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Entrenar en Shingankan Dōjō: una puerta que no permanece siempre abierta

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21 sept 2026, 10:34

Durante octubre de 2026 aceptaremos diez nuevos alumnos en Shingankan Dōjō. Diez, no veinte ni treinta. Y cuando llegue el 1 de noviembre, las puertas volverán a cerrarse.

A partir de entonces, quien quiera entrenar con nosotros necesitará ser invitado por uno de los miembros o instructores del dōjō y, además, deberá existir una plaza disponible. Los miembros federados en Kobukan Kobudō Renmei seguirán teniendo la posibilidad de entrenar en Shingankan mediante aviso previo, como corresponde dentro de nuestra organización, siempre respetando las normas y funcionamiento del dōjō.

Puede parecer una manera extraña de organizar unas clases de artes marciales en una época en la que casi todo funciona precisamente al contrario. Lo habitual es anunciar matrículas abiertas durante todo el año, intentar llenar cada horario y considerar que cuantos más alumnos haya en una sala, mayor es el éxito.

Nosotros no trabajamos así.

Shingankan Dōjō no nació para convertirse en un gimnasio grande, y tampoco tengo interés en convertirlo en uno.

Es un dōjō tradicional de Kobukan Kobudō Renmei y eso implica una manera determinada de entender la práctica, pero también una forma concreta de relacionarnos con quienes entran a entrenar.

No aceptamos alumnos simplemente para aumentar el grupo.

Aceptamos personas a las que realmente podamos enseñar.

Y existe una diferencia importante entre ambas cosas.

Nuestro espacio físico tampoco es enorme. Cuando trabajamos taijutsu necesitamos poder desplazarnos, caer, proyectar y cambiar de dirección sin tener otra pareja a medio metro. Cuando entrenamos bojutsu o kenjutsu esta necesidad resulta todavía más evidente. Un rokushaku bō necesita espacio y una espada de entrenamiento también. Si introducimos demasiadas personas en la sala, el entrenamiento empieza inevitablemente a adaptarse al tamaño del grupo y terminamos haciendo aquello que cabe en lugar de aquello que debemos trabajar.

No voy a hacer eso.

Prefiero que haya menos personas y que cada una pueda entrenar correctamente.

Pero el espacio es solamente una de las razones.

La más importante está en la enseñanza.

Cuando un alumno entra en Shingankan no pasa a formar parte de una fila donde todos realizan exactamente lo mismo al mismo ritmo. Naturalmente tenemos programas, grados y una estructura común dentro de Kobukan, pero las personas no aprenden todas de la misma manera.

Hay alumnos que comprenden rápidamente un movimiento y necesitan meses para corregir su postura. Otros poseen una buena coordinación pero utilizan demasiada fuerza. Algunos llegan después de años practicando otras artes marciales y traen consigo capacidades útiles, aunque también hábitos que tendremos que desmontar. Otros entran sin haber pisado nunca un tatami y, precisamente por eso, no tienen nada que desaprender.

Mi trabajo como instructor no consiste en repetir una explicación y esperar que funcione para todos.

Tengo que observar.

A veces una corrección dura treinta segundos y cambia completamente una técnica. Otras veces hay que insistir sobre lo mismo durante semanas hasta que el cuerpo empieza finalmente a comprenderlo. Esa atención desaparece cuando el número de alumnos supera aquello que realmente podemos atender.

Y no estoy dispuesto a sacrificarla por tener una sala más llena.

También existe otra cuestión que para mí pesa todavía más.

Lo que enseñamos en Kobukan no puede tratarse simplemente como una colección de técnicas interesantes.

Sí, aprendemos a golpear, proyectar, controlar y utilizar armas. Trabajamos taijutsu, bojutsu, hanbojutsu, kenjutsu y diferentes ryūha. Todo eso está ahí y cualquiera que observe una clase lo verá inmediatamente.

Pero si una persona permanece con nosotros durante años y solamente ha aprendido a hacer técnicas, entonces algo importante habrá fallado.

