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Asayama Ichiden Ryū: controlar el cuerpo antes de buscar la técnica

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21 sept 2026, 10:15

En el tatami hay una diferencia enorme entre hacer una llave y controlar a una persona, aunque desde fuera ambas cosas puedan parecer exactamente iguales. Podemos sujetar una muñeca, llevarla hacia un ángulo incómodo y conseguir incluso que uke sienta bastante dolor, pero si todavía puede girarse hacia nosotros, recuperar su base, utilizar la otra mano o simplemente soportar la molestia y continuar actuando, entonces lo que tenemos es una articulación bajo presión, no un adversario realmente controlado. Una parte importante de lo que buscamos en Asayama Ichiden Ryū empieza precisamente ahí, en abandonar la obsesión por terminar la técnica y aprender primero a construir una situación en la que el otro vaya perdiendo posibilidades antes de que llegue la inmovilización, la proyección o la luxación que todos reconocen desde fuera.

Dentro de Kobukan Kobudō Renmei estudiamos Asayama Ichiden Ryū Taijutsu como una de las ryūha que forman parte de nuestro trabajo avanzado, y personalmente considero que es una escuela especialmente útil para corregir un defecto que aparece con facilidad después de años de práctica: creer que conocer muchas técnicas significa necesariamente controlar mejor a una persona. Asayama obliga a volver a cuestiones bastante elementales que, precisamente por parecer elementales, muchas veces dejamos de mirar con suficiente atención: dónde está realmente nuestro peso, qué está ocurriendo con el del compañero, qué parte de su estructura continúa disponible, cuánto estamos utilizando los brazos y cuánto estamos utilizando el cuerpo, si hemos creado una posición desde la que podemos continuar y, sobre todo, si aquello que hacemos depende de nuestra técnica o simplemente de que uke nos está permitiendo hacerla.

No es una escuela que yo enseñaría pensando en movimientos espectaculares. Su interés aparece muchas veces en detalles que alguien observando desde fuera puede pasar completamente por alto: un codo que cambia unos pocos grados, una cadera que entra sin parecer que entra, un paso que no busca recorrer distancia sino impedir que uke recupere la suya, una presión mantenida mientras todo lo demás se reorganiza alrededor de ella o una utilización del propio peso que convierte un esfuerzo de brazos en algo que de repente resulta muy difícil de resistir.

Ahí está, para mí, una parte importante del carácter de Asayama Ichiden Ryū.

Una historia que no debemos simplificar para que resulte más bonita

Asayama Ichiden Ryū posee una historia compleja porque el nombre ha llegado hasta nosotros a través de distintas líneas, algunas de las cuales conservaron contenidos diferentes y desarrollaron características propias. Las fuentes independientes dedicadas al koryū sitúan la fundación de la escuela entre finales del período Sengoku y comienzos del Edo temprano, asociándola generalmente con Asayama Ichidensai Shigetatsu, aunque incluso en las líneas japonesas actuales encontramos variaciones en el nombre atribuido al fundador. Koryu.com, por ejemplo, sitúa su establecimiento entre Tenshō y Keichō y menciona a Asayama Ichidensai Shigetatsu, mientras que una organización japonesa que mantiene actualmente otra transmisión de Asayama Ichiden Ryū utiliza el nombre Asayama Ichidensai Shigeaki. Esa diferencia ya debería ser suficiente para que cualquiera que hable seriamente de la escuela evite presentar una única genealogía simplificada como si toda su historia estuviera perfectamente resuelta.

También sabemos que Asayama Ichiden Ryū no fue históricamente una tradición limitada exclusivamente al trabajo desarmado. Las ramas japonesas conservadas actualmente describen un sistema amplio con kenjutsu, battō o iai, kama, bastón y taijutsu, aunque el contenido exacto depende de la línea que observemos. La organización japonesa Asayama Ichiden Kai habla expresamente de una tradición que conserva espada, desenvaine, kama, bastón y trabajo sin armas, lo que confirma algo importante: estamos ante una tradición marcial amplia cuya historia no puede reducirse al jūjutsu que más fácilmente reconocemos hoy.

