¿Por qué he elegido Kobukan Kobudō Renmei como mi camino a seguir?
05 sept 2026, 05:17
Cuando alguien me pregunta por qué, después de tantos años dentro de las artes marciales japonesas, he elegido Kobukan Kobudō Renmei como el camino que quiero seguir, no puedo responder simplemente diciendo que me gusta su programa técnico o que me identifico con su manera de organizar el entrenamiento, porque mi decisión nació de algo bastante más personal y, sobre todo, de algo que para mí tiene cada vez más importancia después de décadas practicando: necesitaba encontrar una transmisión en la que pudiera continuar aprendiendo de verdad, sin tener la sensación de que determinadas enseñanzas se mantienen artificialmente fuera del alcance del alumno y sin separar el kata tradicional de la realidad marcial para la que fue creado.
Mi trayectoria comenzó mucho antes de Kobukan, cuando empecé jūdō siendo niño, alrededor de los nueve años, y continuó posteriormente a través del jūjutsu moderno y de mi entrada en las artes vinculadas al Takamatsu-den. Tuve un breve contacto con Bujinkan, pero la parte más larga de aquella etapa se desarrolló durante más de veinte años dentro de Genbukan, de manera que cuando finalmente llegué a Kobukan no era precisamente una persona que estuviera empezando a descubrir las artes marciales japonesas ni alguien que buscara una organización nueva porque quisiera cambiar simplemente de ambiente.
Había acumulado muchos años de entrenamiento, había trabajado numerosas kata, había enseñado durante mucho tiempo y tenía una idea bastante clara de aquello que me interesaba y, quizá todavía más importante, de aquello que ya no estaba buscando.
No necesitaba coleccionar más técnicas, añadir nombres a una lista ni empezar una carrera para conseguir otro grado, porque después de tantos años uno termina comprendiendo que disponer de un currículo enorme no significa necesariamente comprender profundamente aquello que contiene. Lo que buscaba era una manera de continuar estudiando las ryūha, de volver sobre material que ya conocía y descubrir si realmente lo había comprendido, y de encontrar una enseñanza en la que las explicaciones no terminaran justamente cuando empezaban a aparecer las preguntas verdaderamente interesantes.
La razón principal fue experimentar personalmente cómo enseña Kancho
Podría hablar del currículo de Kobukan, de las ryūha, de la organización internacional o de muchas otras cuestiones que considero importantes, pero si tengo que ser preciso respecto a lo que realmente inclinó la balanza, la respuesta es bastante clara: la forma de enseñar de Kancho James Wright fue una de las razones más importantes por las que decidí continuar mi camino dentro de Kobukan.
No hablo solamente de la capacidad técnica, porque después de muchos años practicando uno ha conocido buenos técnicos y ha visto personas capaces de realizar movimientos extraordinarios. Lo que me llamó la atención fue otra cosa: la voluntad de explicar aquello que estaba haciendo, de responder preguntas, de mostrar los detalles que normalmente determinan si una kata funciona o solamente parece funcionar y de no crear alrededor del conocimiento una barrera artificial destinada a mantener al alumno permanentemente dependiendo de una información que nunca termina de recibir.
Esto puede parecer una cuestión secundaria para alguien que empieza a entrenar, pero después de décadas dentro de las artes marciales adquiere una importancia enorme.
Existen tradiciones en las que determinadas enseñanzas se reservan legítimamente para etapas posteriores porque el alumno necesita primero una base que le permita comprenderlas, y eso lo considero perfectamente normal. No tendría ningún sentido enseñar un material avanzado a una persona que todavía no domina los fundamentos sobre los que ese material está construido.
Pero eso es muy diferente de convertir el conocimiento en una herramienta de poder.
Una cosa es decirle a un alumno que todavía no está preparado para algo y explicarle qué necesita desarrollar antes de llegar allí, mientras que otra muy distinta consiste en mantener constantemente la sensación de que existe un nivel oculto de enseñanza al que nunca termina de acceder por completo.
