Cómo funciona una clase en Shingankan Dōjō
28 ago 2026, 07:23
Antes de continuar con contenidos más técnicos quiero explicaros cómo debéis entender una clase en Shingankan Dōjō, porque conocer la estructura del entrenamiento os ayudará a aprovechar mucho mejor cada sesión y, sobre todo, os permitirá comprender que las diferentes partes de una clase no son ejercicios independientes colocados uno detrás de otro, sino elementos que se relacionan entre sí y que forman parte de un mismo proceso de aprendizaje.
Cuando alguien comienza a entrenar puede tener la impresión de que una clase consiste simplemente en realizar un calentamiento, aprender algunas técnicas y repetirlas con un compañero hasta que termina el tiempo disponible. Sin embargo, nuestro trabajo necesita una organización mucho más precisa, porque estamos intentando desarrollar capacidades físicas y técnicas que se construyen progresivamente y porque estudiamos un currículo determinado dentro de Kobukan Kobudō Renmei, no una colección de técnicas elegidas al azar.
El currículo de Kobukan establece precisamente una progresión en la que los primeros niveles se concentran en desarrollar movimiento corporal, postura, distancia, taihenjutsu, métodos básicos de golpeo y recepción, kamae y principios fundamentales antes de avanzar hacia niveles donde esos conocimientos deben funcionar bajo condiciones cada vez más complejas. La documentación oficial de Shokyū señala expresamente que esta etapa inicial tiene como objetivo establecer una base física y técnica sobre la que pueda construirse todo el estudio posterior.
Esta misma lógica debe estar presente dentro de cada clase.
No empezamos necesariamente por aquello que parece más avanzado o espectacular, porque la pregunta correcta no es qué técnica queremos realizar hoy, sino qué necesitamos trabajar para comprender correctamente el contenido que estamos estudiando.
La clase empieza antes de la primera técnica
Quiero que aprendáis desde el principio que el entrenamiento no comienza en el momento en que os enseño el primer kata, sino bastante antes, cuando entráis en el dōjō y empezáis a prepararos mental y físicamente para la práctica.
Todos llegamos con nuestra vida cotidiana detrás. Podemos venir del trabajo, haber tenido un día complicado, estar cansados o continuar pensando en una conversación que ocurrió una hora antes, pero desde el momento en que empezamos a trabajar con otra persona necesitamos ir concentrando progresivamente nuestra atención en aquello que tenemos delante.
Esto no es una cuestión filosófica abstracta, sino una necesidad práctica, porque las artes que estudiamos incluyen golpes, controles articulares, proyecciones, caídas y armas, y cualquiera de estas actividades exige que seamos conscientes de nuestro cuerpo, de nuestro compañero y del espacio que compartimos con las demás parejas.
Por eso considero importante aprender a entrar verdaderamente en el entrenamiento.
No os estoy diciendo que tengáis que adoptar una expresión solemne o transformar vuestra personalidad cuando atravesáis la puerta. El ambiente puede ser agradable, podemos hablar y podemos disfrutar de la práctica, pero cuando llega el momento de trabajar debemos ser capaces de cambiar nuestra atención y comprender que aquello que estamos haciendo requiere presencia.
Con el tiempo esta capacidad se vuelve cada vez más natural. Entráis, os preparáis y vuestro propio cuerpo empieza a reconocer que estáis entrando en una situación diferente a la actividad cotidiana.
El comienzo formal de la clase establece un cambio de actitud
El inicio formal de la práctica sirve precisamente para marcar esa transición entre estar simplemente presentes en el lugar y comenzar el keiko como grupo.
En ese momento dejamos de ser varias personas realizando actividades independientes y pasamos a participar en una sesión dirigida hacia un objetivo común. Cada alumno continúa teniendo su propio nivel y sus propias dificultades, pero todos trabajamos dentro de una estructura compartida.
Para los alumnos nuevos, esta primera parte de la clase puede contener gestos, posiciones o formas de etiqueta que todavía no resultan familiares, y no existe ningún problema en ello. No espero que memoricéis inmediatamente cada detalle, sino que observéis a los compañeros con mayor experiencia, sigáis las indicaciones recibidas y permitáis que la repetición vaya convirtiendo progresivamente esas acciones en una parte natural de vuestro comportamiento.