Para nosotros, sin embargo, la cuestión práctica es mucho más concreta. No entrenamos “todas las versiones” de Asayama Ichiden Ryū que existen en Japón ni mezclamos arbitrariamente contenidos de líneas diferentes. Trabajamos la transmisión que forma parte del currículo de Kobukan Kobudō Renmei y la estudiamos desde la estructura técnica y pedagógica que recibimos dentro de nuestra organización. Asayama Ichiden Ryū Taijutsu aparece actualmente entre las principales ryūha de Kobukan, y en mayo de 2026 fue precisamente uno de los ejes del Taikai internacional celebrado en Chester bajo James Wright Kancho, junto con el trabajo de Hishigi-bō.

Ésa es la Asayama que debemos comprender cuando entrenamos en Kobukan.

La mano que nos agarra no es el problema completo

Una de las mejores formas de entender esta escuela es observar qué sucede frente a un agarre fuerte.

Nuestra reacción natural suele ser bastante pobre desde el punto de vista técnico. Si alguien nos sujeta la muñeca con fuerza, sentimos inmediatamente que la muñeca es el problema y empezamos a trabajar sobre ella. Tiramos. Giramos. Intentamos abrir los dedos. Aumentamos nuestra fuerza porque la otra persona aumenta la suya y, sin darnos cuenta, hemos aceptado exactamente la situación que uke quería crear: él decide dónde está el punto de conflicto y nosotros aceptamos competir allí.

Asayama nos obliga a mirar más lejos.

Detrás de esa mano existe un antebrazo, detrás del antebrazo un codo, después un hombro y, detrás del hombro, una columna sostenida por una pelvis y dos piernas. Si solamente luchamos contra la mano, estamos trabajando contra la parte del cuerpo que uke ha preparado precisamente para sujetarnos. Si modificamos nuestra posición respecto al resto de su estructura, el mismo agarre puede empezar a perder fuerza sin que tengamos que “vencerlo” directamente.

Esto se entiende muy mal cuando se explica y muy bien cuando se siente.

Hay una diferencia enorme entre abrir una mano mediante fuerza y conseguir que esa mano deje de poder mantener la misma presión porque el hombro que la sostiene ha cambiado de posición. Exteriormente quizá parezca que estamos haciendo menos; internamente uke siente que algo ha cambiado en toda la cadena.

Ahí quiero que mire el practicante.

No a la mano.

A la persona.

El brazo no debe convertirse en el motor

Asayama castiga bastante la tendencia a trabajar con los brazos separados del resto del cuerpo.

En cuanto alguien ofrece una resistencia sincera, muchas técnicas empiezan a revelar inmediatamente si estamos utilizando una estructura completa o solamente musculatura local. Podemos realizar una luxación perfecta sobre un compañero ligero y cooperativo y descubrir después, al cambiar de pareja, que aquello que parecía una técnica refinada era en realidad un tirón bien disimulado.

Por eso suelo observar primero los pies y la cadera.

Si el alumno está intentando mover un brazo ajeno mientras su propio centro permanece completamente quieto, probablemente terminará utilizando bíceps, hombros y manos para resolver un problema que debería estar resolviendo con el cuerpo completo. Cuando la cadera entra, los pies modifican la posición y nuestro peso empieza a participar correctamente, las manos dejan de necesitar tanta fuerza porque ya no son responsables de producir todo el movimiento.

Aquí aparece una sensación muy característica del jūjutsu bien hecho: uke no percibe necesariamente una gran fuerza localizada, pero nota que su estructura completa empieza a quedar comprometida.

Es difícil señalar exactamente dónde se encuentra el problema porque el problema ya no está en un único lugar.

Eso es lo que buscamos.

Kuzushi no siempre parece kuzushi

Cuando hablamos de kuzushi, muchos practicantes imaginan inmediatamente a una persona claramente inclinada, desplazada sobre los talones o a punto de caer.

Eso es una forma visible de desequilibrio, pero no es la única que nos interesa.