Con Kancho encontré una actitud diferente.
En el primer gran evento de Kobukan de 2023, la propia organización recogió una frase suya que resume perfectamente esa filosofía: no veía razón para mantener “secretos” y su intención era enseñar sin reservar deliberadamente el contenido. Esa filosofía continúa apareciendo actualmente en la descripción oficial del currículo de Kobukan, donde se habla expresamente de transmisión completa, sin barreras artificiales y sin ocultar deliberadamente información a los miembros.
Para mí aquello fue importante porque respondía a algo que llevaba bastante tiempo buscando.
Cuando un instructor demuestra una kata y, después de realizarla, explica qué está ocurriendo realmente con la distancia, qué está haciendo con la estructura del adversario, dónde se encuentra el punto decisivo y por qué una determinada posición tiene sentido, el alumno empieza a recibir algo más que una secuencia de movimientos.
Empieza a recibir criterios.
Y cuando alguien lleva muchos años entrenando, esos criterios resultan mucho más valiosos que aprender veinte técnicas nuevas.
Enseñar sin ocultar no significa regalar el conocimiento
También conviene aclarar algo porque la idea de “no ocultar nada” puede interpretarse mal.
No significa que un alumno que entra hoy en el dōjō vaya a comprender mañana todo aquello que un instructor ha tardado décadas en desarrollar, porque una parte enorme de las artes marciales no puede entregarse simplemente mediante una explicación verbal.
Puedo explicarle a un alumno exactamente qué debería hacer con su cuerpo durante una técnica y, aun así, necesitará cientos o miles de repeticiones hasta empezar a hacerlo de manera natural. Puedo enseñarle una diferencia de maai y mostrarle por qué está entrando demasiado lejos, pero solamente la práctica continuada hará que empiece a reconocer esa distancia sin tener que calcularla conscientemente.
La diferencia consiste en que no estamos escondiendo deliberadamente la respuesta.
Si conozco un detalle que puede ayudar al alumno y ese alumno posee la base necesaria para comprenderlo, no veo ninguna ventaja pedagógica en obligarle a pasar años intentando descubrirlo solamente porque alguien decidió convertirlo en un secreto.
Después tendrá que trabajarlo.
Tendrá que equivocarse.
Tendrá que practicar.
Y probablemente necesitará mucho tiempo antes de poder utilizarlo correctamente.
Nada de eso desaparece porque el instructor haya explicado la información.
De hecho, creo que sucede lo contrario, porque cuando sabemos qué estamos intentando desarrollar podemos utilizar mucho mejor las horas que pasamos en el dōjō.
Esta manera abierta de transmitir es una de las características que Kobukan declara oficialmente como parte de su identidad, hasta el punto de definir la organización como un entorno en el que la profundidad del conocimiento de Kancho va acompañada de una voluntad expresa de compartirlo ampliamente con los miembros.
La segunda gran razón fue ver la aplicación práctica
La otra razón que para mí tuvo muchísimo peso fue comprobar cómo Kancho relacionaba el kata tradicional con su aplicación práctica.
Siempre he considerado que preservar el kata es fundamental, precisamente porque el kata contiene la estructura técnica y estratégica de la ryūha, pero también creo que corremos un riesgo cuando el entrenamiento termina en la reproducción exterior de la forma y nadie se pregunta qué ocurriría si la persona que tenemos delante no colaborase exactamente como esperamos.
Eso no significa que debamos convertir una ryūha tradicional en MMA ni que tengamos que realizar cada kata a máxima velocidad intentando vencer al compañero.
Sería absurdo.
El kata necesita unas condiciones determinadas para poder estudiarse, porque estamos aprendiendo distancias, movimientos, principios y estrategias que requieren precisión antes de poder someterlos a presión.
Sin embargo, una vez que conocemos la estructura, tenemos que entender qué está haciendo realmente.
Ahí fue donde la enseñanza de Kancho me llamó especialmente la atención.
