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Reihō: la etiqueta como parte del entrenamiento

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28 ago 2026, 07:27

Hoy quiero hablaros de algo que vais a encontrar desde vuestro primer día en Shingankan Dōjō y que, si permanecéis entrenando durante años, seguirá acompañándoos aunque vuestro nivel técnico cambie considerablemente. Me refiero al reihō, la etiqueta que regula nuestra manera de comportarnos dentro del dōjō y nuestra relación con el entrenamiento, con los compañeros, con quien enseña y con aquello que estamos estudiando.

Cuando alguien comienza en las artes marciales japonesas puede observar desde fuera una serie de comportamientos que le resultan extraños: reverencias, determinadas maneras de dirigirse al instructor, formas de comenzar y terminar una práctica, cuidado especial con el espacio de entrenamiento y una organización que no se parece exactamente a la de una actividad deportiva convencional. Si nadie explica por qué existen estas cosas, es muy fácil llegar a dos conclusiones equivocadas. Una consiste en pensar que todo es una representación folclórica heredada de Japón y que podría eliminarse sin cambiar realmente el entrenamiento; la otra consiste en convertir cada gesto en algo casi ceremonial y atribuirle un significado místico que nunca tuvo.

No quiero ninguna de las dos cosas.

Para mí, el reihō tiene una función concreta dentro del entrenamiento: crear la actitud adecuada para aprender y recordarnos constantemente que estamos trabajando dentro de una relación que exige respeto hacia quien enseña, hacia quien entrena con nosotros y hacia la tradición que intentamos estudiar. Esa es la manera en la que he definido públicamente su función dentro de Shingankan Dōjō, y sigue siendo exactamente como quiero que lo entendáis.

Kobukan Kobudō Renmei también coloca desde el comienzo la etiqueta dentro de los fundamentos de la formación. Su estructura oficial indica que el alumno que empieza debe familiarizarse no solamente con la base técnica, sino también con la estructura y la etiqueta que forman parte del entrenamiento de Kobukan, mientras que sus grupos y dōjō afiliados deben mantener ambientes de práctica seguros, limpios y respetuosos.

Por tanto, cuando hablamos de reihō no estamos hablando de algo añadido después de aprender las técnicas. Estamos hablando de una de las condiciones que hacen posible estudiarlas correctamente.

Qué significa realmente reihō

La palabra reihō, 礼法, puede traducirse de manera aproximada como «métodos de cortesía», «normas de etiqueta» o «formas del respeto». El carácter rei, 礼, está relacionado con cortesía, respeto y comportamiento apropiado, mientras que hō, 法, en este contexto, hace referencia a una forma, método o conjunto de principios.

Sin embargo, aprender la traducción no significa comprender todavía el concepto.

Podemos memorizar perfectamente cómo hacer una reverencia y no tener ningún respeto por la persona que tenemos delante. También podemos realizar todos los gestos correctamente mientras esperamos impacientemente que termine la ceremonia para volver a hacer lo que nos interesa. En ese caso hemos aprendido la forma exterior, pero no hemos comprendido su función.

Quiero que penséis en el reihō de una manera mucho más práctica.

Cuando entramos en el dōjō, no entramos en un espacio que utilizamos individualmente como si fuéramos los únicos que existen. Compartimos ese espacio con otras personas, algunas con más experiencia que nosotros y otras con menos, y dependemos de ellas para poder aprender. Utilizamos material común, trabajamos con armas de entrenamiento, practicamos técnicas que pueden producir lesiones si se realizan sin control y necesitamos ser capaces de escuchar instrucciones en el momento adecuado.

Todo esto exige una manera de comportarnos.

El reihō proporciona esa estructura.

La etiqueta comienza antes de hacer una reverencia

Quiero que entendáis esto porque es uno de los errores más frecuentes cuando se habla de etiqueta japonesa.

Muchas personas piensan que reihō significa saludar.

El saludo forma parte del reihō, pero el reihō es mucho más amplio que eso.

Podéis hacer una reverencia perfectamente y después entrenar de manera irresponsable con vuestro compañero. Podéis hacer una reverencia y no prestar atención durante una explicación. Podéis saludar al instructor y después ignorar las correcciones que os proporciona. Podéis conocer todas las fórmulas tradicionales y mantener un comportamiento que dificulta constantemente el entrenamiento de quienes están alrededor.