Podemos haber comprometido seriamente a uke y, sin embargo, desde fuera continuar viendo a una persona aparentemente erguida.

Quizá su peso se encuentra ahora sobre la pierna que necesitaría mover.

Quizá su hombro ha girado lo suficiente para que ya no pueda utilizar correctamente el brazo contrario.

Tal vez hemos extendido la columna justo cuando intentaba recuperar distancia.

Puede incluso que sus dos pies sigan en el suelo y, aun así, una de las direcciones que antes tenía disponibles haya desaparecido.

Eso también es kuzushi.

Y, en Asayama, aprender a reconocer estas pequeñas pérdidas de libertad es mucho más importante que conseguir grandes reacciones.

Una persona equilibrada tiene muchas opciones.

Puede avanzar, salir, girar, atacar con la otra mano, recuperar una articulación o simplemente resistir.

Cada vez que organizamos correctamente nuestra posición reducimos alguna de esas posibilidades.

Si seguimos haciéndolo sin devolverle lo que ya hemos ganado, la técnica final empieza a resultar mucho menos difícil.

Entonces comprendemos por qué una luxación realizada por alguien con experiencia puede sentirse inevitable sin parecer especialmente violenta.

El trabajo importante ocurrió antes.

El control empieza de pie

Otro error habitual consiste en considerar que la inmovilización comienza cuando uke llega al suelo.

Si llegamos hasta allí y recién entonces intentamos controlar su cuerpo, hemos llegado tarde.

Durante todo el camino hacia el suelo uke debería haber estado perdiendo posibilidades. Su brazo debería encontrarse en una posición que no ha elegido, su columna debería estar condicionada por nuestra presión, sus pies deberían perseguir un equilibrio que no consigue recuperar completamente y nuestra propia estructura tendría que permanecer lo suficientemente organizada como para modificar inmediatamente la técnica si intenta cambiar de dirección.

Cuando eso ocurre, el katame final no aparece como una acción nueva.

Es simplemente la continuación del control que ya existía.

En cambio, si derribamos primero a la persona y después empezamos a buscar cómo inmovilizarla, acabamos creando dos técnicas donde debería haber existido una sola continuidad.

Éste es uno de los aspectos de Asayama que más me interesa enseñar.

No quiero que el alumno piense en “hacer una luxación”, “hacer una proyección” y “hacer una inmovilización” como tres compartimentos separados.

Quiero que aprenda a construir una secuencia en la que cada posición de uke determine la siguiente sin permitirle regresar cómodamente a una posición neutral.

No te apresures a tirar a uke

En jūjutsu existe una satisfacción bastante inmediata cuando conseguimos llevar al compañero al suelo, y esa satisfacción puede engañarnos.

El alumno empieza a identificar éxito con caída.

Cuanto antes cae uke, piensa, mejor ha funcionado la técnica.

No necesariamente.

A veces precipitar la caída libera precisamente el control que habíamos construido.

Si uke todavía tiene una pierna disponible, si puede girar la cadera, si su brazo no está verdaderamente conectado con el resto de su estructura o si para derribarlo necesitamos abandonar nuestra buena posición, quizá conviene continuar trabajando un poco más antes de buscar el suelo.

La proyección debería ser una consecuencia.

Si tenemos que convencer físicamente a uke para que caiga, todavía existe una negociación.

Cuando la estructura ha sido realmente comprometida, la caída aparece porque su siguiente alternativa razonable ya no es permanecer de pie.

Esa diferencia modifica también nuestra actitud.

Dejamos de perseguir resultados y empezamos a trabajar sobre condiciones.

Hishigi-bō: una pequeña arma que no perdona una mala estructura

La relación entre Asayama Ichiden Ryū y Hishigi-bō dentro del trabajo actual de Kobukan merece una atención especial. El Taikai internacional de Kobukan celebrado en Chester en mayo de 2026 estuvo dedicado precisamente a Asayama Ichiden Ryū Taijutsu y Hishigi-bō, bajo instrucción directa de James Wright Kancho.

El Hishigi-bō es particularmente interesante porque magnifica cosas que ya deberían existir en nuestro taijutsu.

