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Koto Ryū Koppōjutsu: cuando la posición vence antes que el golpe

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16 sept 2026, 06:11

Hay un momento durante el estudio de Koto Ryū en el que el alumno comienza a darse cuenta de que aquello que al principio interpretaba como una escuela de golpes fuertes es, en realidad, una escuela mucho más difícil de comprender. Los atemi continúan estando presentes, por supuesto, y el carácter directo del Koppōjutsu nunca desaparece, pero poco a poco uno descubre que el golpe es solamente la parte visible de un trabajo que debería haber comenzado bastante antes.

Cuando corrijo Koto Ryū en el dōjō, muchas veces ni siquiera miro primero la mano que golpea. Observo dónde se encontraba el alumno antes de iniciar la acción, qué distancia había entre ambos, sobre qué pierna estaba asentado uke, qué espacio quedaba disponible después del primer desplazamiento y, sobre todo, si la posición conseguida obligaba realmente al adversario a reorganizarse. Cuando estas cosas están mal, intentar corregir únicamente el golpe tiene poco sentido, porque estaremos intentando mejorar la última parte de una acción cuyo problema comenzó varios instantes antes.

Esto es algo que cuesta comprender al principio, especialmente porque Koto Ryū posee un carácter muy reconocible. Dentro de Kobukan Kobudō Renmei estudiamos Koto Ryū como Koppōjutsu, con movimientos generalmente compactos, una utilización muy concreta de la estructura corporal y una clara intención de dominar el espacio antes de permitir que el adversario pueda desarrollar completamente su acción. Sin embargo, sería demasiado sencillo describirla únicamente como una escuela dura, lineal o especializada en romper huesos.

Durante años se ha asociado la palabra Koppō con la destrucción de la estructura ósea, y existe una razón para ello, pero un practicante serio tiene que ir bastante más lejos. El hueso nunca trabaja solo. Una estructura ósea forma parte de un cuerpo completo, unido por articulaciones, musculatura, tejido conectivo y, sobre todo, organizado sobre una base que permite transmitir fuerzas hacia el suelo. Lo que verdaderamente nos interesa en Koto Ryū es comprender esa organización y reconocer cuándo podemos alterarla.

Una persona bien colocada puede soportar, empujar, golpear y desplazarse porque las diferentes partes de su cuerpo están trabajando juntas. En el momento en que conseguimos modificar esa relación, aunque sea ligeramente, su fuerza deja de estar organizada de la misma forma. Si el peso se encuentra demasiado comprometido sobre una pierna, si la cadera ya no puede girar libremente, si el hombro ha quedado adelantado respecto a la base o si la columna está intentando compensar una pérdida de equilibrio, el cuerpo continúa siendo fuerte, pero ya no puede utilizar esa fuerza con la misma libertad.

Ahí comienza verdaderamente Koto Ryū.

La historia que recibimos y la responsabilidad de transmitirla correctamente

Cuando hablamos de la historia de una ryūha tradicional debemos hacerlo con bastante más cuidado del que muchas veces se ha tenido en las artes marciales japonesas.

Koto Ryū pertenece al conjunto de escuelas transmitidas dentro de la herencia marcial asociada a Takamatsu Toshitsugu Sensei y forma parte de las ryūha sobre las que Kobukan Kobudō Renmei mantiene actualmente un estudio específico. Dentro de nuestra línea de trabajo, estas escuelas no aparecen como nombres añadidos para proporcionar antigüedad o exotismo al sistema, sino como cuerpos de conocimiento que conservan maneras diferentes de resolver problemas marciales.

La transmisión que nos interesa como practicantes de Kobukan es precisamente aquella que permite que Koto Ryū continúe siendo estudiada como una escuela diferenciada, con su propio Kihon, sus kamae, su Ken y sus diferentes niveles de kata, en lugar de diluirla dentro de un taijutsu genérico.

Existe una diferencia importante entre conocer la historia de una escuela y conocer relatos acerca de ella. Las tradiciones antiguas suelen conservar genealogías, explicaciones orales y referencias transmitidas durante generaciones, mientras que la documentación histórica disponible no siempre permite verificar cada detalle con el mismo grado de certeza. Como instructor prefiero explicar esta realidad antes que rellenar los espacios desconocidos con fechas, personajes o acontecimientos que simplemente hemos escuchado repetir.