Lo importante es comprender la función que cumplen. No realizamos la etiqueta para aparentar ser japoneses ni para convertir el dōjō en una reconstrucción histórica, sino porque nos ayuda a establecer una actitud adecuada para aprender y a reconocer que estamos entrando conscientemente en un espacio de práctica compartida.
Preparar el cuerpo no significa simplemente calentarlo
Una vez iniciada la sesión necesitamos preparar el cuerpo para aquello que vamos a exigirle, pero quiero que diferenciéis esta preparación de un calentamiento genérico realizado únicamente para aumentar la temperatura corporal.
Nuestro movimiento debe prepararnos para el tipo de actividad que vamos a desarrollar. Las articulaciones que van a soportar controles, las piernas que deberán desplazarse y cambiar de dirección, la columna que participará en caídas y movimientos evasivos y todo el sistema corporal necesitan pasar progresivamente de la actividad cotidiana al trabajo marcial.
Esta primera fase tiene también otra función que considero especialmente importante: comprobar cómo se encuentra vuestro cuerpo ese día.
No somos máquinas que funcionan exactamente igual cada vez que entran en el dōjō. Algunos días existe mayor rigidez, determinadas articulaciones pueden tener menos movilidad o podemos sentir las consecuencias de un entrenamiento anterior, del trabajo o simplemente del cansancio acumulado.
Aprender a reconocer estas condiciones sin dramatizarlas y sin ignorarlas forma parte de vuestra evolución como practicantes.
Si existe una lesión o una limitación real que pueda afectar al entrenamiento, quiero que se comunique. No necesitamos demostrar fortaleza ocultando un problema que después puede convertirse en una lesión mayor, del mismo modo que tampoco necesitamos interpretar cualquier sensación de esfuerzo como una razón para dejar de trabajar.
Con los años aprenderéis a distinguir cada vez mejor entre incomodidad, fatiga, tensión innecesaria y dolor potencialmente peligroso, y ese conocimiento corporal es también parte del keiko.
Ukemi constituye entrenamiento, no preparación para el entrenamiento
Una parte fundamental de vuestra formación será el ukemi, y quiero que desde las primeras semanas eliminéis la idea de que se trata simplemente de aprender algunas caídas para poder pasar después a las técnicas verdaderamente importantes.
Si vuestro ukemi es deficiente, gran parte de vuestro entrenamiento posterior estará limitado por esa deficiencia.
Cuando una persona tiene miedo de caer, su cuerpo empieza a reaccionar mucho antes de que la proyección se produzca, lo que modifica su estructura, altera la técnica del compañero y hace difícil experimentar correctamente el movimiento que estamos intentando estudiar.
Por el contrario, cuando desarrollamos progresivamente una capacidad adecuada para recibir, podemos permitir que determinadas técnicas se ejecuten con mayor continuidad y empezamos a utilizar nuestra propia experiencia como uke para comprender aquello que está haciendo tori.
Kobukan incluye explícitamente ukemi y taihenjutsu entre los fundamentos de su currículo inicial, junto con postura, movimiento, kamae y otros elementos esenciales. El objetivo no es solamente enseñar al alumno a sobrevivir a una caída, sino desarrollar una capacidad de movimiento que le permita proteger su cuerpo, recuperar posición y continuar funcionando dentro de una situación dinámica.
Por eso seguiréis practicando ukemi aunque llevéis muchos años entrenando.
La diferencia no estará en que un alumno avanzado haya dejado de necesitarlo, sino en que puede estudiar dentro del mismo trabajo cosas que un principiante todavía no puede percibir.
Los fundamentos permanecen dentro de todo lo que hacemos
Después de algún tiempo empezaréis a reconocer kamae, desplazamientos, ukemi, golpes, escapes y otras herramientas fundamentales, y existe entonces el peligro de empezar a pensar que pertenecen a una etapa que debemos superar para acceder a las técnicas verdaderamente avanzadas.
Quiero que eliminéis esa idea.
El currículo de Kobukan está organizado de manera progresiva precisamente porque los niveles posteriores dependen de aquello que se construye en los niveles anteriores. Shokyū establece los fundamentos; Chūkyū desarrolla aplicaciones más complejas, control posicional y estrategia intermedia; Jōkyū continúa profundizando en proyecciones, estrangulaciones y controles antes de que el practicante entre en el trabajo yūdansha, donde la atención se dirige con mayor profundidad hacia las ryūha y sus kata.
Esto significa que cuando pasamos de un ejercicio fundamental a un kata no hemos abandonado el fundamento.