En todos esos casos la apariencia existe, pero la función del reihō se ha perdido.

Para mí, vuestra verdadera etiqueta se reconoce mucho más en la manera en que entrenáis que en la profundidad exacta de vuestra inclinación al saludar.

Se reconoce cuando trabajáis con alguien menos experimentado y adaptáis vuestra intensidad para permitirle aprender.

Se reconoce cuando alguien está explicando y vuestra atención permanece en aquello que se está enseñando.

Se reconoce cuando manejáis un arma de entrenamiento con la conciencia de que existen otras personas alrededor.

Se reconoce cuando alguien os corrige y sois capaces de probar esa corrección antes de empezar a justificar vuestra manera anterior.

Se reconoce cuando utilizáis el espacio y el material sabiendo que después otras personas van a necesitarlo.

Eso también es reihō.

El saludo no es una declaración de inferioridad

Como estamos hablando de etiqueta, tenemos que hablar también del rei, la reverencia.

Algunas personas occidentales sienten cierta incomodidad inicialmente porque interpretan el hecho de inclinarse ante otra persona como una declaración de inferioridad.

No es así como quiero que lo entendáis dentro de nuestro entrenamiento.

Cuando saludamos reconocemos una relación.

Si saludamos al instructor, reconocemos que en ese momento existe una relación entre quien enseña y quien está recibiendo la enseñanza.

Si saludamos a nuestro compañero, reconocemos que ambos vamos a trabajar juntos y que cada uno confía parcialmente su seguridad al otro.

Cuando el entrenamiento comienza y termina mediante una forma de saludo, estamos marcando también una transición: durante ese periodo nuestra atención se concentra en el keiko.

No necesitáis convertirlo en algo más complicado.

No estáis declarando que una persona posea mayor valor humano que vosotros.

Estáis reconociendo la función que cada uno ocupa dentro del entrenamiento.

Existe una diferencia enorme entre ambas cosas.

Respeto no significa obediencia ciega

También quiero ser especialmente claro sobre esto, porque el concepto de respeto ha sido utilizado de manera muy deficiente en algunas organizaciones marciales.

Respetar al instructor no significa considerar que el instructor nunca puede equivocarse.

No significa aceptar cualquier comportamiento porque alguien tenga un grado superior.

No significa renunciar a vuestra capacidad de pensar.

Yo quiero que penséis.

Quiero que hagáis preguntas.

Quiero que con el tiempo desarrolléis vuestra propia capacidad de análisis.

Lo que espero es que exista un orden lógico en ese proceso.

Si estáis aprendiendo algo por primera vez y todavía no comprendéis su funcionamiento, vuestra primera respuesta no debería ser modificarlo inmediatamente para adaptarlo a aquello que ya conocéis. Primero intentamos estudiar aquello que se nos está enseñando, después lo repetimos, después buscamos comprender qué principio contiene y, cuando existe suficiente base, podemos hacer preguntas cada vez más profundas.

Ese proceso no exige obediencia ciega.

Exige paciencia intelectual.

Del mismo modo, cuando os hago una corrección no os estoy pidiendo que adoptéis mi opinión personal como una verdad universal, sino que dentro de nuestra relación instructor-alumno probéis aquello que os estoy indicando, porque mi responsabilidad en ese momento es ayudaros a aproximaros al material que estamos estudiando.

Dentro de Kobukan existe precisamente esta necesidad de mantener una referencia técnica común. Los responsables de grupos y dōjō deben seguir el currículo oficial y mantener su enseñanza alineada con los estándares de la organización, mientras continúan formándose y manteniendo contacto con sus responsables técnicos.

Esto significa que tampoco el instructor debería comportarse como si pudiera hacer cualquier cosa simplemente porque ocupa la posición de sensei.

La transmisión genera responsabilidades en ambas direcciones.

El instructor tiene autoridad técnica, pero también obligaciones

Cuando dirijo una clase en Shingankan Dōjō existe necesariamente una autoridad técnica, porque alguien tiene que organizar el entrenamiento, decidir qué se está estudiando, realizar las correcciones y asumir la responsabilidad general sobre la sesión.

