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Por qué empezamos por los fundamentos

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28 ago 2026, 07:13

Quiero dedicar esta clase a una cuestión que puede parecer evidente, pero que en realidad determina gran parte de vuestro futuro desarrollo dentro del dōjō, porque la manera en que entendáis los fundamentos durante los primeros meses condicionará la manera en que posteriormente abordaréis los kata, las ryūha, las armas y las aplicaciones más complejas.

Cuando una persona comienza a practicar artes marciales, resulta completamente natural sentirse atraída por aquello que parece más avanzado. Las proyecciones llaman la atención, las luxaciones parecen inmediatamente útiles, el trabajo de espada resulta fascinante y los kata de las diferentes ryūha despiertan curiosidad, especialmente cuando uno empieza a descubrir que detrás de cada escuela existen estrategias, métodos y formas de utilizar el cuerpo que pueden ser muy diferentes entre sí.

Sin embargo, si comenzamos por ahí sin haber construido primero una base suficiente, podemos aprender la apariencia exterior de muchas técnicas sin comprender realmente aquello que las hace funcionar.

Por esta razón, tanto nuestra manera de trabajar en Shingankan Dōjō como la estructura actual del currículo de Kobukan Kobudō Renmei conceden una importancia especial a los fundamentos durante las primeras etapas de formación. El nivel Shokyū de Kobukan está diseñado precisamente para establecer movimiento corporal fundamental, postura, distancia y principios básicos que servirán posteriormente como base para todo el estudio posterior, y el propio material oficial señala que esta etapa debe proporcionar una base física y mental sólida antes de avanzar hacia contenidos más complejos.

Quiero que comprendáis por qué esto es mucho más que una cuestión de organización del programa.

Lo complicado se construye sobre cosas aparentemente sencillas

Cuando observáis a un practicante experimentado ejecutar una técnica con naturalidad, podéis tener la impresión de que la parte importante es aquello que ocurre al final, porque quizá veáis una proyección, una luxación, un golpe o un control que resulta inmediatamente reconocible.

Sin embargo, muchas veces la técnica ya estaba prácticamente decidida antes de llegar a ese momento.

La posición desde la que empezó.

La distancia a la que se encontraba.

El ángulo que ocupó.

La manera en que desplazó su peso.

El momento en que comenzó a moverse.

La posición que consiguió respecto a uke.

Todos esos elementos pueden haber creado las condiciones necesarias para que la técnica final resulte relativamente sencilla.

El principiante suele mirar el final porque es la parte más visible, mientras que el practicante experimentado empieza progresivamente a mirar aquello que ocurrió antes.

Esa diferencia es fundamental.

Si solamente intentáis reproducir el resultado final sin comprender las condiciones que lo produjeron, terminaréis intentando compensar con fuerza aquello que todavía no habéis construido mediante posición, distancia y movimiento.

Por eso una parte importante de vuestro entrenamiento inicial puede parecer menos espectacular de lo que esperabais.

Os voy a corregir una posición.

Después volveré a corregirla.

Trabajaremos un desplazamiento.

Lo repetiremos.

Volveremos a una forma de caer que ya habéis practicado muchas veces.

Revisaremos cómo atacáis.

Volveremos a observar la distancia.

Y quizá alguno piense que estamos retrasando el momento de aprender las técnicas realmente importantes.

En realidad estamos haciendo exactamente lo contrario.

Estamos construyendo las herramientas que permitirán comprenderlas.

Kamae no es simplemente colocarse en una postura

Uno de los primeros conceptos que encontraréis es kamae.

Al principio es normal interpretarlo como una postura, porque externamente vemos una determinada posición del cuerpo y tratamos de reproducirla.

Sin embargo, no quiero que entendáis kamae como una fotografía.

Una postura marcial no tiene sentido únicamente porque los pies estén colocados en determinados lugares y las manos adopten una forma concreta.

Tenemos que preguntarnos qué nos permite hacer esa posición.

Si estamos equilibrados.

Si podemos desplazarnos.

Si nuestra estructura tiene coherencia.

Si podemos responder desde ella.

Si nuestra distancia respecto al compañero tiene sentido.

Si existe tensión innecesaria.

Kobukan incluye explícitamente el trabajo de kamae gata dentro de su formación fundamental, precisamente porque la posición corporal constituye una parte de la base desde la cual se desarrollan posteriormente las demás capacidades.