Esto no disminuye Koto Ryū.

Su valor no depende de que podamos presentar una genealogía espectacular que llegue sin interrupción hasta un siglo determinado. La escuela está delante de nosotros cuando trabajamos su estructura, cuando estudiamos sus kata y cuando intentamos comprender por qué sus movimientos están construidos de esa manera.

Dentro de Kobukan, Koto Ryū ocupa un lugar definido en la progresión del practicante. Durante los grados kyū desarrollamos primero una base amplia de taijutsu en la que aprendemos postura, ukemi, taihenjutsu, distancia, controles, proyecciones, atemi y las capacidades corporales necesarias para poder entrar más adelante en el estudio de una ryūha sin tener que comenzar de nuevo desde los fundamentos más elementales. Cuando el practicante entra en el estudio más profundo de las escuelas, debe empezar a distinguir sus características en lugar de ejecutar todos los kata con el mismo cuerpo.

Éste es un punto que considero fundamental.

Si practicamos Koto Ryū exactamente igual que cualquier otra ryūha, cambiando solamente el nombre de las técnicas, no estamos estudiando Koto Ryū.

Estamos utilizando un taijutsu genérico para representar sus kata.

Y no es lo mismo.

Koppōjutsu empieza en la estructura, no en la destrucción

Cuando explico Koppōjutsu a un alumno, intento evitar desde el principio la obsesión por la idea de romper huesos, porque fácilmente conduce hacia una comprensión demasiado burda de la escuela.

Naturalmente, existen ataques dirigidos a estructuras vulnerables y el potencial lesivo de determinados movimientos es real, pero nosotros no entrenamos para demostrar cuánto daño podemos causar al compañero. Entrenamos para comprender por qué una determinada posición hace que el cuerpo del adversario se vuelva vulnerable.

La diferencia parece pequeña cuando se explica con palabras, pero transforma completamente la manera de practicar.

Imaginemos que uke tiene una postura estable y que nosotros intentamos moverlo utilizando solamente los brazos. Si posee un peso y una fuerza razonables, la resistencia aparecerá enseguida. Entonces el alumno normalmente aumenta la fuerza, aprieta más las manos, tensa los hombros e intenta terminar la técnica por insistencia.

Ese problema no se resuelve desarrollando brazos más fuertes.

Hay que regresar al principio.

Quizá nuestra distancia no era correcta.

Quizá nos encontramos demasiado delante.

Quizá dejamos que uke mantuviera los dos pies organizados bajo su centro.

Quizá intentamos desplazarlo hacia la dirección donde precisamente dispone de mayor soporte.

Cuando corregimos estas cosas, la misma técnica cambia.

Uke comienza a sentir que su estructura se deteriora antes de que aparezca el esfuerzo que esperaba.

Esto es Koppōjutsu en un sentido mucho más interesante.

No estamos luchando contra un hueso.

Estamos modificando la relación entre varias estructuras de manera que el cuerpo completo deje de poder trabajar como una unidad eficiente.

Si comprendemos esto, también cambia nuestra manera de golpear.

El atemi no empieza cuando el puño sale

Una de las cosas que corrijo con frecuencia es la tendencia a separar desplazamiento y golpe.

El alumno se mueve primero, termina de colocarse y después intenta generar potencia con el brazo. Técnicamente pueden aparecer todos los elementos de la forma, pero el movimiento permanece fragmentado.

En Koto Ryū debemos intentar que esas fases comiencen a desaparecer.

La colocación del pie, la modificación del eje, la ocupación de la distancia y el Ken deberían formar parte de una misma intención. El golpe no debería añadirse cuando ya hemos terminado de movernos, porque entonces estamos ofreciendo al adversario un intervalo durante el cual puede reorganizarse.

Cuando se trabaja correctamente, el desplazamiento ya está creando el impacto.

Nuestro peso no se desplaza simplemente para llevarnos desde un punto hasta otro. Se desplaza para colocar la estructura detrás de la acción.