Sin esa referencia, la clase se convierte rápidamente en varias personas haciendo cosas diferentes según sus propias preferencias.

Pero esa autoridad también me obliga.

Me obliga a continuar estudiando.

Me obliga a distinguir aquello que pertenece al currículo de Kobukan de aquello que pueda constituir una aplicación, una explicación pedagógica o una investigación personal.

Me obliga a intentar enseñaros con claridad.

Me obliga a mantener una relación de aprendizaje con mis propios superiores dentro de Kobukan Kobudō Renmei.

Me obliga a corregirme cuando es necesario.

Por eso nunca he entendido el título de instructor como una licencia para dejar de ser alumno. He explicado públicamente que incluso después de décadas de práctica sigo considerando que cada entrenamiento puede enseñarme algo nuevo sobre los mismos kata y que un grado elevado incrementa la responsabilidad de estudiar y transmitir correctamente aquello que hemos recibido.

Si algún día vosotros llegáis a enseñar, quiero que recordéis esto.

Cuanto mayor sea vuestra posición, mayor debería ser vuestra responsabilidad hacia los demás.

Senpai y kōhai no son una relación de privilegio

También vais a escuchar los términos senpai y kōhai.

Un senpai es una persona que nos precede dentro de una determinada relación de aprendizaje, mientras que un kōhai ocupa una posición posterior dentro de esa misma relación. No quiero que convirtáis esto en una pequeña estructura de poder dentro del dōjō.

Si lleváis más tiempo entrenando que otra persona, eso significa principalmente que conocéis cosas que esa persona todavía no conoce.

Sabéis mejor cómo funciona una clase.

Reconocéis más terminología.

Entendéis determinadas normas.

Podéis ayudar a preparar correctamente el entrenamiento.

Podéis explicar a un alumno nuevo una cuestión elemental sin necesidad de hacerle sentir que ha cometido una falta grave.

Por tanto, cuanto más tiempo llevéis en Shingankan, más útiles deberíais ser para quienes llegan después.

Si utilizáis vuestra antigüedad únicamente para recordar a otros que sois superiores, habéis comprendido exactamente lo contrario.

La estructura senpai-kōhai tiene sentido cuando permite transmitir conocimiento, mantener continuidad y ayudar a integrar a los nuevos practicantes.

No cuando alimenta el ego del alumno antiguo.

La manera de recibir una corrección también es reihō

Quiero insistir en esto porque aparecerá miles de veces durante vuestro recorrido.

Cuando os corrijo, escuchad primero.

Después probad.

Esto parece tremendamente sencillo, pero no siempre lo es.

Nuestra reacción natural cuando alguien señala un error puede ser justificarlo.

«Lo he hecho así porque…»

«Pensaba que…»

«En otra escuela lo hacía…»

«Normalmente me funciona…»

Puede que todo eso sea cierto, pero ninguna de esas respuestas modifica la corrección que estamos intentando estudiar en ese momento.

Si os indico que vuestro pie debe estar en otra posición, colocadlo allí y observad qué cambia.

Si os digo que habéis entrado demasiado lejos, repetid la técnica con otra distancia.

Si os digo que estáis utilizando demasiado los brazos, intentad reorganizar el movimiento.

Después, si algo no comprendéis, preguntad.

Ese orden es mucho más productivo que iniciar inmediatamente una discusión.

No porque el instructor tenga que ganar la conversación, sino porque la única manera de comprobar corporalmente una corrección consiste en realizarla.

El reihō aparece aquí como una disciplina de aprendizaje.

Escuchamos suficientemente para poder probar antes de juzgar.

También existe etiqueta entre compañeros

No quiero que vuestra idea de reihō esté centrada únicamente en la relación con el instructor.

Probablemente la mayor parte de vuestro tiempo de entrenamiento la pasaréis trabajando con compañeros.

Por tanto, vuestra relación con ellos es fundamental.