Por eso, cuando os corrijo dos centímetros en un pie o una distribución incorrecta del peso, no lo hago porque quiera que vuestra postura se parezca estéticamente a una fotografía antigua.

Lo hago porque esos pequeños detalles empiezan a modificar aquello que vuestro cuerpo puede hacer después.

Imaginad una casa cuya primera planta está ligeramente inclinada.

Podemos seguir construyendo.

Podemos añadir habitaciones.

Podemos decorar.

Desde fuera incluso puede parecer impresionante.

Pero cada piso adicional carga sobre el mismo problema inicial.

En vuestro cuerpo ocurre algo parecido.

Una mala base no desaparece cuando aprendéis técnicas más avanzadas.

Muchas veces simplemente queda escondida dentro de movimientos más complejos.

El equilibrio comienza por el vuestro

Los alumnos suelen interesarse muy pronto por kuzushi, porque entienden que desequilibrar al adversario es importante.

Y lo es.

Pero antes quiero que os hagáis otra pregunta:

¿qué ocurre con vuestro propio equilibrio mientras intentáis desequilibrar al otro?

Es relativamente frecuente que un principiante consiga tirar de uke y, al mismo tiempo, saque su propio cuerpo de una posición estable.

Entonces tenemos dos personas perdiendo estructura y esperando descubrir cuál cae primero.

Eso puede funcionar algunas veces por diferencia de fuerza, peso o velocidad, pero no es el tipo de aprendizaje que estamos buscando.

Quiero que aprendáis progresivamente a afectar la estructura del compañero sin entregar innecesariamente la vuestra.

Para eso necesitamos trabajar cómo apoyamos los pies, cómo desplazamos el centro, cómo orientamos el cuerpo y cómo transferimos la fuerza.

Todo esto empieza mucho antes de estudiar una técnica complicada.

Por eso una parte aparentemente sencilla del entrenamiento, como desplazarse correctamente desde kamae, puede tener consecuencias años después cuando intentéis realizar una proyección, una entrada con espada o un kata de una ryūha determinada.

Aprender a caminar otra vez

A veces digo que cuando una persona empieza determinadas artes tradicionales tiene que aprender parcialmente a caminar otra vez.

Naturalmente todos sabéis caminar.

Habéis recorrido miles de kilómetros durante vuestra vida.

Pero caminar normalmente y desplazarse dentro de una situación marcial no son exactamente la misma cosa.

En el entrenamiento necesitamos aprender a movernos manteniendo determinadas relaciones entre equilibrio, estructura, distancia y capacidad de reacción.

Esto puede resultar extraño al principio porque vuestro cuerpo ya posee hábitos muy establecidos.

Cuando os digo que mováis un pie de una determinada manera, vuestro cuerpo intenta regresar inmediatamente a aquello que lleva décadas haciendo.

Entonces empezáis a pensar demasiado.

Miraréis los pies.

Olvidaréis las manos.

Cuando os recuerde las manos perderéis la postura.

Cuando recuperéis la postura os olvidaréis de respirar.

Todo esto forma parte del proceso.

No significa que tengáis poca coordinación.

Significa que estáis intentando construir un patrón nuevo sobre hábitos que ya existen.

La única manera de conseguirlo es mediante repetición consciente.

No mediante una repetición vacía, sino prestando atención a aquello que estamos intentando modificar.

Taihenjutsu y ukemi no son contenidos secundarios

Otro ejemplo muy claro aparece con taihenjutsu y con las formas de recibir el suelo.

El programa introductorio de Kobukan incluye específicamente taihenjutsu entre los temas fundamentales de Shokyū, junto con kamae, métodos básicos de golpeo y recepción y conceptos iniciales de grappling.

Hay alumnos que consideran las caídas como una especie de requisito previo aburrido que hay que superar antes de empezar el verdadero entrenamiento.

Quiero que abandonéis esa idea.

Si no sabéis recibir una pérdida de equilibrio, vuestra capacidad de entrenar técnicas de proyección estará limitada.

Si cada vez que vuestro cuerpo se acerca al suelo aparece miedo, rigidez o una reacción descontrolada, vuestra atención deja de estar disponible para estudiar la técnica.