No se limitaba a mostrar el kata y continuar con el siguiente, sino que explicaba cómo se aplicaba, qué ocurría cuando aparecía resistencia, cómo podía cambiar la situación y qué elementos de la forma debían mantenerse para que la técnica siguiera teniendo sentido.
La metodología oficial actual de Kobukan describe exactamente esta progresión: aprender primero kata y kihon, estudiar después su aplicación táctica y someter progresivamente los principios a ejercicios con resistencia, escenarios y randori, de manera que la tradición se preserve sin convertir el kata en una simple representación formal.
Ese equilibrio me interesa muchísimo.
No quiero una tradición en la que todo se modifique hasta que resulte irreconocible, pero tampoco quiero una tradición en la que nadie se atreva a preguntar qué sucede cuando uke cambia su comportamiento.
Ambas cosas pueden convivir.
De hecho, pienso que deberían hacerlo.
Una kata tiene que explicar un problema marcial
Cuando enseño actualmente una kata en Shingankan Dōjō intento que los alumnos comprendan precisamente esto, porque memorizar la secuencia es solamente la primera parte del trabajo.
Si estamos trabajando una técnica y el alumno sabe que debe mover el pie derecho, levantar el brazo, controlar una articulación y terminar con una proyección, naturalmente tiene que aprender ese orden correctamente, pero después debemos preguntarnos por qué está moviendo precisamente ese pie, qué habría ocurrido si hubiera permanecido donde estaba, por qué el control aparece en ese momento y qué situación ha creado uke para que esa respuesta tenga sentido.
En cuanto hacemos esas preguntas, la kata deja de ser una lista de movimientos.
Empieza a convertirse en un problema marcial.
Eso fue algo que encontré con mucha claridad en la enseñanza de Kancho y que tuvo bastante influencia en mi decisión.
No se trataba de rechazar el kata tradicional para buscar algo supuestamente más moderno, sino exactamente de lo contrario: estudiar el kata con suficiente profundidad como para comprender para qué está construido.
Cuando una persona consigue mostrarte la forma tradicional y, a continuación, hacerte sentir por qué funciona, la percepción cambia completamente.
A veces basta una pequeña corrección.
Unos centímetros en la posición del pie.
Una dirección distinta de presión.
Un instante menos de espera.
Una forma diferente de recibir el peso del compañero.
La técnica que llevabas años haciendo continúa teniendo el mismo nombre y exteriormente incluso puede parecer casi idéntica, pero de repente funciona de otra manera.
Esos son los momentos que todavía busco después de tantos años.
El contacto personal fue decisivo
Hay, además, una parte que no puede explicarse mediante currículos, páginas web ni documentos oficiales, porque una organización marcial está formada por personas y la impresión que uno obtiene cuando las conoce personalmente tiene muchísimo peso.
Conocer a Kancho James Wright personalmente fue importante para mí.
Puedes ver vídeos de una persona durante años y formarte una opinión, pero entrenar con ella, hablar fuera del tatami, hacer preguntas, observar cómo se relaciona con alumnos e instructores y comprobar cómo responde cuando alguien no entiende algo proporciona una imagen muy distinta.
En mi caso, aquella experiencia reforzó considerablemente la impresión que ya tenía sobre su enseñanza.
Además, no conocí solamente a Kancho.
Tuve la oportunidad de compartir entrenamiento y tiempo con otros instructores y compañeros de Kobukan, entre ellos Ian, Baard y otros miembros de la organización, y eso también influyó mucho en mi percepción de lo que Kobukan podía representar para mí a largo plazo.
Ian Thomas, por ejemplo, ocupa actualmente el cargo de Kyōshi y Shibu-chō europeo dentro de Kobukan y dirige el trabajo de la organización en Chester; la documentación oficial lo presenta además como anfitrión del Taikai europeo de 2026.
Pero independientemente de cargos y grados, lo que me interesaba era el ambiente entre las personas.
Después de tantos años no quiero pertenecer a una organización en la que cada encuentro entre instructores se convierta en una competición silenciosa para demostrar quién posee más conocimiento, quién tiene mejor grado o quién está más cerca del maestro.