Vuestra postura continúa ahí.
Vuestro desplazamiento continúa ahí.
Vuestra distancia continúa ahí.
Vuestra capacidad para recibir continúa ahí.
Lo que ocurre es que ahora todas esas cosas están funcionando simultáneamente dentro de una situación más compleja.
Por esta razón puedo detener una técnica aparentemente avanzada y corregiros algo tan básico como la posición de un pie.
No estoy simplificando la técnica ni haciendo que retrocedáis en vuestro entrenamiento. Estoy intentando corregir la base sobre la que todo lo demás está construido.
Cuando presento una técnica, primero quiero que veáis el conjunto
Una parte fundamental de la clase consiste en observar una demostración antes de intentar reproducir aquello que estamos estudiando, y aprender a mirar correctamente requiere bastante más experiencia de la que suele imaginar un principiante.
Al principio la atención se dirige casi inevitablemente hacia aquello que resulta más visible. Si existe una proyección, miráis la caída. Si existe una luxación, miráis las manos. Si existe un golpe, seguís el brazo que golpea.
Sin embargo, muchas veces aquello que permite que la acción final ocurra sucedió bastante antes.
Por eso quiero que poco a poco aprendáis a observar una técnica desde el principio.
Primero mirad cómo están colocadas las dos personas.
Observad la distancia que existe entre ellas y fijaos en la posición corporal desde la que comienza la situación.
Después prestad atención al ataque, porque una técnica no existe independientemente de aquello que hace uke.
Observad entonces el primer movimiento de tori, intentando comprender no solamente hacia dónde se mueve, sino también qué está evitando, qué distancia está creando o cerrando y qué posición obtiene respecto al compañero.
A partir de ahí podéis empezar a seguir la parte técnica más evidente.
Si aprendéis a mirar de esta manera, descubriréis con el tiempo que muchas técnicas que parecían diferentes contienen problemas comunes de distancia, equilibrio, dirección o timing.
No intentéis memorizar todos los detalles durante una demostración
Cuando un alumno nuevo observa una técnica suele intentar recordar simultáneamente dónde estaban los pies, qué hacía cada mano, hacia dónde giraba el cuerpo, cuál era el nombre japonés, qué ataque utilizaba uke y cómo terminaba todo.
El resultado suele ser que, cuando empieza a trabajar, no recuerda con claridad ninguna de esas cosas.
Por eso quiero que aprendáis a organizar vuestra observación.
Primero necesitáis comprender la estructura general.
Quién hace qué.
Desde qué situación empezamos.
Cuál es la respuesta inicial.
Cómo evoluciona la técnica.
Dónde termina.
Después iremos añadiendo precisión.
Puede ocurrir que en una segunda demostración os diga que observéis específicamente los pies, mientras que en otra os pediré atención sobre la posición de la cadera o sobre el momento exacto en que empieza a desaparecer el equilibrio de uke.
No necesitáis captarlo todo a la primera.
La demostración y la corrección forman parte de un proceso acumulativo.
Después de observar hay que trabajar
Existe un momento en cualquier explicación en el que seguir hablando deja de ser útil y necesitamos convertir la información en experiencia física.
Podéis comprender perfectamente mis palabras y descubrir, diez segundos después, que vuestro cuerpo no sabe realizar aquello que vuestra cabeza cree haber entendido.
Esto es completamente normal.
La distancia entre comprender intelectualmente una acción y ser capaz de ejecutarla constituye precisamente una de las razones por las que necesitamos el dōjō.
Cuando empezáis a trabajar con vuestro compañero aparecen inmediatamente las preguntas reales.
Quizá estabais convencidos de haber entendido el desplazamiento, pero al recibir el ataque descubrís que habéis entrado demasiado cerca.
Tal vez recordáis perfectamente el control final, pero no conseguís llegar a él porque nunca habéis desequilibrado a uke.
Puede ocurrir que intentéis realizar con los brazos algo que debería depender principalmente de vuestra posición corporal.
Ahí empieza el verdadero estudio.
No quiero que intentéis ocultar esos problemas haciendo la técnica cada vez más rápido o utilizando más fuerza, porque entonces solamente conseguiréis esconder temporalmente la información que necesitamos para corregir.
Uke y tori tienen responsabilidades diferentes, pero ambos están entrenando
Cuando trabajamos por parejas necesitamos comprender claramente las funciones de uke y tori.