Por el contrario, cuando desarrolláis progresivamente una capacidad razonable para caer, rodar y recuperar vuestra posición, vuestro cuerpo dispone de más opciones.

Además, aprender a recibir correctamente protege vuestro entrenamiento a largo plazo.

No necesitamos que alguien aguante una caída incorrecta cien veces para demostrar que tiene espíritu marcial.

Necesitamos que pueda seguir entrenando.

Por eso el ukemi no es un contenido que dejamos atrás cuando conseguimos un grado superior.

Evoluciona junto con nosotros.

Un principiante aprende primero a protegerse.

Un practicante con más experiencia empieza también a comprender cómo conservar orientación, cómo acompañar una fuerza, cómo recuperar posición y cómo seguir percibiendo lo que ocurre durante una pérdida de equilibrio.

La misma base adquiere profundidad.

Maai: una técnica empieza antes del contacto

Si tuviera que elegir uno de los errores que más condicionan a un principiante, probablemente colocaría la distancia entre los primeros.

Podéis conocer perfectamente la secuencia de una técnica y, sin embargo, empezar desde un lugar desde el cual esa técnica ya no tiene sentido.

Entonces intentáis corregir el problema con las manos.

Agarráis más fuerte.

Tiráis más.

Os inclináis.

Dais un paso adicional en mitad del movimiento.

Y todo comienza a deteriorarse porque el verdadero error ocurrió antes.

Por eso Kobukan incluye expresamente el trabajo de distancing, la distancia, dentro del núcleo de la formación Shokyū.

Quiero que aprendáis progresivamente que maai no es solamente una medida en centímetros.

Es la relación espacial que existe entre vosotros y la otra persona, y esa relación cambia según el ataque, la posición, el arma, el movimiento y aquello que intentamos conseguir.

Una distancia que puede ser adecuada para una acción puede ser completamente equivocada para otra.

Con un hanbō cambia.

Con un bō cambia todavía más.

Con espada vuelve a cambiar.

Incluso a mano vacía, la distancia necesaria para golpear no es necesariamente la misma desde la que queremos realizar un determinado control.

Por eso aprender maai no consiste en memorizar una distancia fija.

Consiste en desarrollar progresivamente la capacidad de reconocer dónde estamos y qué posibilidades existen desde ahí.

El ataque también es un fundamento

Otra cosa que suele sorprender a los principiantes es la importancia que doy a aprender a atacar correctamente.

Algunos piensan que, como estamos practicando la defensa o la respuesta, el ataque de uke no necesita demasiada atención.

Es exactamente al contrario.

Si el ataque no tiene estructura, dirección o intención suficiente, estamos proporcionando información falsa al compañero.

Imaginad que queremos estudiar cómo responder a un empuje, pero uke extiende simplemente el brazo sin trasladar ninguna intención real hacia nosotros.

La persona que practica la respuesta aprenderá a resolver algo que nunca tuvo capacidad para afectarla.

Después, cuando la fuerza sea diferente, descubrirá que muchos de los movimientos que parecía dominar ya no funcionan igual.

Esto no significa que un principiante tenga que atacar con toda su fuerza.

Sería absurdo.

La intensidad debe ajustarse al nivel del ejercicio y al nivel del compañero.

Pero incluso un ataque lento puede tener una dirección clara y una estructura correcta.

Aprender a atacar es también aprender.

Con el tiempo vais a descubrir que un buen uke ofrece justamente la cantidad de información necesaria para que tori pueda estudiar.

No regala la técnica.

Tampoco destruye el ejercicio.

Primero control, después velocidad

Otro error habitual es querer realizar las técnicas rápidamente porque, desde fuera, velocidad y eficacia parecen estar relacionadas.

Evidentemente una acción marcial no puede ejecutarse siempre a cámara lenta.

Pero durante el aprendizaje necesitamos distinguir entre velocidad y precipitación.

Si todavía no sabéis dónde colocar los pies, aumentar la velocidad solamente hará que los coloquéis mal con mayor rapidez.

Si no controláis la trayectoria de un golpe, ejecutarlo más fuerte no corregirá la trayectoria.

Si no podéis realizar un movimiento manteniendo vuestra estructura a velocidad moderada, es muy poco probable que una velocidad superior cree mágicamente esa estructura.