Quiero poder entrenar.
Quiero poder preguntar.
Quiero que otro instructor pueda mostrarme algo sin pensar que está perdiendo una ventaja y poder hacer exactamente lo mismo con él.
La estructura jerárquica tiene sentido dentro de un arte tradicional, porque alguien tiene que asumir la dirección técnica y alguien tiene que enseñar, pero esa jerarquía no debería impedir que exista compañerismo.
La cultura oficial de Kobukan pone bastante énfasis precisamente en ese ambiente de apoyo, ausencia de ego innecesario y colaboración entre sus miembros e instructores.
En mi experiencia personal, pude reconocer esa intención cuando conocí a las personas que estaban detrás de la organización, y eso pesa mucho más que leerlo en una declaración institucional.
Después de muchos años uno aprende a observar al profesor de otra manera
Cuando tenía veinte años podía impresionarme fácilmente una demostración espectacular.
Actualmente observo otras cosas.
Observo si el instructor puede explicar por qué hace algo.
Observo si responde una pregunta directamente o la evita detrás de conceptos vagos.
Observo si una técnica continúa teniendo sentido cuando el compañero deja de comportarse exactamente como estaba previsto.
Observo cómo trata a las personas que saben menos.
Observo también si puede admitir que una cuestión necesita estudiarse más, porque ningún instructor serio tiene todas las respuestas.
Y quizá, por encima de todo, observo si después de entrenar con esa persona tengo ganas de regresar al dōjō y revisar cosas que creía conocer.
Eso fue lo que ocurrió conmigo en Kobukan.
No salí pensando que todo aquello que había hecho anteriormente estaba equivocado, porque sería absurdo después de tantos años y tampoco sería cierto.
Salí pensando que había encontrado una manera de continuar profundizando.
Para mí existe una diferencia enorme entre ambas cosas.
Mi pasado en Genbukan forma parte de este camino
A veces, cuando una persona cambia de organización después de permanecer muchos años en otra, parece que exista la obligación de criticar todo aquello que deja atrás para justificar la decisión.
No comparto esa manera de pensar.
Mi larga etapa en Genbukan es una parte fundamental de mi formación y sería imposible entender mi trayectoria actual sin esos años.
Allí entrené, aprendí y desarrollé una parte muy importante de mi conocimiento del Takamatsu-den.
No tengo necesidad de borrar esa historia para explicar por qué estoy ahora en Kobukan.
Precisamente porque he pasado muchos años entrenando puedo comparar experiencias con bastante más criterio que cuando empezaba.
Y precisamente por eso determinadas características de Kobukan adquirieron para mí tanta importancia.
La apertura en la enseñanza.
La posibilidad de entrenar directamente con Kancho.
La explicación de la aplicación práctica.
La relación entre kata y resistencia.
El acceso al material técnico.
El contacto con otros instructores.
Todo ello respondía a preguntas que probablemente no habría tenido de la misma manera treinta años atrás.
Llegué con experiencia, pero tenía que volver a ser alumno
Una de las cosas que considero más peligrosas cuando llevamos muchos años entrenando es entrar en una nueva etapa creyendo que nuestra experiencia anterior nos permite saltarnos el aprendizaje.
No funciona así.
Cuando entré en Kobukan llevaba conmigo todo lo aprendido anteriormente, naturalmente, pero tenía que entender cómo se transmitía el currículo dentro de Kobukan y qué esperaba Kancho de cada técnica.
Esto requiere una cierta disposición a corregirse.
Hay momentos en los que alguien te muestra una kata que conoces desde hace veinte años y tu primera reacción interior es pensar que ya sabes hacerla.
Precisamente ahí hay que tener cuidado.
Quizá conozco una versión.
Quizá entiendo gran parte de la técnica.
Quizá incluso pueda ejecutarla razonablemente bien.
Pero si estoy entrenando con alguien de quien he decidido aprender, tengo que intentar ver primero aquello que me está mostrando antes de convertir inmediatamente cada corrección en una comparación con mi experiencia anterior.