Si nuestra posición es mala, el pequeño bastón no va a salvar la técnica.

Puede aumentar la presión.

Puede concentrarla.

Puede ofrecernos una palanca diferente.

Pero si intentamos utilizarlo simplemente para producir dolor mientras nuestra propia estructura está desorganizada, estaremos utilizando el arma como sustituto de aquello que no sabemos hacer con el cuerpo.

No me interesa demasiado ese enfoque.

Quiero que el alumno note que el Hishigi-bō amplifica un principio ya presente.

Si controlamos correctamente la línea de la articulación, la herramienta permite intensificar esa relación.

Si no la controlamos, solamente estamos apretando más fuerte.

Esta diferencia es importante también desde un punto de vista ético y pedagógico, porque un arma pequeña puede producir una presión considerable con muy poco esfuerzo. Precisamente por ello exige todavía más control, no menos.

El buen trabajo con Hishigi-bō no se reconoce porque uke grite más.

Se reconoce porque necesitamos hacer menos.

Dolor y control no son sinónimos

Éste es quizá uno de los puntos que más repito cuando trabajamos luxaciones.

Producir dolor es relativamente fácil.

Controlar una estructura completa es bastante más difícil.

Podemos encontrar una posición desagradable sobre una muñeca y presionar con fuerza. Uke reacciona porque duele, y nosotros creemos que la técnica funciona.

Después aparece alguien con una tolerancia elevada al dolor, bajo adrenalina o simplemente con una reacción distinta, y descubrimos que nuestra técnica dependía demasiado de una respuesta que dábamos por garantizada.

El control estructural es otra cosa.

Si la posición de la muñeca obliga al codo a desplazarse, ese codo modifica el hombro, el hombro afecta a la columna y la columna termina condicionando la base, entonces ya no estamos negociando únicamente con la tolerancia al dolor.

Estamos modificando posibilidades mecánicas.

Esto no significa que el dolor no exista.

Naturalmente existe.

Simplemente deja de ser nuestra herramienta principal.

Para mí, cuanto más avanzado es el alumno, menos necesito ver dolor durante el entrenamiento.

Si la estructura está bien organizada, podemos detenernos mucho antes de dañar una articulación y saber perfectamente que la técnica está allí.

Ese control es mucho más valioso que demostrar cuánto puede soportar un compañero.

Atemi y control pertenecen a la misma técnica

Otro error bastante moderno consiste en separar demasiado claramente golpeo y grappling.

Parece que durante unos segundos estamos haciendo jūjutsu y, en cuanto aparece un atemi, hemos cambiado temporalmente a otra cosa.

En una ryūha tradicional esa separación resulta poco útil.

Un golpe puede ser exactamente lo que permite que la técnica continúe sin fuerza.

Puede provocar que uke retire la cabeza, cierre un lado, cambie el peso, afloje un agarre o simplemente interrumpa durante una fracción de segundo la acción que estaba intentando completar.

Esa fracción puede ser suficiente.

No todo atemi necesita tener como finalidad terminar el enfrentamiento mediante daño máximo. A veces su función principal es modificar el cuerpo de uke.

Por eso intento que los alumnos dejen de pensar únicamente en el golpe como impacto.

Hay golpes que abren puertas.

Hay otros que cierran salidas.

Algunos aparecen porque la posición los ofrece naturalmente y otros sirven precisamente para obligar al adversario a entrar en la posición que necesitamos.

Entonces atemi y control dejan de competir por espacio dentro de la técnica.

Empiezan a ayudarse.

Idori y la incómoda lección de perder las piernas

Las líneas históricas de Asayama Ichiden Ryū han conservado trabajo desde posiciones sentadas, generalmente relacionado con idori, aunque debemos tener presente que las distintas ramas actuales no poseen exactamente el mismo currículo. Precisamente esa diversidad es una de las razones por las que no debemos importar material ajeno y presentarlo automáticamente como parte de nuestra transmisión en Kobukan. Las fuentes independientes confirman que Asayama Ichiden Ryū se ha desarrollado históricamente en distintas líneas y que el contenido conservado puede variar de una a otra.