Por eso, cuando os pido que trabajéis despacio, no estoy diciendo que una situación real ocurra lentamente.

Estoy creando unas condiciones en las que podéis observar.

A medida que el movimiento mejora podemos aumentar el ritmo.

Entonces aparecen nuevos problemas.

El timing se vuelve más importante.

La anticipación cambia.

La reacción de uke cambia.

La distancia se vuelve más difícil de corregir.

Y ahí comienza otro nivel del aprendizaje.

El propio currículo de Kobukan está diseñado de manera progresiva: Shokyū establece la base, mientras que Chūkyū empieza a poner esas habilidades fundamentales bajo condiciones más dinámicas.

Existe una razón pedagógica para ese orden.

Primero precisión, después libertad

Muchos alumnos sienten muy pronto el deseo de variar una técnica.

Esto es especialmente frecuente cuando alguien ya posee experiencia anterior.

Realiza dos o tres repeticiones y enseguida empieza a añadir movimientos.

Cambia la entrada.

Cambia el final.

Introduce otro control.

Y a veces la variación puede ser perfectamente válida desde el punto de vista práctico.

Pero quiero haceros una pregunta:

¿qué estamos entrenando?

Si todavía no sois capaces de reproducir la forma que estoy intentando enseñaros, vuestra variación no demuestra necesariamente comprensión.

Puede demostrar simplemente que habéis regresado a aquello que ya sabíais hacer.

Por eso durante las primeras etapas insisto tanto en seguir la forma.

No porque crea que un kata debe convertirse en una cárcel.

Precisamente al contrario.

La forma nos proporciona un punto de referencia común.

Si todos hacemos algo completamente diferente desde el principio, no podemos distinguir qué pertenece al kata, qué constituye una aplicación y qué es una preferencia individual.

La filosofía que hemos definido para Shingankan insiste precisamente en estudiar cada ryūha respetando su identidad, utilizando el kata como eje y dejando que la aplicación práctica surja del estudio de sus principios.

Primero necesitamos conocer aquello que estamos variando.

Después la libertad tiene sentido.

Los fundamentos nos permiten reconocer las diferencias entre ryūha

Aquí llegamos a algo que será cada vez más importante según avancéis.

Ya os expliqué que dentro de nuestro entrenamiento estudiamos diferentes ryūha y que no quiero que las presentemos como si fueran un único sistema.

Cada escuela posee su propia identidad, y nuestra responsabilidad consiste en intentar comprender esa identidad en lugar de mezclar inmediatamente todo aquello que nos resulte parecido. Esta orientación forma parte expresamente de la filosofía de Shingankan.

Pero ¿cómo vais a reconocer las diferencias entre escuelas si todavía no podéis percibir vuestro propio cuerpo?

Si no sabéis observar vuestra distancia, será difícil comprender por qué una ryūha utiliza una relación espacial determinada.

Si todavía no distinguís cuándo vuestro equilibrio cambia, será difícil analizar cómo otra escuela trabaja kuzushi.

Si no tenéis una referencia básica de kamae, no podréis apreciar correctamente qué cambia cuando una escuela utiliza una posición diferente.

Por eso los fundamentos no nos alejan de las ryūha.

Nos preparan para poder verlas.

Un principiante puede mirar dos kata y pensar que son prácticamente iguales.

Un practicante experimentado puede observar diferencias importantes en la estructura, el desplazamiento, el ritmo o la estrategia.

La capacidad de percibir esas diferencias se construye entrenando fundamentos durante mucho tiempo.

Las armas hacen todavía más visibles los errores básicos

Cuando empezamos a trabajar con armas, muchos problemas fundamentales se amplifican.

Una mala posición corporal que a mano vacía apenas percibís puede convertirse en una trayectoria muy deficiente con un rokushaku bō.

Un error pequeño de distancia se vuelve mucho más evidente cuando aparece una espada.

Una mala distribución del peso puede limitar completamente vuestra capacidad para cambiar de dirección con un arma larga.

Por eso no debéis entender el entrenamiento de armas como una disciplina completamente separada de la base corporal.

El arma nos proporciona otro contexto dentro del cual comprobar aquello que estamos desarrollando.

Si vuestro taijutsu mejora, normalmente dispondréis de mejores herramientas para estudiar las armas.

