descubrir qué significa realmente entrenar dentro de una tradición marcial.

Sea cual sea vuestra razón para estar aquí, hay algo que quiero dejar claro desde el principio: nadie espera que lleguéis sabiendo.

No necesitáis conocer todavía los nombres japoneses de las técnicas. No necesitáis comprender las diferentes ryūha. No necesitáis saber cómo colocar correctamente los pies, cómo recibir una técnica o cómo interpretar un kata. Precisamente habéis venido para aprender todo eso.

Lo que sí espero de vosotros es algo mucho más importante: que vengáis dispuestos a aprender.

En Shingankan Dōjō trabajamos dentro de una estructura vinculada a Kobukan Kobudō Renmei. Esto significa que lo que entrenamos no es una colección personal de técnicas elegidas porque me gusten más unas que otras. Existe un currículo, existen escuelas concretas y existe una transmisión que debemos estudiar con respeto y con la mayor precisión posible.

Esto no significa que tengáis que comprender toda esa estructura durante vuestra primera semana. Tendréis tiempo para conocerla. Lo importante ahora es que entendáis que aquello que hacemos tiene un contexto y que nuestra responsabilidad consiste en estudiarlo antes de intentar modificarlo.

Cuando os enseño una técnica, mi intención no es que simplemente copiéis una serie de movimientos. Quiero que aprendáis a observar qué está ocurriendo.

Al principio veréis manos, pies, golpes, agarres y desplazamientos.

Con el tiempo empezaréis a ver otras cosas.

Empezaréis a observar la distancia.

El equilibrio.

La dirección.

El momento en que comienza realmente una técnica.

La manera en que una persona entra dentro del espacio de la otra.

La posición de las caderas.

La estructura del cuerpo.

La relación entre uke y tori.

Y llegará un momento en que comprenderéis que aquello que parecía una simple secuencia de movimientos contiene mucha más información de la que podíais percibir al principio.

Eso requiere tiempo.

No tengáis prisa por aprender muchas técnicas

Uno de los errores más frecuentes cuando alguien comienza es pensar que progresar significa conocer muchas técnicas.

Después de una clase quiere aprender otra.

Después otra.

Después otra.

Parece que cuanto mayor es la cantidad de técnicas que uno recuerda, mayor es su nivel.

Pero en estas artes no funciona exactamente así.

Yo puedo enseñaros una técnica hoy y volver a enseñárosla dentro de seis meses. Exteriormente puede parecer la misma técnica, pero si habéis entrenado correctamente durante esos seis meses, vosotros ya no seréis los mismos alumnos.

Quizá la primera vez solamente recordabais dónde colocar los pies.

La siguiente vez empezáis a comprender la distancia.

Más adelante entendéis cómo se rompe el equilibrio.

Después percibís cuándo debe producirse el movimiento.

Y años después podéis descubrir dentro del mismo kata cosas que simplemente no teníais capacidad de ver cuando comenzasteis.

Por eso quiero que eliminéis desde el principio una frase de vuestra manera de pensar:

«Esto ya lo sé.»

Es una frase peligrosa.

Podéis conocer la secuencia.

Podéis recordar el movimiento.

Podéis haber practicado ese kata cien veces.

Eso no significa que hayáis terminado de estudiarlo.

Yo sigo regresando a técnicas que he practicado durante muchos años, porque mi relación con ellas cambia según cambia mi comprensión.

En las artes tradicionales, repetir no significa necesariamente hacer siempre lo mismo. Significa volver al mismo lugar con más experiencia.

Primero estudiamos, después interpretamos

Otra cuestión que encontraréis, especialmente si habéis practicado anteriormente otras artes marciales, es la tentación de comparar inmediatamente.

Os enseño una técnica y quizá penséis:

«En mi sistema anterior esto se hacía de otra manera.»

Puede ser.

Y probablemente existe una razón.

Pero mientras estamos estudiando una determinada escuela, debemos intentar comprender primero qué está enseñando esa escuela.