Desde un punto de vista técnico, trabajar desde una posición limitada resulta enormemente educativo porque elimina una de nuestras soluciones favoritas: dar otro paso.

Cuando no podemos desplazarnos libremente, comenzamos a notar cuánto dependíamos de las piernas para corregir errores que nacían en la parte superior del cuerpo.

Tenemos que utilizar mejor la cadera.

La columna empieza a importar más.

La dirección de la fuerza se vuelve evidente.

Pequeños cambios adquieren una importancia que de pie quizá ocultábamos mediante movimiento.

Después regresamos a tachiwaza y descubrimos que podemos desplazarnos menos.

No porque mover los pies sea incorrecto, sino porque ahora sabemos mejor cuándo realmente necesitamos hacerlo.

El contacto no solamente limita; también informa

Cuando alguien nos agarra, normalmente pensamos en todo lo que ese agarre nos impide hacer.

Pero el contacto también nos da información.

A través de una mano podemos percibir cuándo cambia la presión del brazo, cuándo uke comienza a girar el hombro, cuándo traslada peso hacia una pierna o cuándo la tensión que estaba utilizando en una dirección desaparece porque está preparando otra.

Cuanto más tensos estamos nosotros, menos sentimos.

Ésta es una contradicción interesante.

El principiante aprieta porque cree que un contacto fuerte le dará mayor control, pero a veces termina perdiendo precisamente la sensibilidad que necesitaba para mantenerlo.

Un practicante con experiencia puede sujetar con mucha menos tensión y, sin embargo, saber mucho más acerca de lo que está haciendo uke.

Las manos comienzan entonces a servir para algo más que agarrar.

Empiezan a escuchar.

No utilizo esta palabra en un sentido místico.

Es una cuestión completamente física.

Presión.

Dirección.

Tensión.

Cambio de peso.

Movimiento.

Todo eso viaja a través del contacto.

Si estamos suficientemente disponibles para percibirlo, recibimos información antes de verla.

Eso vale muchísimo.

Asayama no debería parecerse a todas las demás escuelas

Dentro de Kobukan estudiamos varias ryūha y precisamente por eso existe un riesgo que debemos vigilar: aprender nombres diferentes y terminar haciendo siempre lo mismo.

Podemos ejecutar un kata de Koto Ryū, otro de Gyokko Ryū, después una forma de Takagi Yōshin Ryū y finalmente una técnica de Asayama Ichiden Ryū, pero si nuestro ritmo, nuestra posición, nuestras entradas y la manera en que resolvemos cada situación permanecen idénticos, probablemente hemos aprendido secuencias distintas sin permitir todavía que cada escuela modifique nuestro taijutsu.

No quiero eso.

La base común que desarrollamos dentro de Kobukan tiene precisamente la función de proporcionarnos un cuerpo capaz de entrar después en las distintas ryūha. El currículo actual de Kobukan sitúa el trabajo fundamental durante los grados kyū y lleva posteriormente al practicante hacia un estudio mucho más profundo de las escuelas en el nivel yūdansha.

Cuando entramos en Asayama, entonces, debemos permitir que Asayama nos corrija.

No debemos obligarla a parecerse a aquello que ya sabemos.

Esto requiere bastante humildad después de muchos años entrenando, porque cuanto más experiencia acumulamos, mayor es la tentación de interpretar una escuela nueva mediante nuestros hábitos anteriores.

A veces hay que desaprender pequeñas cosas para poder empezar a escucharla.

El kata no está para ayudarnos a quedar bien

El kata nos ofrece una situación definida que permite estudiar con precisión.

Esto implica que uke y tori conocen la estructura del ejercicio y que, durante las primeras etapas, existe una cooperación necesaria.

Sin ella no podríamos aprender.

Pero cooperación no significa regalar la técnica.

Si uke desplaza voluntariamente el peso antes de que hayamos producido kuzushi, si deja de utilizar la mano contraria porque sabe que no forma parte de la secuencia o si cae exactamente en el instante que hemos memorizado, podemos llegar a realizar una kata exteriormente perfecta que nos está enseñando muy poco.