El brazo deja entonces de ser el principal generador de fuerza y pasa a ser el último eslabón de una cadena que comienza mucho más abajo.

Esto requiere tiempo, porque al principio queremos sentir que estamos golpeando. Tensamos el brazo para obtener una sensación de potencia, mientras que el resto del cuerpo llega tarde.

Con los años debería ocurrir lo contrario.

Exteriormente parece que hacemos menos y, sin embargo, el cuerpo entero participa.

Por eso la contundencia de Koto Ryū no debe confundirse con rigidez.

Un cuerpo rígido puede producir fuerza durante un instante, pero pierde capacidad de adaptación. Una estructura conectada puede ser firme en el momento necesario y volver inmediatamente a estar disponible para el siguiente movimiento.

Ese cambio entre disponibilidad y firmeza es mucho más difícil que permanecer tenso.

Kurai Dori: la enseñanza que sostiene toda la escuela

Si un alumno me preguntara cuál es uno de los aspectos que debe estudiar con mayor atención para empezar a comprender Koto Ryū, le diría que observe Kurai Dori.

Dentro de la enseñanza de Kobukan trabajamos en esta parte Migi Seigan no Kamae, Hidari Seigan no Kamae, Hira Ichimonji no Kamae, Hōkō no Kamae y Bōbi no Kamae, pero aprender estas posiciones como una sucesión de fotografías no nos lleva demasiado lejos.

El término debe entenderse dentro de una relación.

No basta con adoptar una posición correcta según nuestra propia anatomía. Tenemos delante otra persona y, por lo tanto, cada kamae solamente tiene sentido en relación con su posición, su distancia y sus posibilidades de actuar.

Cuando veo a un alumno adoptar Seigan, no solamente observo el ángulo de sus pies o la posición de sus manos. Quiero saber qué está controlando con esa posición.

¿Qué distancia ha creado?

¿Qué línea está cerrando?

¿Qué movimiento parece estar ofreciendo a uke?

¿Qué tendría que hacer el adversario para entrar?

¿Desde qué dirección podemos nosotros responder?

¿Podemos movernos inmediatamente o necesitamos primero reajustar la postura?

Una posición que responde correctamente a estas preguntas está viva.

Una posición que solamente se parece a un dibujo está vacía.

Esto resulta especialmente importante porque Koto Ryū nos obliga continuamente a comprender que el kamae no es un lugar donde permanecemos, sino un instante dentro de una transición.

Al comenzar, el alumno adopta el kamae conscientemente.

Coloca un pie.

Después el otro.

Corrige las manos.

Comprueba el cuerpo.

Con la práctica, esa secuencia debería desaparecer. El kamae comienza a existir mientras nos movemos y deja de existir en cuanto las circunstancias requieren otra cosa.

Cuando esto sucede, ya no estamos entrando y saliendo artificialmente de posiciones.

Estamos utilizando principios de posición.

Eso es Kurai Dori llevado al movimiento.

No luches por el espacio que ya ha ganado el adversario

Hay otra enseñanza de Koto Ryū que considero especialmente importante y que aparece una y otra vez cuando comenzamos a introducir una resistencia más realista.

Si uke ha conseguido una posición fuerte, intentar imponernos directamente desde allí suele ser una mala decisión.

El alumno joven o físicamente fuerte muchas veces quiere demostrar que puede terminar la técnica de todas formas.

Quizá pueda.

Pero el hecho de que consiga algo no significa que haya elegido la mejor solución.

En Koto Ryū debemos aprender a reconocer qué parte del espacio pertenece momentáneamente al adversario y cuál podemos ocupar nosotros.

Esto no significa huir continuamente ni desplazarnos alrededor de uke sin intención.

Significa no aceptar su geometría.

Si su estructura está preparada para ejercer fuerza hacia delante, tendremos que preguntarnos por qué queremos permanecer exactamente delante de ella.

Si su brazo está fuerte en una determinada dirección, tendremos que descubrir qué ocurre cuando modificamos esa dirección.

Si necesita dar un paso para recuperar el equilibrio, quizá nuestra verdadera técnica consiste simplemente en impedir que pueda darlo.