El alumno que ejecuta la técnica necesita una situación suficientemente correcta para estudiar aquello que le ha sido enseñado, mientras que uke debe proporcionar un ataque y una respuesta adecuados al ejercicio sin convertir su papel ni en una resistencia absoluta ni en una colaboración artificial.
Este equilibrio tarda tiempo en aprenderse.
Si uke modifica continuamente el ataque para impedir que tori pueda realizar la técnica, puede parecer que está haciendo el ejercicio más realista, pero en muchas ocasiones simplemente ha cambiado el problema que estábamos intentando estudiar.
Si, por el contrario, uke empieza a anticiparse y mueve voluntariamente su cuerpo hacia donde cree que debería terminar antes de que tori haya creado ninguna razón física para ello, tampoco está ayudando.
Necesitamos una relación progresiva.
Durante las primeras etapas, uke debe permitir que su compañero estudie correctamente la forma, manteniendo al mismo tiempo suficiente estructura para que la técnica tenga significado. A medida que ambos adquieren capacidad, podremos aumentar gradualmente la dificultad, modificar reacciones, incorporar resistencia y comprobar si los principios continúan funcionando bajo condiciones menos previsibles.
Este planteamiento coincide con la metodología oficial de Kobukan, que no limita el entrenamiento a la reproducción formal del kata, sino que considera importante comprobar las habilidades mediante resistencia, variables adicionales y presión progresiva de manera suficientemente segura para mantener la integridad del entrenamiento.
La corrección directa constituye una parte central de la clase
Mientras trabajáis, mi función no consiste en permanecer delante esperando hasta que decidáis que habéis terminado, sino en observar cómo estáis interpretando aquello que se ha enseñado y corregir los problemas que impiden que el ejercicio cumpla su propósito.
Algunas correcciones serán muy pequeñas.
Puedo modificar ligeramente vuestra posición, cambiar la dirección de una mano o pediros que adelantéis o retraséis un movimiento.
En otras ocasiones será necesario detener la técnica porque el problema está en su estructura general.
Cuando observo el mismo error en varias parejas, resulta mucho más útil detener brevemente al grupo y mostrar nuevamente el punto que está creando dificultades que permitir que todos continúen practicando una interpretación incorrecta durante varios minutos.
Quiero que entendáis que las interrupciones de este tipo no rompen el entrenamiento.
Son entrenamiento.
La documentación oficial de Kobukan insiste precisamente en que los materiales escritos y audiovisuales sirven para apoyar la instrucción directa y reforzar la comprensión correcta, pero no sustituyen la corrección que se produce cuando un instructor cualificado puede observar realmente al alumno.
Una fotografía puede enseñaros dónde debería estar un pie.
Un vídeo puede mostraros una trayectoria.
Pero solamente alguien que está observando vuestra ejecución puede deciros qué está ocurriendo realmente en vuestro cuerpo en ese momento.
No intentéis corregir diez cosas simultáneamente
En ocasiones puedo observar varios problemas dentro de una sola repetición, pero eso no significa que vaya a enumerarlos todos inmediatamente.
Si vuestra postura está mal, vuestra distancia es incorrecta, utilizáis demasiada fuerza y además realizáis el control final en una dirección equivocada, intentar corregir las cuatro cosas simultáneamente puede provocar que la siguiente repetición sea todavía más confusa.
Muchas veces tenemos que identificar cuál de esos problemas condiciona los demás.
Quizá vuestro exceso de fuerza desaparece casi completamente cuando corregimos la distancia.
Tal vez el problema del control final se resuelve cuando vuestra posición corporal cambia.
Una buena corrección no consiste en encontrar el mayor número posible de errores, sino en identificar cuál necesita ser tratado primero.
Por eso tampoco quiero que interpretéis que, si solamente os he corregido una cosa, todo lo demás es perfecto.
Estamos trabajando por prioridades.
Aprended también observando las correcciones que reciben otros
Uno de los hábitos que recomiendo desarrollar es prestar atención cuando corrijo a una pareja cercana, siempre que esa corrección esté relacionada con el mismo material que estáis trabajando.
Muchas veces vais a descubrir vuestro propio error viendo cómo se lo corrijo a otra persona.
Además, observar cuerpos diferentes resulta extraordinariamente educativo, porque no todos resolvemos los mismos problemas de la misma manera.
Una persona alta puede tener tendencia a utilizar su alcance en lugar de desplazarse correctamente.