Por eso el trabajo tiene que evolucionar.

Kobukan mantiene de manera expresa una metodología en la que el kata sirve como referencia para preservar estructura y estrategia, mientras que la comprensión se prueba posteriormente mediante resistencia, presión, randori estructurado y situaciones menos previsibles.

Esto resulta especialmente útil en Asayama porque muchas de sus enseñanzas sobre control pueden engañarnos cuando el compañero facilita demasiado la estructura.

Una luxación funciona.

Muy bien.

Ahora pide a uke que conserve un poco mejor su postura.

El control continúa.

Perfecto.

Ahora permite que intente recuperar el codo.

Si todo desaparece, acabamos de encontrar algo que debemos estudiar.

No hay ningún problema en descubrirlo.

El problema sería no descubrirlo nunca.

No necesito que la técnica sobreviva; necesito que sobreviva el principio

Hay un momento en el que tori inicia una técnica y uke cambia.

Puede modificar la dirección, endurecer un brazo, retirar la extremidad o simplemente responder de una manera distinta a la prevista.

Muchos practicantes sienten entonces que la técnica está “fallando” y empiezan a perseguirla.

Fuerzan la articulación.

Reajustan tres veces.

Intentan regresar desesperadamente a la secuencia que conocen.

Yo prefiero otra cosa.

Si la técnica desapareció porque la situación cambió, dejémosla desaparecer.

La cuestión importante es saber qué hemos conservado.

¿Seguimos bien colocados?

¿Controlamos la distancia?

¿Hemos mantenido contacto útil?

¿Uke continúa estructuralmente comprometido?

¿Podemos pasar a otra solución sin tener que empezar de nuevo?

Entonces no hemos perdido nada importante.

Esto es mucho más interesante que completar a cualquier precio una técnica que ya no pertenece al momento.

A medida que avanzamos, la fidelidad a una ryūha no debería significar esclavitud a una fotografía exterior.

Debemos conservar sus principios precisamente para poder reconocerlos cuando la situación cambia.

La fuerza existe y el tamaño importa

También conviene dejar de repetir una fantasía que aparece con demasiada frecuencia en las artes marciales: que una buena técnica hace irrelevante la fuerza física.

No.

La fuerza importa.

El peso importa.

La velocidad importa.

Una persona de ciento diez kilos que realmente intenta controlarnos presenta un problema diferente a una de sesenta.

Eso no desacredita la técnica.

Explica por qué necesitamos técnica.

Asayama resulta especialmente honesta cuando entrenamos con compañeros diferentes, porque la ventaja física puede ocultar muchos errores. Si siempre trabajamos con alguien más pequeño, quizá terminemos convencidos de que nuestro control articular es excelente cuando en realidad estamos moviendo a la persona mediante fuerza.

Cambia de compañero.

Pon delante a alguien veinte kilos más pesado.

Trabaja lentamente.

De repente desaparecen muchas certezas.

Y eso es bueno.

Ahora tenemos que mejorar la posición.

Tenemos que utilizar más correctamente el peso.

Debemos comprometer su estructura antes.

Necesitamos dejar de intentar moverlo desde la parte más fuerte de su base.

La técnica no elimina la realidad física.

Nos enseña a gestionarla mejor.

El peso debe tener dirección

Decir a un alumno que utilice su peso corporal también puede crear otro problema.

Algunos empiezan inmediatamente a dejarse caer encima de uke como si convertirse en un saco de arena fuera una forma avanzada de jūjutsu.

El peso, por sí solo, no basta.

Tiene que estar dirigido.

Necesitamos comprender dónde pasa nuestra estructura y sobre qué línea queremos aplicar presión.

Si para mantener una articulación tengo que inclinar todo el torso hasta quedar prácticamente apoyado sobre uke, he comprometido buena parte de mi movilidad.

Quizá el control funciona mientras nada cambia.

Pero si aparece otra persona, si uke gira o si simplemente necesito levantarme rápidamente, mi posición empieza a cobrarme todo aquello que me regaló antes.