Muchas veces los alumnos buscan la parte espectacular y pasan por alto ese pequeño detalle.

Sin embargo, impedir un paso en el instante adecuado puede ser más decisivo que realizar después una técnica mucho más compleja.

Ésta es una de las razones por las que el control del espacio en Koto Ryū requiere tanta precisión.

Unos pocos centímetros pueden decidir si uke conserva o pierde la capacidad de reorganizarse.

El Ken como herramienta y no como colección

En el Kihon de Koto Ryū que trabajamos dentro de Kobukan aparecen diferentes formas de Ken, entre ellas Bōshi Ken, Bōshi Kansetsu, Goshi Ken, Nishi, Sanshi, Shutō, Kikaku Ken, Sokki Ken y Sokko Ken.

La lista puede aprenderse rápidamente.

Comprenderla requiere bastante más tiempo.

Cada forma de utilizar el cuerpo existe porque presenta una superficie, una dirección y una capacidad de penetración diferentes. El error consiste en estudiar primero una herramienta y después intentar encontrar desesperadamente una ocasión para utilizarla.

Tenemos que pensar al revés.

Primero observamos el problema.

Después seleccionamos la herramienta.

Esto cambia mucho la práctica.

Bōshi Ken deja de ser «una técnica especial de Koto Ryū» y empieza a entenderse como una manera de concentrar presión sobre una zona pequeña cuando el ángulo y la distancia lo permiten.

Shutō deja de ser simplemente un golpe con el borde de la mano y se convierte en una determinada relación entre superficie, dirección y estructura corporal.

Kikaku Ken solamente adquiere sentido cuando hemos comprendido qué ocurre con la distancia y con la posición del cuello y de la columna durante un contacto muy próximo.

Lo importante nunca debería ser demostrar cuántas formas de Ken conocemos.

Lo importante es saber por qué utilizaríamos una y no otra.

Un practicante avanzado debería necesitar menos decisiones conscientes porque la geometría de la situación empieza a sugerir la herramienta adecuada.

Shoden: aprender a mirar debajo de la técnica

El Shoden Gata de Koto Ryū contiene dieciocho formas dentro del currículo transmitido en Kobukan.

Cuando un alumno comienza esta sección existe una tentación natural de pensar que está aprendiendo dieciocho técnicas.

Yo prefiero que lo mire de otra manera.

Está recibiendo dieciocho problemas desde los cuales estudiar la escuela.

La diferencia es importante.

Si consideramos cada kata como una técnica independiente, nuestra atención se dirige hacia memorizar correctamente su secuencia. Queremos saber dónde va la mano, qué pie avanza y cuál es el movimiento siguiente.

Naturalmente esto debe aprenderse, pero no puede ser el destino final.

Cuando la secuencia ya es conocida debemos empezar a preguntarnos qué hace realmente que ese kata funcione.

¿En qué momento empieza a deteriorarse la estructura de uke?

¿Estamos provocando esa pérdida o uke nos la está regalando porque conoce el kata?

¿Dónde se produce verdaderamente el cambio de iniciativa?

¿Qué movimiento podemos eliminar sin perder el principio?

¿Qué sucede si uke no reacciona exactamente como esperábamos?

Estas preguntas empiezan a convertir Shoden en algo más que una colección de formas.

También nos obligan a ser honestos.

Cuando uke conoce perfectamente el kata puede ayudarnos sin darse cuenta. Puede desplazar el peso antes de que realmente hayamos producido kuzushi, retirar una extremidad en el instante esperado o comenzar a caer porque sabe qué técnica viene después.

Eso es útil mientras aprendemos la estructura.

Después deja de serlo.

El alumno tiene que llegar progresivamente al punto en que la acción de uke sea cada vez más sincera y nuestra técnica tenga que producir por sí misma aquello que antes recibía por cooperación.

Es entonces cuando empezamos a descubrir si realmente comprendemos lo que hemos estado practicando.

Hekito: cuando los kamae dejan de pertenecer al principio de la técnica

Hekito Gata contiene ocho formas dentro de Koto Ryū y posee una relación especialmente importante con las posiciones trabajadas anteriormente en Kurai Dori.