Una persona fuerte puede ocultar un problema técnico utilizando capacidad muscular.
Otra persona puede poseer mucha movilidad pero tener dificultades para mantener estructura.
Cuando observáis cómo un mismo principio se corrige en personas diferentes, vuestra comprensión empieza a separarse de una forma externa única y empieza a dirigirse hacia aquello que realmente estamos intentando conseguir.
No todos los alumnos trabajan necesariamente el mismo detalle
Dentro de una misma clase pueden existir alumnos que se encuentran en etapas diferentes del currículo, y eso significa que la explicación o el grado de complejidad pueden variar sin que la estructura fundamental del entrenamiento cambie.
Un principiante puede estar intentando simplemente recordar correctamente la secuencia principal de una técnica, mientras que un alumno avanzado que trabaja el mismo material puede estar concentrándose en el timing, en una reacción específica de uke o en una característica concreta de la ryūha.
Exteriormente ambos pueden parecer estar realizando lo mismo.
En realidad están estudiando a profundidades diferentes.
Quiero que esto os ayude a evitar una comparación que considero poco útil: mirar constantemente qué está haciendo el alumno con más experiencia y pensar que vuestro objetivo inmediato debe ser copiarlo.
Si una persona lleva años entrenando y vosotros lleváis tres semanas, es lógico que sus prioridades sean diferentes.
Vuestro trabajo consiste en aprovechar plenamente aquello que corresponde a vuestra etapa.
El kata necesita una referencia suficientemente estable
Cuando trabajamos material perteneciente a una ryūha, quiero que distingáis claramente el estudio de la forma transmitida de aquello que haremos posteriormente con sus principios.
Primero necesitamos aprender el kata con suficiente fidelidad.
Esto significa intentar reproducir correctamente la situación inicial, el ataque, el desplazamiento, las acciones principales y la lógica interna de aquello que estamos estudiando.
No porque pensemos que una situación real se desarrollará exactamente de esa manera, sino porque necesitamos una referencia estable para poder investigar.
Si cada alumno modifica el ataque, cambia la distancia y termina la técnica de una manera diferente desde la primera repetición, después resulta imposible determinar qué está intentando enseñarnos realmente el kata.
Por eso insisto tanto en el orden.
Primero estudiamos.
Después comprendemos.
Después empezamos a variar.
Henka no significa improvisar sin referencia
A medida que vuestra comprensión mejora empezaremos a introducir henka, variaciones que surgen cuando alguna de las condiciones cambia.
Quiero que tengáis mucho cuidado con este concepto porque puede convertirse fácilmente en una excusa para hacer cualquier cosa.
Henka no significa olvidar el kata.
Significa haber comprendido suficientemente aquello que estamos estudiando como para reconocer qué puede mantenerse cuando cambia una circunstancia.
Tal vez uke reacciona de otra manera.
Puede cambiar la distancia.
Puede desaparecer una de las oportunidades presentes en la forma original.
Entonces necesitamos adaptar nuestra acción.
La pregunta importante será qué principio continúa presente.
Si no podéis identificar ninguna relación entre la variación y aquello que acabamos de estudiar, quizá no estemos trabajando una henka de ese kata, sino simplemente haciendo otra cosa.
No existe nada malo en estudiar otras cosas, pero debemos saber nombrarlas correctamente.
La aplicación pone a prueba la comprensión
El currículo y la metodología de Kobukan son claros al señalar que preservar los kata no significa limitarse a una repetición mecánica de las formas, y que los practicantes deben desarrollar posteriormente adaptación, aplicación práctica y capacidad para trabajar bajo presión y resistencia.
Esto es exactamente lo que quiero que comprendáis cuando pasamos del kata a la aplicación.
No estamos abandonando la tradición.
Estamos intentando comprobar si realmente hemos entendido algo de ella.
Quizá cambiemos el ataque.
Quizá el compañero ofrezca más resistencia.
Quizá la posición inicial sea menos cómoda.
En ese momento veremos inmediatamente qué partes de nuestra técnica estaban funcionando gracias a la cooperación estructurada del kata y cuáles empiezan a mantenerse bajo condiciones más difíciles.
Cuando algo falla, no debemos sentirnos decepcionados.
La información que aparece en ese momento es extremadamente valiosa.
Si vuestra técnica solamente funciona mientras uke reproduce exactamente una respuesta conocida, necesitamos saberlo.