Quiero utilizar peso sin convertirme en peso muerto.

Esto significa mantener la capacidad de movernos incluso mientras estamos haciendo que para uke moverse resulte cada vez más difícil.

Es una diferencia pequeña en palabras y enorme en el tatami.

La economía no se practica intentando parecer suave

A veces vemos a una persona con muchos años de entrenamiento realizar una técnica con muy poco movimiento y pensamos que deberíamos imitar esa apariencia.

Entonces empezamos a movernos lentamente, relajamos exageradamente las manos y creemos que estamos desarrollando suavidad.

No funciona así.

La economía llega cuando sabemos qué sobra.

Y para saber qué sobra primero hemos tenido que hacer muchas cosas mal.

Un practicante experimentado no utiliza menos movimiento porque haya decidido mostrar un estilo minimalista. Utiliza menos porque reconoce antes el lugar correcto, necesita menos correcciones durante la entrada y no desperdicia fuerza sobre direcciones que no producen resultado.

Asayama enseña muy bien esta eliminación progresiva.

Un alumno empieza haciendo cinco acciones.

Con el tiempo descubre que dos eran necesarias.

Más adelante comprende que quizá esas dos no eran realmente acciones separadas.

Al final, desde fuera parece que ha hecho muy poco.

Uke no piensa lo mismo.

Ése es el tipo de progreso que me interesa.

Qué quiero que quede después de años estudiando Asayama

Si después de años de práctica alguien solamente puede enseñarme muchas luxaciones de Asayama Ichiden Ryū, consideraré que todavía queda bastante trabajo.

Quiero ver algo más profundo.

Quiero que toque un brazo y vea una estructura.

Que sienta un agarre y perciba una dirección.

Que no reaccione inmediatamente contra la fuerza que recibe, sino que primero se coloque.

Quiero que comprenda que la proyección comienza antes de que uke caiga y que el control comienza antes de que aparezca la inmovilización.

Quiero que pueda utilizar un atemi sin abandonar el grappling y controlar una articulación sin olvidar que delante tiene una persona completa.

Quiero que el Hishigi-bō amplifique su taijutsu, no que lo sustituya.

También quiero ver qué sucede cuando una técnica deja de salir como esperaba, porque ahí aparece muchas veces el nivel real.

Si pierde la calma, aumenta fuerza y persigue desesperadamente la técnica original, todavía depende demasiado de la forma.

Si conserva la posición, continúa leyendo lo que recibe y utiliza la nueva situación sin necesidad de demostrar que su primera idea era correcta, entonces estamos viendo algo mucho más interesante.

Para mí, ésa es una de las grandes enseñanzas de Asayama Ichiden Ryū dentro de Kobukan Kobudō Renmei.

No se trata de acumular maneras cada vez más sofisticadas de doblar articulaciones.

Se trata de aprender a quitar opciones.

Primero una.

Después otra.

Una buena posición elimina una salida.

Un cambio de estructura elimina otra.

Un atemi obliga a reorganizarse.

El contacto nos informa de la dirección que intenta tomar.

Nuestro peso condiciona una articulación.

Su intento por recuperar equilibrio crea el siguiente movimiento.

Y llega un momento en el que la técnica final ya no tiene que vencer nada especialmente fuerte porque hemos pasado todo el proceso anterior evitando precisamente esa lucha.

Ahí Asayama empieza a volverse realmente interesante.

La persona que observa quizá solamente vea una luxación o una caída.

El practicante que está dentro de la técnica sabe que aquello empezó mucho antes, posiblemente desde el primer contacto, cuando dejamos de preocuparnos por la mano que nos estaba agarrando y empezamos a controlar el cuerpo que había detrás.

Ésa es la diferencia entre aprender técnicas de Asayama Ichiden Ryū y empezar a comprender Asayama Ichiden Ryū.

Y es una diferencia que necesita años de tatami, muchos compañeros diferentes y la disposición de volver una y otra vez sobre cosas que creíamos tener perfectamente claras.

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