Cuando os colocáis frente a alguien para practicar, esa persona os está permitiendo aplicar sobre su cuerpo golpes controlados, luxaciones, proyecciones, desequilibrios, estrangulaciones o técnicas con armas de entrenamiento, dependiendo del contenido que corresponda en cada momento.

Eso exige confianza.

No confianza absoluta ni ingenua, sino confianza práctica en que vuestro compañero intentará trabajar con control y vosotros haréis lo mismo.

Por esta razón, el respeto hacia el compañero no puede ser simplemente verbal.

Se demuestra mediante control técnico.

Se demuestra comunicando una lesión o una limitación cuando sea necesario.

Se demuestra ajustando la intensidad al ejercicio.

Se demuestra no intentando sorprender innecesariamente a alguien durante una fase pedagógica.

Se demuestra también ofreciendo un ataque suficientemente correcto para que la otra persona pueda estudiar aquello que está siendo enseñado.

La seguridad, el respeto y la etiqueta aparecen explícitamente dentro de los requisitos de entrenamiento establecidos por Kobukan, incluso en sus grupos de estudio básicos, precisamente porque forman parte de las condiciones necesarias para que el entrenamiento sea sostenible.

Un compañero lesionado debido a nuestra falta de control deja de poder ayudarnos a aprender.

Por eso cuidar al compañero no es algo externo a las artes marciales.

Es una necesidad del propio proceso de entrenamiento.

Respetar a uke también significa permitirle atacar correctamente

Existe otro error que quiero evitar.

A veces, en nombre de la seguridad, el ataque se vuelve tan artificial que deja de ofrecer información.

Uke extiende lentamente un brazo, lo deja allí y espera mientras tori realiza toda la técnica.

Eso puede ser útil durante las primeras repeticiones de una secuencia nueva, pero no puede convertirse en nuestra única manera de entrenar.

El respeto hacia el compañero también significa ayudarle a estudiar una situación técnicamente coherente.

A medida que el ejercicio lo permita, uke debe aprender a ofrecer una estructura y un ataque adecuados al trabajo que se está realizando.

Al mismo tiempo, tori debe aprender a recibir esa información sin convertir cada repetición en una lucha de fuerza.

Aquí aparece una idea fundamental del reihō: cada uno tiene que comprender cuál es su función dentro del ejercicio.

No hacemos aquello que más nos divierte en ese momento.

Hacemos aquello que permite estudiar el contenido de la clase.

El control de la fuerza también forma parte de la etiqueta

Hay alumnos que inicialmente asocian control con falta de realismo.

Piensan que una técnica solamente demuestra su eficacia si se realiza con la máxima intensidad.

Eso es una confusión.

La capacidad de generar intensidad y la capacidad de controlarla son dos habilidades relacionadas, pero no idénticas.

Un practicante avanzado debería tener mayor control, no menor.

Si solamente sois capaces de realizar una técnica correctamente cuando utilizáis toda vuestra fuerza, existe una limitación que todavía debemos estudiar.

Por otra parte, si vuestro compañero es nuevo y está aprendiendo a caer, no tiene ningún sentido proyectarlo con la misma velocidad que utilizaríais con alguien que lleva años entrenando ukemi.

Adaptar la intensidad no debilita el arte.

Permite desarrollar al practicante hasta que pueda trabajar con condiciones progresivamente más exigentes.

El respeto técnico consiste precisamente en encontrar una dificultad que enseñe sin destruir la posibilidad de continuar aprendiendo.

La limpieza también tiene una razón

Kobukan exige que sus dōjō y grupos mantengan un entorno de entrenamiento limpio, seguro y respetuoso, y en sus encuentros oficiales establece igualmente requisitos concretos de higiene y vestimenta para proteger el área de práctica.

Esto tampoco necesita una explicación mística.

Trabajamos físicamente cerca de otras personas.

Sudamos.

Entramos en contacto con el suelo.

Utilizamos material compartido.

Por tanto, la higiene personal, un keikogi limpio y un espacio de entrenamiento cuidado forman parte de una práctica responsable.

No es solamente una cuestión de apariencia.

Es consideración hacia quienes entrenan con vosotros.

Cuando compartimos un tatami, nuestra higiene deja de ser completamente individual.

Afecta a los demás.