Esto es shoshin de una manera bastante más difícil que cuando somos principiantes.
El principiante tiene mente de principiante porque no le queda otra opción.
El instructor con décadas de experiencia tiene que elegir conscientemente volver a tenerla.
La posibilidad de preguntar cambia la manera de aprender
Otro aspecto que valoro especialmente de la enseñanza directa con Kancho es la posibilidad de preguntar.
Puede parecer algo completamente normal, pero no siempre lo es dentro de estructuras muy jerarquizadas.
Una pregunta técnica bien planteada no debería considerarse falta de respeto.
Al contrario, muchas veces demuestra que el alumno está prestando atención.
Si estoy realizando una kata y no entiendo por qué recibimos un ataque desde un determinado ángulo, quiero poder preguntarlo.
Si no comprendo por qué la versión que aparece en una transmisión determinada es distinta de otra que conocía anteriormente, quiero poder hablar sobre ello.
Y si existe una aplicación que no veo, quiero que mi profesor pueda mostrarme dónde estoy perdiendo el sentido de la técnica.
La accesibilidad directa a Kancho es, de hecho, uno de los elementos que la organización ha desarrollado deliberadamente mediante clases en directo, eventos internacionales, entrenamiento en Japón y material grabado procedente de sus propias clases, precisamente para mantener una fuente técnica común para alumnos e instructores de distintos países.
Para un instructor que vive en España y dirige su propio dōjō, esto tiene una enorme importancia.
Me permite continuar enseñando, pero también continuar siendo corregido.
No quiero convertirme solamente en el profesor de mis alumnos
Este punto para mí es fundamental.
Cuando diriges un dōjō existe un peligro silencioso: pasas muchas más horas enseñando que recibiendo enseñanza.
Tus alumnos te hacen preguntas.
Tú corriges.
Tú decides qué se trabaja.
Poco a poco puedes acostumbrarte a ocupar siempre el lugar de quien conoce la respuesta.
Si esa situación se mantiene durante años sin una fuente superior de corrección, es relativamente fácil empezar a desarrollar una versión cada vez más personal del arte sin darse cuenta.
Por eso necesito seguir teniendo un maestro.
Necesito que alguien mire lo que hago y me diga que algo no está bien.
Necesito volver a sentir ocasionalmente esa situación que conocen perfectamente mis alumnos cuando están convencidos de haber entendido una técnica y una pequeña corrección cambia todo.
Kancho cumple esa función para mí dentro de Kobukan.
Y la posibilidad de tener acceso directo a su enseñanza fue una razón muy importante para decidir que este era el entorno en el que quería continuar.
La aplicación práctica no significa abandonar la tradición
Quiero insistir en esto porque para mí define muy bien la razón por la que Kobukan encaja con mi manera de entender actualmente las artes marciales.
No elegí Kobukan porque quisiera dejar atrás el trabajo tradicional para hacer defensa personal moderna.
Precisamente continúo aquí porque quiero seguir estudiando las ryūha.
Lo que me interesa es que la tradición pueda explicarse también marcialmente.
Quiero saber cómo está construida la kata y respetar su forma, pero también quiero comprender qué está intentando conseguir.
Si una técnica contiene un kuzushi, quiero sentir dónde se produce.
Si una entrada depende del timing, quiero saber qué ocurre si llego tarde.
Si la posición de uke tiene una razón histórica o táctica, quiero conocerla.
Y si una kata solamente funciona porque uke se desplaza voluntariamente al lugar donde necesito que esté, entonces quiero descubrir qué no estoy entendiendo.
La entrevista oficial con Kancho refleja una postura muy parecida cuando explica que Kobukan conserva el kata tradicional, pero también muestra su aplicación táctica e incorpora entrenamiento frente a compañeros que ofrecen resistencia para evitar que el conocimiento quede limitado a condiciones completamente preestablecidas.
Para mí esa es una manera muy seria de respetar una tradición.