Pero tampoco debemos cometer el error contrario y pensar que la única manera válida de entrenar consiste en introducir resistencia completa desde el primer día.
Sin una base técnica, la presión muchas veces produce simplemente una lucha basada en los recursos naturales de cada persona.
Primero construimos herramientas.
Después las sometemos progresivamente a condiciones más exigentes.
La intensidad debe tener una razón
En una clase puede haber momentos de trabajo lento y otros de mayor velocidad, ejercicios con cooperación y otros con resistencia creciente, pero quiero que comprendáis que la intensidad por sí misma no constituye calidad.
Realizar una técnica violentamente no demuestra que la habéis comprendido mejor.
Del mismo modo, trabajar siempre con absoluta comodidad tampoco permite saber qué ocurre cuando aparece oposición real.
Necesitamos utilizar la intensidad como una variable pedagógica.
Si estamos aprendiendo una mecánica nueva, reducir la velocidad puede permitirnos observar detalles que desaparecerían si intentáramos realizarla demasiado rápido.
Cuando esa mecánica empieza a consolidarse, podemos aumentar progresivamente la exigencia.
Kobukan defiende explícitamente este equilibrio entre transmisión técnica tradicional y comprobación práctica mediante presión y resistencia, precisamente para evitar tanto la repetición vacía de formas como una lucha desestructurada que impida desarrollar correctamente los fundamentos.
Las armas exigen todavía más atención
Cuando trabajamos hanbōjutsu, rokushaku bōjutsu o bikenjutsu, que constituyen las tres áreas fundamentales del currículo inicial de armas de Kobukan, la estructura pedagógica de la clase continúa siendo la misma, aunque el nivel de atención respecto a distancia, trayectoria y espacio compartido debe aumentar considerablemente.
Seguimos necesitando observar.
Seguimos necesitando aprender una referencia.
Seguimos trabajando por parejas.
Seguimos recibiendo correcciones.
Pero ahora existe un objeto que amplía nuestra distancia y que puede alcanzar a personas que se encuentran bastante más lejos de nuestro cuerpo.
Por eso quiero que desarrolléis desde las primeras sesiones una conciencia constante de dónde se encuentran las demás parejas.
Un rokushaku bō no termina donde terminan vuestras manos.
Un bokutō tampoco.
La trayectoria del arma forma parte de vuestro espacio de responsabilidad.
No debéis utilizar los momentos entre explicaciones para experimentar movimientos que no han sido indicados si existe la posibilidad de interferir con el trabajo de los demás.
El dominio de un arma empieza también por saber cuándo no moverla.
Preguntar forma parte del entrenamiento
Quiero alumnos que hagan preguntas, pero quiero también que desarrolléis progresivamente la capacidad de formular preguntas nacidas del entrenamiento y no solamente de la impaciencia por recibir una explicación inmediata de todo.
Si no habéis comprendido qué ataque estamos realizando, preguntad.
Si después de varias repeticiones existe una parte que continúa sin tener sentido, preguntad.
Si sentís algo que parece incompatible con aquello que acabo de explicar, puede ser una excelente pregunta.
Pero antes de preguntar también quiero que observéis.
Existe una enorme diferencia entre no haber entendido algo después de intentarlo y no haber prestado atención suficiente para verlo.
La capacidad para estudiar incluye ambas cosas: saber cuándo necesitamos una explicación y saber cuándo necesitamos mirar otra vez.
Además, algunas respuestas no pueden darse completamente mediante palabras.
Puedo explicaros qué es maai, pero tendréis que experimentarlo.
Puedo hablar de kuzushi, pero necesitáis sentir cómo vuestro equilibrio desaparece y cómo cambia la situación cuando sois vosotros quienes lo producen.
Puedo explicar timing, pero solamente muchas horas de interacción con cuerpos diferentes permitirán que vuestro sistema empiece a reconocer oportunidades sin realizar un cálculo consciente.
El final de la clase no significa que todo tenga que estar resuelto
Cuando terminamos una sesión no espero que todas las técnicas trabajadas hayan quedado dominadas.
Sería una expectativa completamente irreal.
Lo que quiero es que os llevéis algo de la clase.
Puede ser una corrección importante.
Puede ser una mejor comprensión de la distancia.
Quizá habéis descubierto por qué una técnica que intentabais realizar con fuerza no necesitaba realmente tanta fuerza.