Ésa es exactamente la clase de responsabilidad cotidiana que el reihō debería enseñarnos.

El keikogi tampoco es un disfraz

Cuando nos ponemos el keikogi no nos estamos vistiendo de japoneses ni convirtiéndonos en personas diferentes.

Es ropa de entrenamiento.

Tiene una función.

Nos proporciona una vestimenta común adecuada al tipo de trabajo que realizamos y elimina buena parte de las diferencias externas que podrían distraernos dentro de la clase.

Kobukan exige expresamente uniformes limpios en sus actividades oficiales y establece requisitos específicos de indumentaria cuando las características de un evento lo requieren.

Lo importante para vosotros es comprender que el keikogi debe utilizarse como lo que es: material de entrenamiento.

No como un símbolo que automáticamente convierte a quien lo lleva en artista marcial.

Podéis llevar el mejor keikogi del mundo y seguir teniendo una mala postura, una mala distancia y una mala actitud.

El uniforme no realiza el trabajo.

Vosotros lo hacéis.

Con las armas, el reihō se vuelve todavía más evidente

Cuando empezamos a trabajar con hanbō, bō, bokutō u otras armas de entrenamiento, la necesidad de etiqueta y disciplina resulta todavía más fácil de comprender.

Una persona que mueve continuamente un bō mientras espera una explicación puede poner en peligro a quienes están alrededor.

Una persona que deja un arma en un lugar inadecuado puede provocar un accidente.

Una persona que empieza a experimentar por su cuenta mientras otra pareja trabaja a pocos metros está utilizando el espacio sin conciencia.

Por eso el comportamiento alrededor de las armas tiene que ser más cuidadoso, no menos.

La disciplina aquí no es ceremonial.

Es seguridad.

Cuando tengáis un arma en las manos quiero que desarrolléis el hábito de saber dónde se encuentra, hacia dónde apunta, qué espacio ocupa y quién está dentro de ese espacio.

La familiaridad nunca debería convertirse en descuido.

En los eventos oficiales de Kobukan, por ejemplo, se establecen de manera explícita las armas que deben llevarse y las condiciones de preparación para el entrenamiento, lo que refleja que el manejo del equipo forma parte de la organización seria de la práctica.

Escuchar una explicación también es entrenar

Existe una situación que observaréis muchas veces.

Detengo el trabajo y llamo vuestra atención para explicar algo.

En ese momento algunos alumnos experimentados dejan inmediatamente lo que están haciendo y miran.

Otros continúan practicando la técnica porque creen que ya han entendido.

Quiero que os acostumbréis al primer comportamiento.

Si detengo la clase, normalmente existe una razón.

Quizá he observado el mismo error en varias parejas.

Tal vez he detectado algo que necesita ser aclarado antes de continuar.

Puede que vaya a modificar el ejercicio.

Si seguís trabajando mientras se explica, podéis perder una información que después me obligará a repetir individualmente en vuestra pareja.

Eso afecta a todo el grupo.

Escuchar no es una interrupción del entrenamiento.

Forma parte del entrenamiento.

Muchas veces aprenderéis tanto observando la corrección realizada a otra persona como recibiendo una corrección directa.

Un practicante experimentado desarrolla precisamente la capacidad de aprender incluso cuando la explicación no está dirigida específicamente a él.

No habléis por encima de la enseñanza

Entrenar con compañeros implica naturalmente hablar.

Necesitamos comunicarnos.

Podemos preguntar.

Podemos comentar una sensación técnica.

Podemos avisar de una lesión.

Podemos incluso reírnos durante el entrenamiento, porque no existe ninguna necesidad de convertir una clase seria en un ambiente permanentemente tenso.

Sin embargo, tenemos que aprender a distinguir entre conversación útil y conversación que ocupa el espacio de entrenamiento sin aportar nada al keiko.

Si el instructor está enseñando, la atención debe dirigirse hacia la enseñanza.

Si vuestro compañero intenta comprender una técnica, una conversación completamente ajena puede distraerle.

Si dedicamos buena parte de la clase a contar historias sobre otros estilos, antiguos entrenamientos o experiencias personales, quizá estemos físicamente dentro del dōjō pero ya no estamos realmente entrenando.