No aceptarla de forma ciega, sino estudiarla suficientemente para descubrir su lógica.
Una organización son también los compañeros con los que vas a crecer
Otro aspecto que quizá no valoramos suficientemente cuando somos jóvenes es que elegir una organización significa también elegir a las personas con las que probablemente compartiremos una parte importante de nuestro futuro marcial.
Los seminarios importan.
Las clases importan.
Los grados importan hasta cierto punto.
Pero al final son las personas las que hacen que quieras volver.
Conocer a Ian, a Baard y a otros instructores me permitió comprobar que Kobukan no era solamente James Wright Kancho y un currículo, sino una comunidad de personas con trayectorias propias, muchas de ellas con muchos años de experiencia, que habían decidido igualmente continuar aprendiendo dentro de una estructura común.
Eso crea conversaciones interesantes porque no estás rodeado exclusivamente de principiantes que esperan recibir información de ti.
Puedes entrenar con personas que tienen mucho que enseñarte.
Puedes intercambiar experiencias.
Puedes discutir una kata.
Puedes descubrir que alguien ha entendido un detalle de una manera que tú no habías considerado.
Y puedes hacerlo sin que esa diferencia tenga que convertirse en una lucha de egos.
Para mí esa posibilidad tiene muchísimo valor.
Por qué elegí Kobukan
Por eso, si alguien me obliga a reducir toda esta explicación a las razones verdaderamente decisivas, no empezaría hablando de grados, certificados ni siquiera de la cantidad de ryūha que podemos estudiar.
Empezaría por Kancho James Wright y su manera de enseñar.
La posibilidad de recibir una transmisión en la que el profesor explica abiertamente aquello que conoce, sin construir un sistema de secretos artificiales alrededor del alumno, fue una de las razones principales.
La segunda fue ver cómo esa enseñanza tradicional no terminaba cuando terminaba el kata, sino que continuaba hacia la explicación de su aplicación, hacia la resistencia, hacia el cambio de circunstancias y hacia la pregunta que para mí siempre debe acompañar a una técnica marcial: qué estamos haciendo realmente y por qué funciona.
La tercera fue conocer personalmente al hombre detrás del título de Kancho.
Y junto a él, conocer a Ian, a Baard y a otros compañeros e instructores que me hicieron sentir que estaba entrando en una organización en la que podía continuar aprendiendo sin necesidad de competir por demostrar cuánto sabía.
Todo lo demás vino después.
El currículo me interesa enormemente.
Las ryūha me interesan.
El trabajo de taijutsu, bōjutsu, hanbōjutsu y bikenjutsu me ofrece años de estudio.
La estructura de Kobukan me parece adecuada para la transmisión que quiero desarrollar en Shingankan Dōjō.
Pero ninguna de esas cosas habría sido suficiente por sí sola.
Lo decisivo fue comprobar personalmente cómo se transmitía aquello que estaba escrito en el currículo.
Después de más de medio siglo relacionado con las artes marciales, esa diferencia resulta para mí mucho más importante que cualquier lista de técnicas.
Ya no busco un lugar que me prometa que algún día me enseñará algo especial.
Busco un maestro dispuesto a enseñarme aquello que conoce y, después, exigirme que lo trabaje hasta comprenderlo.
No busco una tradición que tenga que protegerse evitando preguntas.
Busco una tradición suficientemente sólida como para soportarlas.
No busco abandonar el kata para demostrar que una técnica es práctica.
Quiero comprender el kata tan bien que pueda reconocer su aplicación cuando la situación deja de parecerse exactamente a la forma que aprendimos.
Y tampoco buscaba simplemente otra organización después de tantos años.
Buscaba personas con las que tuviera sentido continuar este camino.
Eso fue lo que encontré en Kobukan Kobudō Renmei, y por eso, teniendo en cuenta de dónde vengo, los años que llevo entrenando y lo que quiero seguir aprendiendo y transmitiendo, he elegido Kobukan como mi camino a seguir.
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