Aquí quiero que el alumno empiece a abandonar la idea de que el kamae aparece antes de que empiece el combate.

Ése es un error bastante frecuente.

En una demostración podemos comenzar desde un kamae claramente reconocible porque queremos mostrar la estructura del kata, pero en la comprensión profunda de la escuela las posiciones pueden aparecer en cualquier momento.

Hōkō puede surgir como consecuencia de una acción.

Seigan puede existir solamente durante un instante mientras controlamos una línea.

Bōbi puede ser una transición y no una postura de espera.

Cuando el cuerpo comienza a comprender esto, el kata cambia de aspecto.

No porque lo estemos modernizando ni modificando arbitrariamente, sino porque estamos dejando de colocar artificialmente pausas entre cosas que deberían formar parte de un proceso continuo.

El kamae comienza entonces a ser una consecuencia de nuestra relación con uke.

No una figura que imponemos a la situación.

Chūden: el ataque conocido deja de ser suficiente

Cuando entramos en Chūden, el trabajo empieza a exigir una comprensión mayor del timing, de la adaptación y de la relación entre nuestra iniciativa y la del adversario.

Dentro del programa de Kobukan aparecen en este nivel conceptos como Go no Sen, Sen no Sen y Sen Sen no Sen.

No me interesa demasiado que el alumno pueda recitar definiciones de estos términos.

Me interesa que empiece a sentir la diferencia.

Al principio todos reaccionamos tarde.

Necesitamos ver claramente el ataque antes de decidir qué hacer y, para cuando hemos terminado de reconocerlo, una parte importante del movimiento del adversario ya se ha desarrollado.

La experiencia empieza a modificar esto.

Poco a poco dejamos de mirar únicamente la extremidad que ataca y comenzamos a percibir lo que ocurre antes.

Un cambio de peso.

Una modificación en la respiración.

La manera en que el hombro comienza a cargarse.

Una pequeña alteración de la distancia.

La orientación de la cadera.

La intención física empieza a tener señales.

Entonces comprendemos algo que considero fundamental: el timing no depende únicamente de moverse rápido.

Podemos ser físicamente veloces y llegar tarde porque hemos reconocido tarde la situación.

También podemos movernos con mucha menos velocidad y llegar antes porque comenzamos nuestra acción en un momento mejor.

Koto Ryū nos obliga constantemente a examinar esa diferencia.

Su carácter directo no permite que lleguemos tarde y después pretendamos solucionar todo mediante aceleración.

La verdadera eficacia está en reconocer antes.

Chūden también nos obliga a abandonar la dependencia del kata

Existe una indicación muy importante en la progresión de Koto Ryū dentro de Kobukan: el trabajo de Chūden debe llevar a poder aplicar los principios frente a ataques diferentes.

Esto merece detenerse.

No significa que abandonemos el kata.

Significa que debemos demostrar que hemos aprendido algo debajo de él.

Si una determinada forma solamente puede realizarse cuando uke ataca exactamente con la mano, el ángulo, la velocidad y la distancia que hemos memorizado, todavía dependemos demasiado de la coreografía.

Debemos conservar aquello que hace que la técnica pertenezca a Koto Ryū mientras permitimos que cambie la circunstancia exterior.

Esto es mucho más difícil que memorizar variantes.

No quiero que el alumno disponga de veinte respuestas preparadas.

Quiero que empiece a reconocer el mismo principio en veinte situaciones diferentes.

Cuando llegamos a ese punto, Koto Ryū comienza a convertirse en conocimiento corporal.

Okuden: cuando la presión empieza a revelar qué queda realmente

El nivel Okuden continúa profundizando en timing, distancia, precisión y adaptación.

Aquí el practicante debería haber acumulado ya suficiente experiencia para soportar algo que considero imprescindible en cualquier arte marcial: que sus ideas sean puestas a prueba.

No hablo de convertir el entrenamiento en una competición.

Hablo de resistencia inteligente.

Si estamos estudiando Kurai Dori y uke nunca intenta conservar su posición, no sabemos todavía si realmente somos capaces de tomarla.