El tiempo de práctica es limitado.

El reihō también significa respetar ese tiempo.

Preguntar correctamente forma parte del aprendizaje

Quiero alumnos que pregunten.

Una buena pregunta puede demostrar que alguien está intentando comprender realmente lo que está haciendo.

Pero también hay que aprender a preguntar.

Existe una gran diferencia entre preguntar:

«Sensei, cuando uke recupera el equilibrio aquí, ¿significa que mi distancia inicial era demasiado grande?»

y transformar cada demostración en una discusión sobre todas las situaciones posibles que todavía no estamos estudiando.

Una pregunta útil nace normalmente del trabajo que estamos realizando.

Primero intentamos.

Encontramos un problema.

Observamos.

Entonces preguntamos.

Eso hace que la respuesta tenga una referencia física.

Si preguntamos continuamente «¿qué pasaría si…?» antes de haber aprendido la forma básica, acabamos explorando cien situaciones hipotéticas sin comprender ninguna.

El reihō no pretende eliminar preguntas.

Pretende situarlas dentro de un proceso de aprendizaje eficaz.

Llegar con experiencia previa no cambia las reglas del estudio

Algunos de vosotros podéis llegar después de haber practicado otras artes marciales durante muchos años.

Eso puede ser una enorme ventaja.

Ya conocéis vuestro cuerpo.

Quizá sabéis caer.

Comprendéis el contacto.

Tenéis capacidad para aprender secuencias.

Pero también puede convertirse en un obstáculo si utilizáis esa experiencia para evaluar inmediatamente todo aquello que hacemos según las reglas del sistema anterior.

El respeto hacia la escuela que estamos estudiando significa darle la oportunidad de enseñarnos su propia lógica.

Si algo es diferente, observad primero por qué.

No necesito que olvidéis aquello que habéis aprendido anteriormente.

Sería absurdo.

Necesito que seáis capaces de colocar temporalmente ese conocimiento a un lado para estudiar una información nueva sin modificarla inmediatamente.

Esa capacidad es también una forma de reihō.

Es respeto hacia el conocimiento antes de emitir juicio sobre él.

La etiqueta no termina cuando alcanzáis un grado alto

De hecho, debería ocurrir exactamente lo contrario.

Cuanto mayor sea vuestro grado, más natural debería resultar vuestro comportamiento dentro del dōjō.

Un principiante puede equivocarse porque todavía no conoce una norma.

Un alumno avanzado ya no tiene esa excusa.

Además, los demás aprenderán observándoos.

Si habláis mientras se explica, los alumnos nuevos entenderán que eso es normal.

Si manipuláis las armas de forma descuidada, alguien terminará imitándoos.

Si tratáis con desprecio a un principiante, estáis enseñando una cultura del dōjō aunque nunca hayáis pronunciado una palabra sobre ella.

Por eso el grado implica responsabilidad.

Los instructores de Kobukan deben continuar activos en la formación, mantener comunicación con la organización y seguir los estándares técnicos y pedagógicos establecidos, mientras que los responsables de grupos tienen la obligación explícita de preservar un ambiente apropiado y respetuoso.

El comportamiento del alumno avanzado forma parte de esa continuidad.

No confundáis formalidad con rigidez

Un dōjō puede tener una etiqueta clara sin convertirse en un lugar desagradable.

No quiero que tengáis miedo de hacer una pregunta.

No quiero que un alumno nuevo permanezca paralizado porque teme colocar un pie en el lugar equivocado.

No quiero que un senpai utilice cada pequeña norma para demostrar su autoridad.

La función de la etiqueta es facilitar el entrenamiento.

Cuando la etiqueta genera constantemente miedo, humillación o tensión innecesaria, debemos preguntarnos si todavía está cumpliendo esa función.

Podemos ser rigurosos sin ser absurdamente rígidos.

Podemos corregir sin humillar.

Podemos mantener jerarquía técnica sin convertirla en jerarquía personal.

Podemos preservar formas tradicionales sin representar un teatro del Japón feudal.

Para mí, ese equilibrio es muy importante en Shingankan Dōjō.