Y las armas, a su vez, pueden revelar deficiencias de vuestro taijutsu que a mano vacía conseguíais ocultar.

Existe una conversación continua entre ambas cosas.

La fuerza no debe convertirse en una solución universal

Quiero hablar también de la fuerza porque existe mucha confusión alrededor de este tema.

No voy a deciros que la fuerza no importa.

Importa.

Una persona fuerte dispone de una capacidad física real que debemos reconocer.

Tampoco quiero que desarrolléis una técnica que solamente funcione cuando el otro es más pequeño, más lento y más débil.

Pero existe una diferencia entre utilizar fuerza y depender de ella para solucionar todos nuestros errores.

Cuando algo no funciona, el principiante suele aumentar inmediatamente la tensión muscular.

Aprieta.

Tira.

Empuja más.

A veces consigue terminar la técnica.

Entonces piensa que ha encontrado la solución.

El problema es que quizá no haya corregido nada.

Simplemente ha utilizado una capacidad física adicional para atravesar el error.

Por eso, durante determinadas fases del entrenamiento, puedo pediros que reduzcáis fuerza.

No porque quiera eliminarla de las artes marciales.

Quiero que descubráis qué parte del resultado procede de vuestra posición, qué parte de la estructura, qué parte del ángulo, qué parte del desequilibrio y qué parte depende exclusivamente de vuestra capacidad muscular.

Después podremos volver a introducir intensidad.

Si una técnica bien organizada funciona y además disponéis de fuerza, mejor.

Pero si solamente funciona porque sois más fuertes que vuestro compañero, vuestro conocimiento tiene un límite muy claro.

La tensión innecesaria os roba información

Este es otro fundamento que necesitaréis años para desarrollar.

Cuando una persona comienza, es frecuente que utilice demasiada tensión.

Los hombros se elevan.

Las manos agarran excesivamente.

Los brazos se endurecen.

La respiración se bloquea.

Todo el cuerpo intenta participar simultáneamente.

Es comprensible porque el cerebro todavía no sabe exactamente qué músculos necesita utilizar y cuáles puede dejar tranquilos.

Pero esa tensión produce un problema adicional.

Reduce vuestra sensibilidad.

Cuando apretáis todo, sentís menos.

Es como intentar leer una página mientras alguien está gritando a vuestro lado.

Hay demasiada información innecesaria.

Con el tiempo intentaremos que aprendáis a utilizar la cantidad de tensión necesaria para la acción y no mucha más.

Esto no significa estar blando o pasivo.

Significa organizar el cuerpo de manera más eficiente.

Es una diferencia importante.

La respiración también forma parte de vuestra estructura

No quiero convertir la respiración en algo esotérico.

Respiráis porque estáis vivos.

Pero merece vuestra atención porque el principiante tiene una tendencia muy frecuente a contener el aire cuando intenta realizar algo difícil.

Lo podéis observar fácilmente.

Aparece un movimiento nuevo.

Os concentráis.

Apretáis las manos.

Subís los hombros.

Y dejáis de respirar durante varios segundos.

Cuando el movimiento termina soltáis todo el aire.

No es una buena manera de trabajar durante mucho tiempo.

La respiración afecta a vuestra tensión, vuestro ritmo y vuestra capacidad para mantener esfuerzo.

Por eso, mientras aprendéis los fundamentos, empezad también a observar si estáis respirando de manera natural.

No necesitáis realizar ninguna práctica complicada.

Simplemente no olvidéis respirar porque estáis pensando en demasiadas cosas al mismo tiempo.

Repetir no significa repetir el mismo error

Cuando hablamos de fundamentos inevitablemente hablamos de repetición.

Pero existe una mala manera de repetir.

Si os digo que vuestro pie está demasiado abierto y realizáis veinte repeticiones sin modificarlo, no habéis practicado veinte veces la técnica.

Habéis practicado veinte veces el error.

La repetición solamente resulta útil cuando existe algún tipo de observación y corrección.

Por eso quiero que aprendáis a trabajar con pequeñas metas.

No intentéis corregir todo vuestro cuerpo al mismo tiempo.

Si os digo que observéis la posición de la rodilla, concentraos durante varias repeticiones en esa rodilla.

Después puede que corrijamos vuestra espalda.

Más tarde la distancia.

El conocimiento corporal se construye por capas.