Tiene que aprender a trabajar con otro ser humano sin ponerlo innecesariamente en peligro. Tiene que saber recibir una corrección. Tiene que comprender cuándo puede aumentar intensidad y cuándo debe reducirla. Tiene que aprender a cuidar las armas, el espacio y a sus compañeros. Tiene que empezar a distinguir entre demostrar algo y realmente comprenderlo.

Eso no se consigue únicamente enseñando movimientos.

Se consigue formando practicantes.

Por esta razón tampoco entiendo la relación dentro del dōjō exactamente como una relación entre cliente y proveedor.

Quien paga una cuota no compra mi aprobación, un grado ni acceso inmediato a cualquier parte del programa que le resulte atractiva.

Puede que quiera aprender espada y todavía no haya construido una base corporal adecuada.

Entonces no toca espada todavía.

Puede que quiera empezar inmediatamente una determinada ryūha porque ha visto algo que le interesa especialmente.

Si no está preparado, tendrá que esperar.

También puede ocurrir que piense que ya domina una técnica y yo considere que todavía no ha comprendido aquello que estamos buscando.

Seguiremos trabajando esa técnica.

Así funciona una enseñanza seria.

No sería diferente si estuviéramos aprendiendo música con un maestro, caligrafía, una profesión artesanal o cualquier disciplina en la que el conocimiento tenga una progresión real.

El problema es que las artes marciales modernas se han acostumbrado demasiado a presentar al alumno como consumidor.

Y un dōjō tradicional no funciona bien cuando empieza a pensar de esa manera.

En nuestra tradición existe además algo que quizá resulte incómodo para algunas personas: no es solamente el alumno quien elige al maestro.

El maestro también elige al alumno.

Esto no significa que busquemos personas extraordinarias.

No necesitamos campeones, atletas ni expertos.

Un principiante completo puede ser un excelente alumno.

Lo que observo es otra cosa.

Quiero ver cómo entra.

Cómo escucha.

Cómo trabaja con alguien que sabe menos.

Cómo reacciona cuando se le corrige.

Cómo trata a una persona físicamente más débil.

Qué ocurre cuando una técnica no le sale.

Si intenta comprender o inmediatamente busca una excusa.

Estas cosas dicen mucho.

La técnica puede enseñarse.

Lo demás resulta bastante más difícil.

He visto personas con mucha experiencia llegar a un dōjō creyendo que sus años anteriores les daban derecho a situarse inmediatamente por encima de otros alumnos. Y he visto principiantes absolutos integrarse en pocas semanas porque llegaron con una actitud sencilla: observar, entrenar y aprender.

Si tengo que elegir entre ambos, no tengo ninguna duda.

Por eso octubre será también un periodo para conocernos.

Quien venga descubrirá cómo entrenamos y podrá decidir si realmente es lo que busca.

Nosotros también podremos ver si esa persona encaja en el dōjō.

No tiene ningún sentido obligar a nadie a permanecer en un lugar cuya manera de trabajar no comparte, pero tampoco tenemos la obligación de modificar el dōjō para adaptarlo a cada persona que cruza la puerta.

Shingankan ya tiene una identidad.

Quien entra pasa a formar parte de ella.

La decisión de cerrar nuevas incorporaciones a partir del 1 de noviembre responde también a algo que cualquier instructor comprende rápidamente cuando enseña un grupo estable: no se puede comenzar continuamente desde cero.

Cada alumno nuevo necesita aprender cómo trabajamos, cómo caer, cómo moverse con seguridad, cómo relacionarse con las armas y qué normas básicas seguimos dentro del dōjō. Durante unas semanas esa inversión de tiempo es completamente normal.

Pero si cada mes entran varias personas nuevas, llega un momento en que las clases comienzan a girar permanentemente alrededor del principiante que acaba de llegar.

Y los que llevan seis meses terminan repitiendo continuamente el primer mes.

No quiero eso tampoco.

Durante octubre incorporaremos alumnos.

Después consolidaremos el grupo y seguiremos avanzando.

Si más adelante queda libre una plaza y un miembro considera que conoce a alguien adecuado para entrenar con nosotros, podrá invitarlo.