Estamos estudiando artes marciales tradicionales japonesas dentro de Kobukan Kobudō Renmei, pero seguimos siendo personas contemporáneas entrenando en un dōjō contemporáneo.

Nuestra obligación consiste en conservar aquello que tiene una función dentro de la transmisión, no en inventar formalidades para parecer más tradicionales.

El reihō se demuestra especialmente cuando nadie os vigila

Es relativamente fácil comportarse correctamente cuando el instructor está delante.

La verdadera integración de la etiqueta aparece cuando ya no necesitáis ser recordados constantemente.

Cuando recogéis algo porque sabéis que corresponde hacerlo.

Cuando ayudáis a un principiante sin necesidad de que se os ordene.

Cuando detenéis una técnica porque percibís que vuestro compañero está en una posición peligrosa.

Cuando controláis vuestra fuerza aunque podríais utilizar más.

Cuando mantenéis vuestra atención durante una demostración aunque creáis conocer el kata.

Cuando aceptáis una corrección sin sentir la necesidad de defender vuestro grado.

Cuando cuidáis el material porque comprendéis que no os pertenece exclusivamente.

En ese momento el reihō ha dejado de ser una lista externa de normas y empieza a convertirse en una manera natural de entrenar.

Ese es el objetivo.

No quiero alumnos que sepan representar la etiqueta; quiero alumnos que sepan comportarse

Si después de varios años sabéis perfectamente cuándo hacer una reverencia pero seguís tratando mal a vuestros compañeros, algo ha fallado.

Si conocéis todos los términos japoneses pero no podéis aceptar una corrección, algo ha fallado.

Si exigís respeto debido a vuestro grado pero no lo ofrecéis a quien acaba de empezar, algo ha fallado.

Si cuidáis la forma exterior de una ceremonia y después entrenáis sin control, algo ha fallado.

La etiqueta tiene valor solamente cuando modifica la calidad de nuestro comportamiento.

Por eso, cuando os corrija una cuestión relacionada con reihō, no quiero que la entendáis como una norma independiente del arte marcial.

Forma parte de vuestra formación.

Del mismo modo que corregimos un kamae, una distancia o una trayectoria, también corregimos la forma en que participamos dentro del entorno donde ese conocimiento se transmite.

Qué quiero que recordéis desde hoy

No necesito que memoricéis inmediatamente todas las formas de etiqueta que encontraréis a lo largo de vuestro entrenamiento, porque las iremos aprendiendo dentro de su contexto y algunas cobrarán sentido precisamente cuando las utilicéis repetidamente.

Lo que sí quiero es que entendáis desde ahora qué intentamos conseguir con ellas.

Cuando entréis en Shingankan Dōjō, recordad que compartís un espacio de aprendizaje con otras personas y que vuestra manera de comportaros puede ayudar o dificultar su entrenamiento.

Cuando trabajéis con un compañero, recordad que os está prestando su cuerpo para que podáis aprender y que vosotros hacéis lo mismo por él.

Cuando recibáis una corrección, intentad utilizarla antes de defender vuestra ejecución anterior.

Cuando alguien con menos experiencia necesite ayuda, recordad cómo era vuestra propia primera clase.

Cuando utilicéis un arma, ampliad vuestra atención más allá de vosotros mismos.

Cuando alcancéis un grado superior, aumentad vuestra responsabilidad en lugar de vuestra necesidad de reconocimiento.

Y cuando hagáis una reverencia, no os preocupéis únicamente por el ángulo exacto del cuerpo.

Preguntaos si aquello que hacéis después es coherente con el respeto que acabáis de expresar.

Porque para mí eso resume perfectamente el sentido del reihō.

La reverencia dura unos segundos, mientras que la actitud que representa debería acompañar todo vuestro entrenamiento.

Dentro de Shingankan Dōjō y de Kobukan Kobudō Renmei, la etiqueta no está aquí para hacer que nuestra práctica parezca tradicional; está aquí para ayudarnos a estudiar una tradición con orden, seguridad, responsabilidad y respeto, permitiendo que el conocimiento pueda transmitirse de una persona a otra sin que nuestro ego, nuestra falta de atención o nuestra conducta interfieran constantemente con ese proceso.

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