Las diferentes ryūha no tienen por qué utilizar exactamente las mismas posturas, las mismas distancias, la misma mecánica corporal o la misma estrategia.

Si cambiamos inmediatamente aquello que nos resulta extraño por algo que ya conocemos, nunca llegaremos a comprender realmente lo nuevo.

Imaginad que estáis aprendiendo un idioma.

Si cada vez que encontráis una construcción diferente la sustituís por la estructura de vuestra lengua materna porque os resulta más cómoda, nunca aprenderéis realmente el nuevo idioma.

Aquí ocurre algo parecido.

Primero escuchamos el idioma de la escuela.

Después intentamos hablarlo.

Más adelante, cuando existe suficiente comprensión, podremos analizarlo, compararlo y comprender por qué determinadas cosas funcionan de una manera y otras de otra.

Pero primero tenemos que darle una oportunidad al método que estamos estudiando.

Esto requiere humildad intelectual y también humildad física.

Porque a veces vuestro cuerpo os dirá:

«A mí me resulta más cómodo hacerlo así.»

Y yo os pediré que lo hagáis de otra manera.

No necesariamente porque vuestra manera sea imposible, sino porque en ese momento estamos estudiando una forma concreta y necesito que comprendáis qué intenta enseñaros.

El kata no es una coreografía

Quiero detenerme especialmente en esto porque vais a escuchar muchas veces la palabra kata.

Hay personas que ven un kata desde fuera y piensan que se trata simplemente de una secuencia previamente acordada: uno ataca de una manera, el otro responde, después ocurre esto, después aquello y finalmente termina la técnica.

Si solo hacemos eso, ciertamente podría convertirse en una coreografía.

Pero ese no es nuestro objetivo.

El kata nos proporciona una estructura dentro de la cual podemos estudiar determinados principios.

Nos permite investigar una distancia concreta.

Una entrada.

Un desequilibrio.

Una línea de ataque.

Una posición.

Una manera de utilizar el cuerpo.

Una respuesta.

Al principio necesito que aprendáis la forma con suficiente precisión porque, si cada uno cambia constantemente los movimientos, resulta imposible saber qué estamos estudiando.

Es como estudiar música.

Primero tenemos que aprender la composición.

No empezamos improvisando antes de conocer las notas.

Después, cuando la estructura está suficientemente integrada, empezamos a comprender cosas que no estaban visibles en la primera ejecución.

Por eso os corregiré muchas veces.

Quizá mováis un pie veinte centímetros más allá de donde necesito que esté.

Tal vez hagáis un movimiento demasiado pronto.

O demasiado tarde.

Quizá utilicéis fuerza donde quiero que estudiéis estructura.

No significa que todo lo que hagáis sea inútil.

Significa que estamos intentando aislar algo concreto para poder estudiarlo.

Aprended a recibir una corrección

Esto es algo que quiero que comprendáis desde vuestra primera clase.

Os voy a corregir.

Muchas veces.

Y si seguís entrenando durante años, continuaré corrigiéndoos.

También a los alumnos avanzados.

También a los instructores.

Y espero que quienes enseñan continúen aceptando correcciones.

Una corrección no es un ataque contra vosotros.

Si os digo que cambiéis la posición de una mano, estoy hablando de esa mano.

Si os digo que vuestro peso está demasiado adelantado, estoy hablando de vuestra estructura.

No estoy haciendo un juicio sobre vuestra persona.

Cuanto antes aprendáis a separar estas dos cosas, más fácil será vuestro progreso.

He conocido practicantes técnicamente muy capaces que tenían enormes dificultades para continuar aprendiendo porque cualquier corrección era interpretada como una amenaza a su nivel.

Ese es un problema mucho más serio que ejecutar mal una técnica.

Un error técnico se corrige.

Una persona que cree que ya no necesita ser corregida empieza a cerrar la puerta al aprendizaje.

Por eso, cuando os corrija algo, intentad hacer precisamente eso que os estoy corrigiendo.

No necesitáis justificar inmediatamente por qué lo hicisteis de otra manera.

Probamos.