Si estamos estudiando kuzushi y uke desplaza voluntariamente el peso hacia la dirección que necesitamos, no sabemos si hemos aprendido a provocarlo.

Si estamos trabajando un atemi destinado a generar una reacción y uke siempre proporciona esa reacción porque conoce el kata, tampoco sabemos qué ocurriría cuando la respuesta fuese diferente.

La presión comienza a retirar esas certezas.

Y ahí aparecen los problemas de verdad.

A veces descubrimos que llevábamos años utilizando un movimiento innecesario.

A veces comprendemos por qué una pequeña colocación del pie resultaba tan importante.

Otras veces descubrimos que algo que funcionaba perfectamente durante kata dependía demasiado de la cooperación de uke.

Esto no desacredita el kata.

Le da profundidad.

Porque entonces podemos regresar a él con una pregunta concreta.

Éste es uno de los procesos que más valoro en el entrenamiento: estudiar una forma, poner sus principios bajo dificultad, descubrir un problema y volver otra vez a la forma.

Cuando regresamos, ya no vemos el mismo kata.

Ahora sabemos qué estamos buscando.

Kaiden: cuando queda muy poco que mostrar y mucho que comprender

La progresión formal de Koto Ryū dentro de Kobukan culmina en Kaiden Gata, con Goshin, Ichinen y Katsugan.

Es interesante que después de haber recorrido numerosos kata lleguemos a una sección final tan reducida.

No creo que esto deba interpretarse simplemente como que quedan tres técnicas especialmente secretas o poderosas.

El sentido de una progresión tradicional no consiste necesariamente en que cada nivel añada mayor cantidad de movimientos.

Con frecuencia sucede exactamente lo contrario.

Al principio necesitamos muchas referencias concretas porque todavía estamos aprendiendo mediante situaciones.

Más adelante deberíamos necesitar menos.

Cuando una persona aprende un idioma comienza memorizando vocabulario, reglas y frases. Si alcanza verdadera fluidez deja de construir conscientemente cada frase antes de hablar.

Con una ryūha ocurre algo parecido.

Primero necesitamos recordar.

Después empezamos a reconocer.

Finalmente intentamos responder desde una comprensión que ya no necesita recorrer mentalmente cada paso.

Eso no significa libertad para inventar cualquier cosa.

Solamente podemos liberarnos de la forma cuando la forma está suficientemente integrada.

De lo contrario no es libertad.

Es simplemente ignorancia de la estructura.

Koto Ryū no debería parecer igual en el cuerpo de todos

Existe otra cuestión que considero importante cuando enseñamos artes tradicionales.

Una ryūha transmite principios, pero esos principios tienen que vivir en cuerpos diferentes.

Un practicante de sesenta años no posee exactamente las mismas capacidades físicas que uno de veinticinco.

Una persona de cien kilos no ocupa el espacio igual que una de sesenta.

Una mujer pequeña puede necesitar soluciones distintas a las de un hombre mucho más pesado.

Esto no significa que cada uno haga una Koto Ryū diferente.

Significa que la forma tiene que enseñar a cada cuerpo cómo utilizar correctamente los mismos principios.

Si necesitamos que todos reproduzcan exactamente la misma amplitud de movimiento sin tener en cuenta proporciones, movilidad o distancia real, corremos el riesgo de convertir la forma en estética.

El principio debe sobrevivir.

La posición debe seguir siendo correcta.

La distancia debe tener sentido.

El kuzushi debe producirse.

La estructura debe mantenerse.

Pero la manifestación física nunca puede ser completamente idéntica entre dos personas.

Esta capacidad para distinguir lo esencial de lo accidental es una de las responsabilidades más importantes del instructor.

Una escuela directa no es una escuela apresurada

Koto Ryū suele producir una impresión de inmediatez.

Las entradas son decididas, el Ken aparece con claridad y muchas acciones buscan reducir rápidamente las posibilidades del adversario.

Sin embargo, una cosa es ser directo y otra muy distinta tener prisa.

El alumno que tiene prisa intenta llegar al final de la técnica.

El practicante que empieza a comprender Koto Ryū se preocupa por dominar cada instante anterior.

No necesita correr hacia la proyección si uke todavía no ha perdido su estructura.