Puede ocurrir que simplemente hayáis conseguido caer con menos tensión que durante la semana anterior.
Todo eso constituye progreso.
No todas las sesiones tienen que producir un descubrimiento espectacular y, de hecho, gran parte del aprendizaje marcial ocurre mediante pequeños ajustes que solamente muestran su verdadero valor después de meses o años de continuidad.
Por eso conviene que al terminar os preguntéis qué habéis trabajado y qué aspecto necesitáis recordar durante la siguiente sesión.
No midáis una clase por la cantidad de técnicas nuevas
Esta es probablemente una de las ideas más importantes que quiero dejaros.
No quiero que terminéis una clase diciendo que ha sido buena porque habéis aprendido seis técnicas nuevas y que otra ha sido menos interesante porque hemos pasado gran parte del tiempo trabajando una sola.
Acumular técnicas produce una sensación rápida de progreso, pero no necesariamente produce capacidad.
Podéis conocer muchas formas y continuar perdiendo vuestra estructura en todas ellas.
Podéis memorizar una gran cantidad de luxaciones y seguir dependiendo de vuestra fuerza para aplicarlas.
Podéis aprender veinte kata y no comprender correctamente el maai de ninguno.
Por eso Kobukan estructura su formación inicial alrededor de fundamentos progresivos y establece expresamente que el avance depende de la competencia y comprensión demostradas, no simplemente del tiempo transcurrido ni de la cantidad de material visto.
Una clase en la que corregimos seriamente un problema que afectaba a diez técnicas puede ser mucho más importante para vuestro desarrollo que una clase en la que añadimos diez técnicas nuevas.
Cada sesión forma parte de una continuidad
Finalmente quiero que entendáis que ninguna clase existe completamente aislada de las demás.
Lo que trabajamos hoy puede convertirse en la base de aquello que haremos dentro de varias semanas.
Una corrección aparentemente pequeña sobre vuestra postura puede reaparecer cuando empecemos a trabajar una proyección.
Un problema de distancia descubierto durante taijutsu puede hacerse todavía más evidente cuando tengáis una espada en las manos.
Una mejora en ukemi puede permitiros recibir por primera vez una técnica realizada con suficiente continuidad para comprenderla correctamente.
Así se construye el entrenamiento.
No mediante una sucesión de clases independientes, sino mediante una acumulación organizada de experiencias y correcciones.
Por eso la constancia tiene tanta importancia.
Cuando existe continuidad, las diferentes piezas empiezan a relacionarse y aquello que parecía un ejercicio aislado comienza a encontrar su lugar dentro de una estructura mucho mayor.
Así quiero que entendáis vuestra clase
Cuando vengáis a entrenar a Shingankan Dōjō quiero que dejéis de pensar en la sesión como noventa minutos durante los cuales tenéis que realizar el mayor número posible de técnicas y empecéis a verla como un proceso de estudio en el que cada parte tiene una función.
Preparáis vuestro cuerpo y vuestra atención para poder trabajar; desarrolláis ukemi y taihenjutsu para moveros y recibir con mayor seguridad; revisáis postura, kamae, distancia y otros fundamentos porque constituyen la base sobre la que se construye el currículo de Kobukan; observáis una demostración intentando comprender primero su estructura general; trabajáis con un compañero para convertir esa información en experiencia física; recibís correcciones que os ayudan a identificar aquello que todavía no podéis ver por vosotros mismos; repetís para que el cuerpo empiece a integrar lo aprendido; y, cuando existe una base suficiente, empezáis a investigar variaciones, resistencia y aplicaciones que permiten comprobar hasta qué punto habéis comprendido realmente los principios estudiados.
Todo esto forma parte de una misma clase.
Cuando observáis, estáis entrenando.
Cuando recibís como uke, estáis entrenando.
Cuando una corrección os obliga a volver a empezar, estáis entrenando.
Cuando repetís por vigésima vez algo que creíais conocer, estáis entrenando.
Cuando una aplicación falla y os muestra dónde estaba vuestra debilidad, también estáis entrenando.
Esta es la actitud que quiero que desarrolléis desde vuestra primera etapa en Shingankan Dōjō, porque cuanto antes comprendáis que el objetivo de una clase no consiste en llenar el tiempo de movimientos sino en utilizarlo para aprender con método, atención y continuidad, antes empezaréis a aprovechar verdaderamente la profundidad del currículo que recibimos dentro de Kobukan Kobudō Renmei.
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