Observamos.

Volvemos a hacerlo.

Y vemos qué cambia.

Después podemos hablar.

Vuestro compañero no es vuestro enemigo

Quiero que entendáis también desde el principio que cuando trabajáis por parejas no estamos intentando determinar quién es superior.

Uno de vosotros realizará una función y el otro otra.

Uno atacará.

Otro trabajará la técnica.

Después cambiaréis.

Ambos estáis aprendiendo.

La persona que recibe una técnica está aprendiendo tanto como quien la ejecuta.

Con el tiempo comprenderéis hasta qué punto un buen uke ayuda a desarrollar a su compañero.

Si vuestro compañero está aprendiendo una determinada entrada y vosotros cambiáis continuamente el ataque para impedirle hacerla, no estáis demostrando que sois mejores. Simplemente estáis cambiando el ejercicio.

De la misma manera, si os dejáis caer antes de que la técnica funcione o regaláis completamente vuestra estructura, tampoco estáis ayudando.

Existe una manera de ofrecer progresivamente una dificultad real sin destruir el proceso de aprendizaje.

Esto lo iremos trabajando.

Pero desde ahora quiero que tengáis una idea clara: cuidamos a nuestros compañeros porque dependemos de ellos para aprender.

Hoy podéis trabajar con alguien que sabe menos que vosotros.

Mañana puede ser esa persona quien os ayude a comprender algo que todavía no entendéis.

En este dōjō nadie entrena solo

Aunque realicéis movimientos individuales, el aprendizaje dentro de un dōjō es colectivo.

Aprendéis del instructor.

Aprendéis del compañero.

Aprendéis observando a otros alumnos.

Aprendéis de vuestros propios errores.

Y, con el tiempo, también ayudaréis a que otros aprendan.

Por eso el comportamiento importa.

Cuando alguien está recibiendo una explicación, escuchamos.

Cuando una pareja está trabajando, respetamos su espacio.

Cuando alguien nuevo no sabe todavía cómo hacer algo, recordamos que nosotros también tuvimos una primera clase.

Los alumnos con más experiencia tienen una responsabilidad especial.

Ser senpai no significa tener derecho a mandar sobre los demás.

Significa que existe una experiencia previa que debe utilizarse para ayudar a mantener una forma correcta de entrenamiento.

Si alguien nuevo no sabe dónde colocarse, el alumno experimentado puede ayudarle.

Si no entiende cómo realizar una parte sencilla del protocolo del dōjō, se le explica.

No necesitamos convertir cada pequeño error de un principiante en un problema.

Enseñamos.

Respeto, humildad, paciencia, disciplina y constancia

Si tuviera que explicaros qué actitud considero importante para entrenar aquí, hablaría de cinco ideas: respeto, humildad, paciencia, disciplina y constancia.

Pero no quiero que las entendáis como palabras bonitas escritas en la pared de un dōjō.

Tienen que manifestarse en cosas concretas.

Respeto es trabajar de manera que vuestro compañero pueda volver a entrenar mañana.

Respeto es escuchar cuando otra persona está hablando.

Respeto es cuidar el material.

Respeto es comprender que aquello que se está enseñando no empezó con nosotros.

Humildad significa aceptar que todavía tenemos cosas que aprender.

Y os garantizo que, si permanecéis el tiempo suficiente en estas artes, descubriréis continuamente cosas que no sabíais.

Paciencia significa aceptar que vuestro cuerpo no aprenderá necesariamente al mismo ritmo que vuestra cabeza.

Podéis comprender perfectamente una explicación y, cuando intentáis realizarla, descubrir que vuestro cuerpo hace otra cosa.

Eso es completamente normal.

No os enfadéis con vosotros mismos.

Entrenad.

La disciplina aparece cuando termina la emoción de las primeras semanas.

Casi todo el mundo está motivado cuando descubre algo nuevo.

La pregunta importante es qué ocurre seis meses después.

O dos años después.

O veinte años después.

La disciplina es lo que os permite seguir entrando en el dōjō incluso los días en que no sentís esa emoción inicial.