No necesita encadenar tres golpes cuando uno colocado en el momento adecuado ya ha producido el efecto buscado.

No necesita ocupar mucho espacio si puede obtener la misma ventaja mediante un desplazamiento menor.

Ésa es una de las cosas que más intento transmitir.

No debemos intentar hacer más.

Debemos aprender a necesitar menos.

La economía de movimiento solamente aparece después de mucho movimiento

A veces se escucha decir que un maestro se mueve poco.

Es cierto, pero puede dar lugar a una imitación peligrosa.

El maestro no se mueve poco porque haya decidido adoptar un estilo minimalista.

Se mueve poco porque ha pasado años descubriendo qué movimientos eran innecesarios.

Un principiante no puede simplemente eliminar esos movimientos sin comprender primero su función.

Por eso estudiamos kata.

Por eso repetimos.

Por eso corregimos el mismo paso muchas veces.

La economía auténtica no nace de la pereza.

Nace de la precisión.

Cuando sabemos exactamente dónde debemos estar, ya no necesitamos corregir nuestra posición después.

Cuando reconocemos el momento adecuado, no necesitamos perseguir al adversario.

Cuando utilizamos correctamente la estructura, no necesitamos producir toda la fuerza con los brazos.

Exteriormente parece que estamos haciendo menos.

En realidad hemos conseguido que más cosas ocurran dentro de una acción menor.

Koto Ryū nos lleva constantemente hacia ese lugar.

Lo que busco cuando corrijo un kata de Koto Ryū

Cuando un alumno termina una forma y me pregunta si está bien, no suelo fijarme primero en si ha recordado todos los movimientos.

Eso debería estar resuelto antes de llegar a un nivel serio de práctica.

Quiero ver si la situación tiene sentido.

Quiero saber si uke realmente habría podido continuar atacando en determinados momentos.

Quiero observar si el alumno perdió su propia estructura para intentar destruir la del compañero.

Quiero ver si el Ken apareció porque existía una oportunidad o simplemente porque la secuencia indicaba que había llegado el momento de golpear.

También observo qué ocurre entre las técnicas.

Muchas veces allí se encuentra el verdadero problema.

El alumno ejecuta correctamente una acción, termina, reorganiza el cuerpo y comienza la siguiente.

Esas pequeñas interrupciones permiten que uke vuelva a existir.

Koto Ryū intenta impedir precisamente eso.

Cada acción debería dejar preparada la siguiente.

Si conseguimos una ventaja y después necesitamos detenernos para reorganizarnos, parte de esa ventaja desaparece.

Por eso la continuidad no significa moverse rápidamente.

Significa no devolver aquello que acabamos de ganar.

La relación con uke también cambia

Un buen uke es indispensable para comprender Koto Ryū.

Durante las primeras etapas tiene que proporcionar ataques claros y una estructura suficientemente honesta para que tori pueda estudiar.

Pero uke tampoco debe convertirse en una marioneta.

Conforme aumenta el nivel, debe empezar a conservar su equilibrio, recuperar la posición cuando sea posible y responder de una manera cada vez más natural.

Esto obliga a tori a descubrir si realmente estaba haciendo aquello que pensaba hacer.

También enseña a uke.

Mientras recibimos Koto Ryū aprendemos muchísimo acerca de la estructura porque sentimos exactamente en qué momento la perdemos.

Hay ocasiones en las que una diferencia de apenas unos centímetros transforma completamente lo que sentimos.

El instructor puede explicarlo muchas veces, pero cuando uke experimenta esa pérdida de estructura en su propio cuerpo, comprende algo que ninguna explicación verbal puede sustituir.

Por eso los dos están entrenando.

No existe uno que aprende y otro que simplemente sirve para que le hagan técnicas.

Koto Ryū dentro de Kobukan

Dentro de Kobukan no estudiamos Koto Ryū como una pieza arqueológica ni como un conjunto de movimientos que debamos conservar sin comprenderlos.

La preservamos precisamente intentando entrar cada vez más profundamente en su lógica.

Eso significa respetar los kata.

Significa estudiar Kurai Dori.