No existe otra manera realista de hacerlo.

No confundáis familiaridad con dominio

Este punto es especialmente importante después de unos meses.

Al principio todo parece nuevo.

Entonces prestáis mucha atención.

Después empezáis a reconocer los ejercicios.

«Esto ya lo hemos hecho.»

Precisamente en ese momento puede empezar un problema.

La familiaridad produce una sensación engañosa de dominio.

Como ya reconocéis el movimiento, dejáis de observarlo.

Y entonces repetís exactamente la misma versión durante meses.

Por eso he explicado públicamente que uno de los errores más frecuentes que observo en quienes comienzan es querer avanzar demasiado deprisa, buscando continuamente técnicas nuevas antes de haber comprendido las anteriores. En una escuela tradicional, el progreso no debería medirse simplemente por la cantidad de kata que uno ha visto, sino por la profundidad con la que empieza a comprenderlos.

Quiero que aprendáis a regresar.

Volver a kamae.

Volver a ukemi.

Volver al desplazamiento.

Volver a un ataque básico.

Volver a un kata que conocéis.

Y preguntaros:

«¿Qué puedo hacer ahora mejor que hace seis meses?»

Esa pregunta tiene mucho más valor que:

«¿Cuál es la siguiente técnica?»

Lo básico cambia según cambia vuestro nivel

Esto es algo que solamente se comprende realmente después de años de entrenamiento.

Al principio trabajáis kamae para saber dónde poner los pies.

Más adelante trabajáis kamae para comprender estructura.

Después para comprender transición.

Después para comprender estrategia.

La palabra sigue siendo la misma.

El objeto de estudio parece el mismo.

Pero vuestra pregunta ha cambiado.

Con ukemi ocurre exactamente igual.

Al principio queréis simplemente no haceros daño al caer.

Más adelante queréis mantener orientación.

Después queréis recuperar posición.

Después queréis comprender qué información estáis recibiendo durante la técnica.

Lo mismo sucede con maai.

Al principio intentáis encontrar una distancia aproximadamente correcta.

Con los años empezáis a manipular esa distancia.

Los fundamentos no son peldaños que desaparecen después de pisarlos.

Son elementos a los que regresamos con una comprensión diferente.

Por eso los practicantes experimentados continúan haciendo kihon.

No porque hayan olvidado las técnicas avanzadas.

Porque ahora pueden encontrar dentro de esos fundamentos cosas que un principiante todavía no puede ver.

El currículo de Kobukan está organizado precisamente con esta lógica

Quiero que sepáis que esta insistencia no es simplemente una preferencia mía dentro de Shingankan.

La estructura oficial actual de Kobukan organiza los niveles kyū como una progresión destinada a internalizar primero las habilidades y técnicas fundamentales necesarias para comprender y aplicar posteriormente Jūjutsu y Ninpō. Shokyū, que comprende los niveles iniciales de 9.º a 7.º kyū, establece la base; Chūkyū continúa desarrollándola bajo condiciones progresivamente más dinámicas, y Jōkyū completa la formación fundamental previa al estudio posterior de niveles más avanzados.

Además, Kobukan establece expresamente que la progresión debe basarse en competencia y comprensión demostradas, no simplemente en haber pasado determinada cantidad de tiempo dentro de un grado.

Esto tiene sentido.

Podéis asistir durante un año.

Pero si durante ese año no habéis construido determinadas capacidades, el calendario por sí solo no las va a crear.

El tiempo es necesario.

Pero el tiempo necesita entrenamiento.

Vuestro objetivo inicial no es parecer avanzados

Si estáis empezando, no quiero que intentéis parecer practicantes avanzados.

Quiero que construyáis una buena etapa de principiante.

Hay mucha dignidad en ser principiante cuando uno está aprendiendo seriamente.

No tenéis que conocer todas las respuestas.

No tenéis que hacer movimientos espectaculares.

No necesitáis intentar trabajar a la velocidad de un alumno que lleva diez años.

Necesitáis construir vuestra base.

Una postura un poco mejor.

Un desplazamiento un poco más estable.

Una caída más segura.

Una distancia más correcta.

Un ataque más coherente.

Menos tensión.

Más capacidad para escuchar una corrección y modificar lo que estáis haciendo.

Eso es progreso real.