Y la constancia transforma todo lo anterior en progreso.

No existe ningún sustituto para ella.

No tengáis miedo de equivocaros

Durante las primeras clases vais a cometer errores.

Muchos.

Eso es exactamente lo que espero.

No sería lógico entrar en un dōjō para aprender algo que ya sabéis hacer.

Si os enseño un desplazamiento nuevo, probablemente al principio pensaréis demasiado en los pies.

Después olvidaréis las manos.

Cuando intentéis controlar las manos, quizá perdáis la postura.

Cuando solucionemos la postura, aparecerá otro problema.

Así funciona el aprendizaje.

Mi trabajo no consiste en impedir que cometáis errores.

Mi trabajo consiste en ayudaros a identificar cuáles son importantes en cada momento y cómo podéis corregirlos.

No intentéis solucionar diez cosas simultáneamente.

Si os corrijo una, trabajad esa.

Cuando empieza a mejorar, podemos mirar la siguiente.

El cuerpo necesita tiempo para organizar información nueva.

Permitidle hacerlo.

Observad más de lo que creéis necesario

En el entrenamiento tradicional hay una habilidad que considero fundamental y que muchas veces no recibe suficiente atención: aprender a mirar.

Cuando hago una demostración, no miréis solamente aquello que resulta más espectacular.

Si hay una proyección, es fácil mirar la caída.

Pero quizá lo importante ocurrió dos segundos antes.

Mirad dónde estaban los pies.

Mirad qué distancia existía.

Mirad dónde estaba el peso.

Mirad qué hizo uke.

Mirad en qué momento cambió el equilibrio.

Mirad si el cuerpo se movió antes que las manos o las manos antes que el cuerpo.

Al principio no podréis verlo todo.

No importa.

Cada vez que observéis una técnica intentaréis descubrir algo más.

Una de las diferencias entre un principiante y un practicante experimentado no consiste únicamente en aquello que pueden hacer.

También consiste en aquello que son capaces de ver.

No os preocupéis todavía por el grado

Sé que tarde o temprano aparecerá la pregunta.

«¿Cuándo hago mi primer examen?»

«¿Cuándo cambio de grado?»

«¿Cuánto se tarda en llegar a cinturón negro?»

Ya hablaremos de todo eso cuando estudiemos la estructura de grados de Kobukan Kobudō Renmei.

Pero durante vuestra primera etapa quiero que vuestra preocupación sea otra.

Aprender a moveros.

Aprender a observar.

Aprender a recibir.

Aprender a trabajar con otra persona.

Aprender a corregir un error.

Aprender a repetir sin aburrimiento.

El grado debe reflejar una progresión.

No debe convertirse en la razón por la que entrenáis.

Si vuestro objetivo principal consiste en conseguir rápidamente un cinturón diferente, tarde o temprano el entrenamiento se convertirá en una carrera.

Y esto no es una carrera.

Algunos comprenderéis determinadas cosas antes que otros.

Otros desarrollaréis capacidades distintas.

Cada cuerpo tiene una historia.

Cada persona aprende de una manera.

La comparación constante con los compañeros rara vez ayuda.

Comparad vuestro entrenamiento actual con vuestro entrenamiento de hace seis meses.

Esa comparación suele ser mucho más útil.

Aquí también seguimos siendo alumnos

Hay algo que quiero transmitiros porque considero que cambia completamente la perspectiva del entrenamiento.

El hecho de enseñar no significa dejar de aprender.

El hecho de tener un grado no significa haber terminado.

Yo mismo continúo estudiando.

Continúo revisando kata.

Continúo intentando comprender mejor aquello que llevo años practicando.

Continúo recibiendo enseñanza.

Y considero que debe ser así.

Cuando una persona comienza a enseñar puede aparecer una tentación muy peligrosa: pensar que ahora su función consiste en proporcionar respuestas.

Pero un instructor serio también debe continuar haciendo preguntas.

No necesariamente delante de los alumnos cada cinco minutos, pero sí dentro de su propio entrenamiento.