Significa conocer las diferentes formas de Ken.

Significa recorrer Shoden, Hekito, Chūden, Okuden y Kaiden sin convertir esas divisiones en simples casillas que marcamos conforme avanzamos de grado.

Pero también significa preguntarnos continuamente qué nos está enseñando cada nivel.

En Shoden empezamos a construir el lenguaje.

En Hekito comprendemos cada vez mejor la relación entre posición y acción.

En Chūden esa comprensión debe empezar a sobrevivir cuando cambian las circunstancias y cuando el timing adquiere una dimensión más profunda.

En Okuden ya no basta con conocer lo que debería suceder, porque debemos mantener los principios cuando aumenta la dificultad.

Y cuando llegamos a Kaiden, la responsabilidad no consiste únicamente en conocer más, sino en necesitar cada vez menos artificio para expresar aquello que hemos aprendido.

Ésa es, para mí, la progresión realmente interesante.

No la acumulación.

La transformación.

Lo que Koto Ryū termina cambiando en nuestro taijutsu

Después de suficiente tiempo, Koto Ryū debería empezar a modificar nuestra manera de movernos incluso cuando no estamos realizando uno de sus kata.

Comenzamos a observar antes los pies del adversario.

Nos interesa más su eje.

Empezamos a detectar cuándo una articulación tiene apoyo detrás y cuándo ha quedado aislada.

Dejamos de confundir la fuerza del brazo con la fuerza del cuerpo.

Comprendemos mejor la importancia de ocupar una posición antes de intentar ejecutar una técnica.

Y, quizá lo más importante, empezamos a perder interés por demostrar fuerza.

Esto último resulta significativo.

Al principio queremos sentir que una técnica es poderosa.

Con los años buscamos que sea inevitable.

No son exactamente la misma cosa.

Una acción poderosa todavía puede encontrar una fuerza equivalente delante.

Una acción que ha sido preparada mediante una posición correcta, un buen timing y una alteración previa de la estructura necesita discutir mucho menos con el adversario.

Ésa es la dirección en la que intento llevar el trabajo.

Cuando el alumno pregunta cómo puede hacer una técnica más fuerte, muchas veces la respuesta correcta es que no necesita más fuerza.

Necesita llegar antes.

Necesita estar mejor colocado.

Necesita quitarle a uke la posibilidad de utilizar la suya.

Entonces empezamos a comprender por qué Koto Ryū posee ese carácter tan particular.

No porque enseñe simplemente a golpear con violencia, sino porque busca reducir progresivamente las posibilidades del adversario hasta que nuestra acción encuentre muy poca oposición organizada.

Después de muchos años de práctica, ésta es una de las lecciones que considero más valiosas de la escuela.

Koto Ryū nos obliga a abandonar la idea infantil de que las artes marciales consisten en enfrentar nuestra fuerza contra la de otra persona para descubrir quién posee más.

Nos enseña a mirar primero.

A reconocer la estructura.

A comprender el espacio.

A esperar el momento correcto sin volvernos pasivos y a entrar con decisión cuando ese momento existe.

Nos enseña también que un centímetro puede importar más que un kilogramo de fuerza, que una posición ganada puede ser más importante que una técnica espectacular y que el golpe más eficaz muchas veces comenzó mucho antes de que la mano llegara al objetivo.

Por eso, cuando entrenamos Koto Ryū en Kobukan Kobudō Renmei, no quiero ver alumnos intentando parecer duros.

Quiero ver practicantes que empiezan a comprender.

Quiero que sepan por qué están allí.

Por qué uke ha perdido su estructura.

Por qué ese Ken aparece en ese instante.

Por qué un pequeño desplazamiento ha cambiado toda la situación.

Y quiero que sean capaces de realizarlo sin destruir su propio equilibrio, sin recurrir innecesariamente a la fuerza y sin perder el control sobre el compañero con el que están aprendiendo.

Cuando esas cualidades comienzan a aparecer, ya no estamos simplemente reproduciendo los kata de Koto Ryū.

Estamos empezando a permitir que la escuela transforme nuestro cuerpo.

Y solamente entonces podemos decir que hemos comenzado realmente a estudiarla.

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