Y todas esas pequeñas mejoras, acumuladas durante suficiente tiempo, empiezan a producir algo que desde fuera parece muy diferente.

La técnica empieza a ser menos forzada.

El cuerpo empieza a moverse de manera más coherente.

Necesitáis pensar menos en cada detalle.

Entonces queda atención disponible para otras cosas.

Ahí empieza el siguiente nivel.

El propósito de los fundamentos es daros libertad

Puede parecer paradójico, pero toda esta disciplina inicial tiene finalmente un objetivo muy relacionado con la libertad.

Cuando todavía no domináis los fundamentos, tenéis pocas opciones.

Si perdéis el equilibrio, vuestra técnica queda condicionada.

Si no podéis caer, tenéis miedo de determinadas situaciones.

Si no entendéis distancia, dependéis de que el compañero se coloque donde esperáis.

Si solamente podéis utilizar fuerza, dependéis de ser más fuertes.

Si únicamente podéis ejecutar una secuencia memorizada, dependéis de que uke haga exactamente aquello que habéis previsto.

Cada fundamento que desarrolláis elimina poco a poco una de esas dependencias.

Una mejor estructura os proporciona más posibilidades.

Un mejor ukemi os permite recibir situaciones que antes os bloqueaban.

Un mejor maai os permite elegir cuándo entrar y cuándo salir.

Una mejor percepción del equilibrio os permite utilizar menos esfuerzo.

Una mejor comprensión del kata os proporciona herramientas para adaptaros sin perder completamente aquello que estabais estudiando.

Por eso los fundamentos no son una limitación.

Son precisamente lo que hará posible que algún día tengáis verdadera capacidad de adaptación.

Por eso os haré repetir

Volveréis a escucharme decir muchas veces:

«Otra vez.»

No porque crea que la cantidad por sí sola produzca conocimiento.

Os pediré que repitáis porque el cuerpo necesita experiencias.

Necesita equivocarse.

Necesita recibir información.

Necesita corregirse.

Necesita comparar una repetición con la siguiente.

Habrá días en los que una técnica parezca funcionar perfectamente y una semana después parecerá haber desaparecido.

No os preocupéis demasiado.

El aprendizaje corporal no es una línea recta.

Hay periodos en los que parece que avanzamos rápidamente y otros en los que tenemos la sensación de estar exactamente en el mismo lugar.

Seguid trabajando.

Muchas veces el progreso que no podéis ver todavía está ocurriendo precisamente en esos periodos.

Si queréis avanzar, aprended a regresar

Quiero terminar esta clase con una idea que considero fundamental después de muchos años de entrenamiento.

Un buen practicante no es solamente alguien que sabe avanzar hacia material cada vez más complejo.

También es alguien que sabe regresar a lo esencial sin sentir que está perdiendo el tiempo.

Volver a kamae.

Volver a desplazarse.

Volver a caer.

Volver a golpear correctamente.

Volver a observar maai.

Volver a una técnica aparentemente sencilla y descubrir que todavía contiene problemas que no habíamos visto.

En mi propia trayectoria llegó un momento en el que comprendí que el objetivo ya no consistía en aprender cada vez más técnicas, sino en comprender con mayor profundidad aquellas que llevaba años entrenando. Ese cambio de perspectiva transformó mi manera de estudiar, y es también una de las razones por las que en Shingankan insistimos tanto en profundidad, kata y fundamentos en lugar de perseguir continuamente cantidad.

Por eso, cuando durante vuestra primera etapa os pida que hagáis una vez más una postura, una caída, un desplazamiento o un ejercicio que ya habéis realizado muchas veces, no penséis que todavía no habéis llegado a la parte importante.

Ya estáis en la parte importante.

Aquello que construyáis aquí estará presente más adelante en cada kata que estudiéis, en cada ryūha que intentéis comprender, en cada arma que utilicéis y en cada situación en la que necesitéis adaptar aquello que habéis aprendido.

Las técnicas avanzadas llegarán.

Las armas llegarán.

Los kata más complejos llegarán.

Pero cuando lleguen quiero que encuentren un cuerpo preparado para estudiarlos, porque la verdadera cuestión no consiste en cuánto material podemos enseñaros, sino en cuánto de ese material sois capaces de comprender, integrar y conservar mediante vuestro propio entrenamiento.

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