¿Por qué ocurre esto?

¿Por qué este movimiento está aquí?

¿Qué estoy haciendo realmente?

¿Estoy transmitiendo aquello que recibí o estoy empezando a sustituirlo por mis preferencias?

Estas preguntas mantienen vivo el estudio.

Por eso quiero que desde el primer día entendáis que aquí todos tenemos una posición dentro del aprendizaje.

La vuestra empieza hoy.

La mía empezó hace muchos años.

Pero ambas siguen siendo posiciones de estudiantes.

No intentéis parecer artistas marciales

Intentad aprender artes marciales.

Existe una diferencia.

No necesitáis adoptar una personalidad diferente cuando entréis en el dōjō.

No necesitáis utilizar palabras japonesas que todavía no comprendéis.

No necesitáis intentar parecer duros.

No necesitáis impresionar a nadie.

No necesitamos teatro.

Necesitamos entrenamiento.

Si algo no lo sabéis, preguntad.

Si no recordáis un movimiento, mirad otra vez.

Si os equivocáis, corregidlo.

Si una técnica no os sale, repetidla.

Esa actitud os llevará mucho más lejos que cualquier apariencia externa.

La tradición no necesita ser convertida en una representación teatral para tener valor.

Su valor debe encontrarse en aquello que estudiamos y en la calidad con la que intentamos transmitirlo.

Durante vuestras primeras semanas

Durante las primeras semanas seguramente escucharéis una gran cantidad de información.

Nombres japoneses.

Posiciones.

Ataques.

Desplazamientos.

Formas de caer.

Maneras de agarrar.

Diferentes escuelas.

Armas.

Principios.

No intentéis memorizarlo todo inmediatamente.

Concentraros en aquello que estamos trabajando en ese momento.

Si hoy estamos estudiando vuestra posición, trabajad la posición.

Si trabajamos distancia, prestad atención a la distancia.

Si estamos estudiando cómo recibir una técnica, en ese momento vuestra prioridad es aprender a recibir.

Poco a poco las piezas empezarán a relacionarse.

Algo que aprendisteis durante un ejercicio aparecerá meses después dentro de otro.

Una corrección que parecía aplicarse exclusivamente a una técnica empezará a aparecer en otras.

Y entonces comenzaréis a ver que existen principios que conectan diferentes partes del entrenamiento.

No tengáis prisa por llegar a ese momento.

Dejad que llegue mediante la práctica.

Lo único que os pido al comenzar

No espero perfección.

Tampoco espero experiencia previa.

No espero que entendáis inmediatamente todo aquello que os explico.

Lo que sí espero es que cuando entréis en el dōjō estéis dispuestos a trabajar.

Que tratéis correctamente a vuestros compañeros.

Que escuchéis.

Que observéis.

Que intentéis aquello que se os está enseñando.

Que aceptéis que habrá cosas difíciles.

Que comprendáis que una corrección forma parte del aprendizaje.

Que tengáis paciencia suficiente para permitir que vuestro cuerpo aprenda.

Y, sobre todo, que volváis a entrenar.

Porque finalmente hay una realidad muy sencilla detrás de todo esto.

Las artes marciales no se aprenden hablando de ellas.

No se aprenden únicamente leyendo.

No se aprenden mirando vídeos.

Todos esos recursos pueden ayudarnos, pueden aclarar conceptos y pueden permitirnos repasar aquello que hemos estudiado.

Pero el conocimiento marcial necesita convertirse en experiencia corporal.

Y eso ocurre mediante el keiko.

Entrenando.

Una vez.

Otra vez.

Y otra vez.

Quizá dentro de unos años regreséis a uno de los primeros kata que aprendisteis aquí y descubráis algo que hoy sois incapaces de ver.

Cuando eso ocurra, comprenderéis mejor lo que intento explicaros ahora.

El kata puede ser el mismo.

Pero vosotros habréis cambiado.

Ese es vuestro punto de partida.

Bienvenidos a Shingankan Dōjō.

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