Entonces valoraremos su incorporación.

Es una manera mucho más natural de mantener un dōjō pequeño.

Los miembros federados de Kobukan Kobudō Renmei tienen una situación diferente porque pertenecemos a una misma organización y compartimos una transmisión común. Siempre tendrán la posibilidad de visitar y entrenar en Shingankan previo aviso.

El aviso es importante.

No porque queramos complicar una visita, sino porque necesitamos saber cuántas personas van a entrenar ese día y qué tipo de trabajo podemos realizar con seguridad.

Ser miembro de Kobukan tampoco significa que las normas del dōjō dejen de aplicarse.

Al contrario.

Cuanto más recorrido tenga una persona dentro de la organización, más debería comprender por qué existen.

También quiero dejar algo claro para quien esté pensando en entrar durante octubre.

No necesitas experiencia previa.

No necesitas estar especialmente en forma.

No necesitas conocer japonés.

Y tampoco necesitas comprar inmediatamente una habitación llena de armas.

Todo eso se irá resolviendo cuando corresponda.

Lo que sí necesitas es paciencia.

Vas a repetir movimientos muchas veces.

Habrá días en los que una técnica que parecía sencilla no saldrá de ninguna manera.

Escucharás una corrección, creerás haberla entendido y cinco minutos después volverás a cometer exactamente el mismo error.

Eso nos ha ocurrido a todos.

Entrenar consiste también en eso.

Lo que no funciona es venir buscando resultados rápidos.

No ofrecemos un curso de tres meses que te convierta en experto en defensa personal. Tampoco existe una cantidad determinada de clases después de la cual alguien pueda decir que «ya sabe» bojutsu, kenjutsu o una ryūha.

Hay cosas que empiezan a comprenderse después de años y que, curiosamente, cuando por fin comienzan a tener sentido nos hacen regresar a los fundamentos que practicábamos al principio.

Ésa es otra razón por la que quiero grupos relativamente pequeños.

Porque conozco a mis alumnos.

Sé cómo se movían cuando llegaron.

Sé qué problemas tenían.

Sé en qué han mejorado y qué siguen evitando porque les resulta incómodo.

Y eso permite enseñar de una manera que simplemente no es posible cuando cada clase está llena de rostros nuevos.

No buscamos tener muchos alumnos.

Buscamos tener buenos alumnos.

Y tampoco utilizo «buenos» para referirme a los que realizan mejor las técnicas.

Un buen alumno puede ser el que lleva solamente seis meses pero nunca deja a un compañero atrás.

El que recoge un bō del suelo sin que nadie tenga que decirle nada.

El que recibe una corrección y vuelve a probar.

El que puede trabajar con intensidad sin perder el control.

El que, cuando llega alguien nuevo, recuerda perfectamente lo perdido que estaba él mismo durante su primera semana.

Ese tipo de persona construye un dōjō.

Y eso es lo que quiero proteger.

Por ello, durante octubre de 2026 Shingankan Dōjō aceptará un máximo de diez nuevos alumnos.

A partir del 1 de noviembre, el acceso general quedará cerrado.

Desde esa fecha, las nuevas incorporaciones requerirán la invitación de un miembro o instructor y dependerán de que exista una plaza disponible.

Los miembros federados de Kobukan Kobudō Renmei podrán continuar entrenando con nosotros mediante aviso previo y respetando las normas del dōjō.

No hay ningún misterio detrás de esta decisión.

Simplemente hemos decidido mantener Shingankan en una escala que nos permita seguir haciendo aquello para lo que existe: enseñar artes marciales tradicionales de manera seria, directa y personal.

En Japón existe una larga tradición en la que entrar en un dōjō no era equivalente a contratar un servicio. Existía una relación entre quien pedía aprender y quien aceptaba enseñarle.

Esa idea sigue teniendo sentido para mí.

El alumno puede escoger la puerta a la que llama.

Pero una vez allí, quien está dentro decide si la abre.

Durante octubre estará abierta.

Después volveremos a entrenar.

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